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16 fotografías del detrás de cámaras de 'The Shape of Water'

Cine 16 fotografías del detrás de cámaras de 'The Shape of Water'

La danza acuática revela su magia en las fotografías del proceso de producción.



«Incapaz de percibir tu forma, te encuentro alrededor mío. Tu presencia llena mis ojos con tu amor; me humilla el corazón porque tú estás en todos lados». El agua adopta todas las formas, se acopla a nuestras manos y pies cuando nos insertamos en ella; su humedad inunda nuestros sentidos, cubre los orificios de nuestros rostros y se mezcla con la piel de nuestras extremidades. El agua nos abraza, nos cubre, nos cuida y nos permite soñar.


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No existe otra forma para describir The Shape of Water que no sea el poema definitivo de Guillermo del Toro. Todos sus elementos convergen de manera magistral en una historia de amor revolucionario, la cual cumple los sueños de muchos que crecimos viendo cine clásico y de terror. Eliza y la criatura marina encuentran compañía, amor y confianza a pesar de nunca enunciar una palabra, confirmándonos que el romance no es más que sentimientos y una experiencia sobrenatural imposible de explicar.


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Del Toro presentó la historia hace más de 7 años durante un desayuno con el escritor Daniel Kraus, con quien creó el guión. Inspirado por su experiencia al ver la película La criatura de la laguna negra, en la que el joven director quería que el monstruo protagonista mantuviera un romance con el personaje de Julia Leigh, decidió crear una historia en la que una criatura similar pudiese experimentar un romance de película. El resultado es eso y mucho más; resulta ser una carta de amor al cine en general y esto se debe a la increíble pasión de los involucrados detrás de cámaras.


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Sally Hawkins —quien interpreta a Eliza—, no sólo entró en la piel del personaje, sino que también fue responsable de crear muchos de los aspectos que conformaron la película. La actriz había pensado en una historia sobre una mujer que no sabía que era una sirena; en su relato escribió los detalles de las escamas en el cuello y el uso de la sal en la bañera para sentirse más segura. Del Toro, fascinado por la conexión que tenía con Hawkins, decidió implementarlos en su propia historia y dejar que ella se encargara de todas las características de la dulce Eliza.


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Siendo una historia extraña —que para algunos puede resultar desagradable—, Del Toro tuvo que luchar para realizarla. Los productores no estaban fascinados con una historia sobre un monstruo que tiene relaciones con una mujer común, sin embargo, el director se mantuvo fiel a la idea —como lo ha hecho durante toda su carrera—, antepuso sus prioridades a las de los estudios y llevó adelante el proyecto.


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Lo que hace The Shape of Water tan distinta al resto de la filmografía del director es que, mientras que en el pasado lidió con sus monstruos de la infancia y los temores que desarrolló conforme creció, en esta cinta por primera vez habla como adulto; cubre temas que le preocupan. Ya no son sus monstruos personales con los que trata, ahora son los de toda una sociedad. La cinta involucra personajes que representan diversidad, distintas caras del sexo y el amor; muestra rostros negativos que encarnan los conflictos contemporáneos como el racismo o el prejuicio y la violencia que radica en nosotros.


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Sólo el realizador mexicano podría hacer converger todos esos elementos en un poema cinematográfico. Sin apegarse a un estilo —ni siquiera el suyo— apeló a los sentidos básicos del cine presentando a un personaje mudo dejando brillar el diálogo del resto de los personajes con la música, creó una historia de amor diferente —que es lo que todos buscamos— y nos hizo creer de nuevo que no estamos solos, aunque pensemos que nos encontramos en un mundo diferente, siempre habrá personas que nos entienden y nos ayudarán a obtener aquello que queremos capturar.


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Desde los tiempos de Kubrick no habíamos visto a un director tan meticuloso como Del Toro. El hombre se adentra en cada uno de los espacios que tiene su película y se encarga de hacerlos funcionar para crear una orquesta visual que interpreta para una audiencia en expectativa. Del Toro representa la forma del agua dentro del arte cinematográfico. Envuelve con su amor todos los engranes y otorga todo de sí mismo. Sin ahogarlo —y dejándolo respirar para cobrar su propia vida—, lo envuelve, lo abraza y nos recuerda que el cine es para amar y aprender sobre la vida.


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Referencias: