El ilusionismo a la Méliès
Cine

El ilusionismo a la Méliès

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Por: Maria

10 de marzo, 2013

Cine El ilusionismo a la Méliès
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Por: Maria

10 de marzo, 2013

Cuando se escucha el nombre de Georges Méliès es inevitable pensar en sus cortometrajes: El hombre de la cabeza de goma (1901) y Viaje a la luna (1902). Universos donde la imaginación era el medio para poder transmitir y formular la ironía con “el toque a la Méliès”. Y es que el trabajo del cineasta era un verdadero trip, en el que el tiempo pareciera no transcurrir. Méliès manejaba un lenguaje corporal lento, pero que hasta la fecha logra cautivar al espectador.

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Pensar en los cientos de películas que Méliès produjo, parece una exageración motivada por el interés de embellecer su legado. Pero no es sino la fiel idea de seguir reconociendo su trabajo como algo maravilloso.

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Entre los años 1896 y 1941, el hombre produjo cerca de 500 trabajos cinematográficos y aunque algunos duran cerca de un minuto, otros resultaron mucho más exitosos por tener una duración de cuarenta minutos.

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Lo verdaderamente sorprendente en las producciones de George era los trucos que utilizaba para desarrollar sus alucinantes historias, lo cual no pudo haber sido -literal- sin la magia de Méliès. Así es, el cineasta era un mago profesional y como bien lo define Juan Tamariz (reconocido ilusionista español): “La magia es un arte complejo en el cual intervienen los dedos, manos, cuerpo, voz, mirada, palabras y psicología; un arte hermoso que habla de mitos y símbolos, que encanta, hechiza, fascina y emociona, que lleva al misterio, a los sueños, a los deseos, que se atreve a poner al alcance del hombre los poderes divinos” .

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Georges Méliès inició su carrera de ilusionista en un teatro fundado por el maestro del ilusionismo Eugene Robert-Houdin. Impactado, George Méliès decidió comprar una cámara a los hermanos Lumiére, pero éstos se negaron, postura que no desanimó el entusiasmo del artista, quien junto con un amigo mecánico construyó su propia cámara. Para mayo de 1896, Méliès se encontraba grabando su primer película.

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Durante los años posteriores, Georges Méliès aprovechó sus conocimientos teatrales para elaborar escenografías sorprendentes y disfraces que sirvieran para contextualizar sus primeros cortometrajes, en los que, por supuesto, él era protagonista. Con el paso del tiempo Méliès decidió incursionar en la creación de guiones, lo que más adelante se conocería como storyboards.

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El trabajo de Georges Méliès evolucionó el empleo de la doble exposición, alteró las velocidades de filmación, la manipulación de las disolvencias y añadió colores artificiales.

Pero la llegada de la muerte es inevitable. Años después falleció la esposa del cineasta, lo que provocó que el señor Méliès sintiera desgano y desinterés de seguir con la producción de sus cortometrajes. En 1925 perdió su casa, su estudio y su teatro.

Sumado a ello, durante la Primera Guerra Mundial, gran parte de su obra fue incautada por el Ejército Francés.

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El 21 de enero de 1938 el cineasta falleció, siendo sus obras el mejor legado que pudo dejar a la percepción de surrealistas y vanguardistas franceses, quienes al conocer su trabajo quedaron fascinados con las locuras visuales que logró realizar el gran e inolvidable Georges Méliès.


Referencias: