El porno que no es nuestro. Imágenes del erotismo que no imaginas
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El porno que no es nuestro. Imágenes del erotismo que no imaginas

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Por: Eduardo Limón

14 de mayo, 2016

Cine El porno que no es nuestro. Imágenes del erotismo que no imaginas
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Por: Eduardo Limón

14 de mayo, 2016






El porno no es nuestro porque hemos caído en la cotidianidad de lo exageradamente sexual. En lo ordinario de ver a una chica inclinada, abierta de piernas, mientras estruja sus senos y juega con su vagina se encuentra el estandarte máximo de la pornografía occidental; siempre con la misma secuencia narrativa, es decir, sexo oral, anal y vaginal mientras la protagonista mira fijamente a la cámara y emite gemidos exuberantes, el espectador –un nosotros gobernado por la monotonía erótica de los medios– mira gustoso lo que ya reconocemos como habitual: una eyaculación, frecuentemente en las nalgas o pechos, y un rostro de satisfacción total en la mujer involucrada. Lamentamos informarte que el porno que nos es ajeno, es justamente ése que sueles ver en cualquier página de Internet.


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Dicho canon pornográfico ha globalizado una única y simplista manera de ver el erotismo y la sexualidad en el ser humano, sobre todo si se considera que esta representación se cierra a un solo tipo de hombre y un solo tipo de mujer, aunque varíen entre relación heterosexual, gay o trans. Al respecto, Jean Baudrillard (filósofo y crítico cultural) reconsidera que estos intentos técnicos, virtuales y científicos han devenido en reproducciones visuales sin relación con la realidad, con la multiplicidad de ideas y diversidad de géneros.

Baudrillard asegura que ya no existe encanto erótico alguno; habiéndose instaurado una estética y un consumo de la imagen pornográfica que ya no se opone a la represión ni a la moral, se ha destruido la ilusión de lo sexual. El cine porno convencional termina en un simulacro del que al parecer no nos damos cuenta, ocultando la realidad de lo erótico. La representación del sexo en video se ha convertido en una pantomima hiperreal que nos demuestra toda esa farsa en la que nos hemos convertido.


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Si rastreamos en línea, es posible hallar miles de páginas que ofrecen un tipo de porno más o menos convencional, hasta cierto punto aburrido, tan plástico como un implante de modelo erótica; sin embargo, hay ciertas opciones, si se busca detalladamente, que rayan más en una estética y una política queer.

Por ejemplo, podríamos experimentar con Crash Pad Series, un sitio que propone entretenimiento para adultos y expone el deseo humano a partir de imágenes con mayor apego a la transitoriedad del mundo y sus habitantes, de los géneros quebrantables, de sus retratos miopes y sus líquidas sexualidades.


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También está la alternativa de Queer Porntube, una plataforma que da cabida a toda producción o manifestación sexual sin la obligación de tener que cumplir con cualquier requisito intransigente que requiera penes kilométricos o rubias exuberantes. Se incluyen en este sitio masturbaciones con objetos cotidianos y no necesariamente bellos o complacientes para el ojo convencional, chicas de cabeza rapada, vulvas repletas de vello y reacciones cero fantásticas.


De igual manera, podemos encontrarnos con Indie Porno Revolution o FTMfuckers, medios de distribución para sexo fuera de lo establecido y la inclusión de otros “personajes” en la visualización del encuentro carnal.


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Abandonemos el porno que no es nuestro, el que es una creación fría y superflua ante algo que nunca será tan unívoco, estilizado y perfecto como una conejita Playboy (igual de ficticia). No nos dejemos absorber por una irrealidad que se pretende gobernante de una sociedad ansiosa por sujetos o circunstancias “agradables”.


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Referencias: