Fragmentando a Woody Allen
Cine

Fragmentando a Woody Allen

Avatar of Calipso Guerrero

Por: Calipso Guerrero

8 de septiembre, 2015

Cine Fragmentando a Woody Allen
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Por: Calipso Guerrero

8 de septiembre, 2015



Poco se puede decir de Woody Allen que no se haya dicho antes. Sin duda el más prolífico de los cineastas norteamericanos contemporáneos y el de más fino tacto por la manera en que utiliza la comedia como recurso narrativo, siempre escudándose con inteligencia, diálogos agudos y ese toque al que muy pocos cineastas recurren en la actualidad. Incluso la más simple de sus comedias supera en calidad e ingenio al resto. A más de cuarenta años de que el mundo riera por vez primera con su neurótica euforia y su desenfadada (aunque en ocasiones tremendamente profunda) filosofía personal, se le sigue reverenciando como el gran talento que siempre ha sido.


Fragmentando a Woody Allen


Como escritor, la influencia del neoyorkino es innegable. Se sabe que Woody Allen ha inspirado en mayor medida a escritores que a cineastas (esto a pesar de que sus habilidades técnicas no palidecen ante su inagotable imaginación literaria). Y en múltiples ocasiones, el director ha utilizado la existencia de constante incertidumbre de los escritores para sus películas. Desde Manhattan hasta Media Noche en París, el tener a un escritor en crisis como protagonista le ha servido de la mejor manera.

Ese ejercicio de metaficción en que se escribe sobre el proceso de escribir, permite al autor dar un enfoque personal extra al acostumbrado. Es también un ejercicio de autoanálisis, de introspección, que da profundidad a la vez que deja claras las intenciones ideológicas de quien se aventura en semejante tarea.

Así, sea el cómico Alvy Singer en Annie Hall o el dramaturgo David Shayne en Balas sobre Broadway, el proceso creativo se aborda en todo su esplendor (desde lo irracional hasta lo poético) por un Woody Allen que no pretende esconder en ningún momento que al final de cuentas, sea quien sea el actor, a quien el espectador está escuchando hablar es al propio director (basta recordar como ejemplo la secuencia inicial de Manhattan, en que el narrador escribe, teoriza, apunta e incluso corrige sobre la marcha, brindándonos una mirada íntima al solitario conflicto del escritor).


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Pero existe una película que –en particular– se adentra en estos terrenos de manera menos bohemia y más cruda; casi visceral. Se trata, además, de una de las obras quizá más menospreciadas de Woody Allen. Posiblemente se deba, en gran medida, a que el director no escatimó en utilizar un estilo de comedia amargo, agresivo y con pocas reservas. De hecho, se trata de la única película de Allen en ser catalogada para adultos (con la clasificación R en Estados Unidos y C en México), por su lenguaje soez, referencias sexuales y el desapego emocional de algunos sus personajes, se trata de Los enredos de Harry (Deconstructing Harry, E.U. 1997).


Fragmentando a Woody Allen


La cinta gira alrededor de Harry Block, un escritor que sufre un repentino bloqueo creativo mientras que lidia con una situación emocional y personal que no le permite ver la luz al final del túnel. Harry se ve entonces forzado –con la ayuda de su psicoanalista– a sumergirse en su propio subconsciente (de donde nacen sus creaciones) para comprender el origen de su actual crisis. Así, el personaje fragmenta su existencia en viñetas en las que nos narra sus historias (aquellas por las cuales se le ha catalogado como escritor prodigio) a la vez que encuentra las evidentes similitudes con su propia realidad; revelándose de esta manera, la impulsiva necesidad del escritor por “esconderse” en sus personajes. Hacer que sean ellos quienes lidien con los problemas que a él lo acogen, pretendiendo así encontrar una respuesta que –fuera de las páginas– no sabe a bien si quiere conocer.

De igual manera, puebla estos cuentos con la gente que conoce, que ama y que odia, sin apenas esforzarse por ocultar dichas identidades, causando más problemas que soluciones. Esas historias “ficticias” (que incluso le han salvado la vida) no son sino parábolas personales con las que arma –quizá sin proponérselo– un mosaico que se desquebraja a voluntad ante la constante negación de Harry por afrontar su realidad, a favor de crearse una alterna como refugio.



Para ejemplificar lo antes mencionado, pongamos de ejemplo uno de los momentos más brillantes de la cinta (aunado a su respectiva analogía en la vida del personaje):

Mel (interpretado por el finado actor Robin Williams), trabaja en una filmación al aire libre. En un momento, y antes de comenzar a grabar, el camarógrafo nota que algo anda mal con el lente de la cámara, pues Mel parece estar fuera de foco. Luego de inspeccionar el equipo y comprobar que todo estaba bien, se dan cuenta de que no es la cámara, sino el propio Mel quien esta desenfocado. Él es el único en el set que se ve borroso, no ante la cámara, sino ante todos los allí presentes. Ya no es una persona como el resto (nítida emocionalmente), sino que parece estar distorsionada en su existencia. Al ir con un medico, éste confirma su condición y recomienda a los hijos de Mel y a su esposa a usar lentes para evitar mareos al verlo.

Su analista sugiere que con ese cuento, el propio Harry se revela como una persona que no puede adaptarse al contraste de la demás gente y que al obligar a su familia a usar lentes (aún cuando se rehúsan), es como si quisiera que el mundo se adaptase a él, y no al revés.

La estructura narrativa fuera de tiempo, la edición fragmentada, la acidez de los diálogos, el pesimismo en cada fotograma, los elementos de fantasía, la complejidad de sus personajes y una conclusión magistral (sin mencionar a un envidiable ensamble de actores), convierten a ésta en una obra indispensable no sólo para cinéfilos e incondicionales de Allen, sino para cualquiera que quiera buscar en el arte de la escritura algún sentido de identidad o de trascendencia.

Recordemos que al final de cuantas, para poder edificar nuestro lugar en el mundo, debemos comenzar por mirar hacia dentro en busca de los fragmentos que forman lo que somos como individuos. Y para lograrlo, debemos (como Woody Allen a través de Harry Block) desestructurar nuestra existencia en un mosaico que, visto a distancia, parecerá una imagen desenfocada en espera de adaptarse a la claridad de nuestro alrededor (o esperando a que la claridad se distorsione).





Referencias: