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10 escenas en las que Luis Buñuel se burló de la iglesia y no te habías dado cuenta

Cine 10 escenas en las que Luis Buñuel se burló de la iglesia y no te habías dado cuenta

"La última cena" en 'Viridiana' no es la única referencia a la religión en la filmografía de Buñuel. Hay escenas en las que ni siquiera has notado su aversión a la Iglesia.



Luis es irreverente, más no contrario al catolicismo. La ironía está en que, a pesar de que sus películas son estigmatizadas como antirreligiosas y anticatólicas, en realidad Buñuel se está preparando para la otra vida, intentando acercarse a Dios en todo momento. Es uno de los hombres más religiosos que he conocido.


Gabriel Figueroa



Al final de sus días, Buñuel tenía una fascinación por hablar de su vida y describir cada anécdota con detalles puntuales. Para entonces estaba casi sordo y su visión era muy débil por la edad. Así que aprovechaba los tres sentidos que aún le quedaban, por lo que ante la más mínima provocación, soltaba algún relato con el que recordaba sus vivencias. Pero cerca de su muerte, la persona que solía escucharlo y estar con él era, irónicamente, un cura de nombre Julián.


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Él no sólo era el confidente de "Don Luis" (como solía llamarlo) sino que era su guía en el camino a la muerte. Tal vez, muy en el fondo, Luis Buñuel creía en Dios o esperaba que existiera uno y así poder llegar a una especie de gloria que lo recibiera con los brazos abiertos para continuar en el más allá, sin importar realmente qué había después de morir. Al parecer, vivía una metamorfosis en la cual, empezaba a creer en algo.


Pero esta transición se dio también en su trabajo ya que las primeras películas difieren un poco de las últimas, pues se nota un claro y conciso cambio en ellas pues los temas religiosos se fueron haciendo mucho más profundos y con tintes menos antagónicos. No obstante, la inconformidad con el sistema religioso siempre prevaleció y para muestra, estas 10 escenas clave que hacen una crítica a la iglesia, pero también reafirman el conocimiento de Buñuel sobre el tema, mismo que utiliza para hacer una crítica dura.


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Nazarín (1959)


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Gabriel Figueroa le decía —de manera discreta, cabe señalar— que en realidad estaba fingiendo respecto a sus creencias puesto que nadie puede ser un cristiano a medias y por lo consiguiente, tampoco un ateo de medias tintas. Esto es porque nadie es puro y santo, al final somos humanos. Buñuel reflexionó al respecto en Nazarín.


Sabemos que todo el filme habla de un profeta con un entorno muy similar a Cristo, pero una de las escenas clave es aquella en la que las mujeres le demuestran su fidelidad de manera violenta, casi demoniaca y el padre no sólo se asusta, sino que duda de su pureza, pues se pregunta qué hizo para que todas esas mujeres se revolcaran en el suelo por él. La duda, la tentación y el fanatismo están presentes en toda la narrativa y en la vida religiosa como tal.




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Simón del desierto (1965)


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Alguna vez siendo aún un joven estudiante, Buñuel escuchó la leyenda del milagro de Calanda, el cual dice que en 1640 una persona fue arrollada por una carreta y perdió una pierna, pero milagrosamente a la mañana siguiente ya la tenía de vuelta. Se obsesionó tanto con el relato que decidió volverla parte de Simón del desierto.


No obstante, no le dio la significación divina con la que se contaba en el pueblo, sino que lo expuso como una contradicción puesto que en la película exhibe una escena en donde a un hombre le crece de nueva cuenta la mano mutilada, pero la usa para agredir a su hija, por lo que Buñuel propone que por más milagroso que sea un evento, no sirve de nada, pues somos pecadores por naturaleza.





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Belle de Jour (1967)


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Para Buñuel, cualquier sacramento era objeto de cuestionamiento. ¿Por qué bautizar a un niño si al final fue concebido bajo el "pecado"? ¿Para qué confirmarlo? ¿Es necesario comulgar por primera vez? Por ello, lo cuestionó la mayoría de las veces en sus filmes, en especial en Belle de Jour.


Mientras Severine, la protagonista, llega a la puerta del burdel en el que planea prostituirse, tiene un recuerdo de su Primera Comunión. Es una analogía del hecho de permitir la entrada de la espiritualidad a su vida. Finalmente, la prostitución es un nuevo espacio puesto para probar cosas nuevas, justo como el recibimiento del cuerpo de Cristo en la ceremonia. Ese fue el gran acierto del director: comparar la religión con una nueva forma de vida.


De igual manera, dentro de la historia Severine tiene un diálogo con el amigo de su esposo en el que asegura que «algún día tendré que pagar por todo lo que he hecho», lo cual es una forma de aceptación y de resignación ante la vida. Es decir, no importa qué ocurra, sólo hay que gozarlo, ya habrá tiempo de eximir la culpa.




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La Mort en ce Jardin (1956)


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Para el director no era suficiente hacer películas cuyo eje narrativo fuera la religión y su nula importancia en su vida personal. Era necesario poner un poco de este repudio —al menos— en un pequeño fragmento de la obra cuyo tema central no era ese. Por ello, llama la atención que en La Mort en ce Jardin mencione una Biblia y que de pronto su única función sea hacer fuego.


Es también la prueba de que —en caso de existir— el infierno es siempre el destino final y que, de nueva cuenta, la religión no funciona sino es para recordarnos que también existe el mal.




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El ángel exterminador (1966)


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El director tenía la firme idea de que en muchas ocasiones, la religión ciega a las personas y distorsiona la perspectiva de cada quien de modo que se convierte en una especie de jaula que no permite ver más allá de las rejas. Es por ello que en El ángel exterminador, la escena más importante es aquella en donde se dan cuenta de que están encerrados y no pueden salir.


Para el periodista José de Segovia, el aragonés plantea la casa como una metáfora de la religión: un lugar sin salida que atrapa y encierra.




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Viridiana (1963)


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En la mayoría de sus filmes, Buñuel mostraba su descontento con la religión. Al menos un detalle pequeño era el que mostraba en pantalla, en especial cuando la temática no era precisamente anticristianismo. No obstante, en cintas como Viridiana, que es básicamente una muestra del ateísmo y de la doble moral, así como de un profundo machismo en el imaginario de la época, Buñuel da una muestra más que resulta casi insignificante.


Apenas unos segundos bastan para que una niña aparezca a cuadro jugando con una corona de espinas la cual arroja al fuego de manera violenta y burlona. Sí, el director estaba rechazando una vez más a Cristo.




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Los olvidados (1950)


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En este filme, el director enfatiza en los arquetipos durante todo el desarrollo de la trama. Sin embargo, resalta un punto: el misticismo y las creencias populares del México posrevolucionario. Por ejemplo, cuando Pedro en sueños ve a su madre caminando en un vestido blanco, es una representación de lo divino, de lo bello y de la virginidad.


Está puesto en el filme ya que intentaba explicar el anhelo de los personajes por salir de la miseria, al menos en sueños y sólo así podían encomendarse realmente a alguna divinidad, pues en vida, resultaba un tanto irreal y hasta inútil ya que por más creyentes que fueran, nadie los oía y mucho menos los sacaba del bache en el que se encontraban.




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La vía láctea (1969)


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Ésta es —probablemente— la película más irreverente y agnóstica de la filmografía de Luis Buñuel. La crítica asegura que está tan cargada de cuestiones teológicas que más que ser un filme antireligión, se convierte en un tratado filosófico que cuestiona y se trata de explicar las leyes divinas, por lo que gira en torno a seis temas: la eucaristía, el infierno, el ateísmo, el libre albedrío, la Santísima Trinidad y los dogmas marianos.


Sin embargo, destaca la escena en la que el cura, el policía y el hostelero discuten sobre la eucaristía y como es que Cristo está presente en el pan y el vino. Esto no es más que un diálogo interno del propio Luis Buñuel quien en el afán de responderse a sí mismo sus dudas, termina por plantearlo en el filme de manera que los tres discuten defendiendo los puntos con los que cada uno creció y fue educado. Es una forma del cineasta para mostrar su formación como católico y su posterior rebelión.




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Susana (1951)


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Más que odiar la religión le tenía cierto rechazo más por su propio pensamiento que por algo más. Sus padres inculcaron al pequeño Luis las creencias basadas en Dios y su doctrina, pero él nunca fue realmente un adepto. Así que optó por tener su propia versión de la vida y la manera de llevarla a cabo.


No obstante, siempre tuvo un halo de creyente muy en el interior de su pensamiento. Así que en Susana se distingue la sombra de una cruz mientras la protagonista se encuentra presa. Quizá no tiene relevancia en la historia y es, incluso, imperceptible, pero son pequeños guiños que el directos ponía en sus películas para honrar su ateísmo o para decirle a la sociedad que su rechazo era tal que sus símbolos (la cruz) se convertía en un adorno más.




Mención honorífica


Viridiana (1963)


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Aunque es una de las escenas más significativas y representativas del cine buñuelista, "La última cena" se hace presente en Viridiana, película en la que gran parte del discurso en antirreligión. Por ello, resulta fascinante la manera en que representa la última cena, es decir con vagabundos abusivos y sucios, todo lo contrario al grupo selecto que acompañó a Jesús durante dicho ritual.




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Nadie puede asegurar que Buñuel dejó el ateísmo, pero es cierto que estaba muy bien informado al respecto pues además de recibir educación católica de niño, fue un estudioso de la teología y más allá de juzgarla por mera desaprobación, lo hacía con un argumento justo y sustentado en el estudio. Así que todas las menciones y referencias son perfectamente bien planeadas para emitir un juicio del que posteriormente nacerían las teorías en torno a su cine.