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La serie que te hará pensar que si fueras político tú también serías corrupto

Por: E. Iván Guevara H.18 de septiembre de 2017

Corrupción: conseguir el poder cueste lo que cueste, los métodos poco importan. Para llegar a donde quieres tienes que pasar por encima de todos, por encima de quien sea. La ética no existe. Esa palabra no está en tu diccionario. Las personas que te rodean tienen que ser 100% fieles. No confías en ellos, pero te has asegurado de que no sean capaces de traicionarte. Si lo hicieran, saben que el precio a pagar es muy alto. Los puedes aplastar en un segundo.

House of Cards es una de las mejores series de tinte político que hemos tenido la oportunidad de ver. Original de Netflix, la producción es un viaje de cinco temporadas —hasta el momento— por la carrera del despiadado e implacable Francis Underwood, interpretado por el soberbio y genial Kevin Spacey. Desde el principio, Francis nos deja claro que a él lo que le importa es el poder y no el dinero. Nos dice que el dinero es algo así como una vieja casa que con el tiempo terminará por derrumbarse, pero el poder es un construcción de roca sólida que perdurará por muchísimos años. Underwood sabe con quién aliarse y sabe cuál es el momento exacto para atacar. Su mente parece no tener descanso y para él la palabra “no” nada significa cuando se antepone a sus intereses. Sabe cómo mover las piezas para conseguir lo que desea. Es como un juego de ajedrez, y cuando menos se lo esperan: jaque mate.

Los políticos parecen saber perfectamente lo que queremos, ellos ven por nosotros y tratan de cubrir nuestras necesidades básicas: transporte, educación, salud, empleo. Ellos ven más allá y son demasiado inteligentes. Por algo ostentan esos cargos y por algo se llevan a la bolsa sueldos que sólo son un sueño para la mayoría de nosotros. Están a nuestro servicio. Se supone, pero no. Sólo están al servicio de ellos mismos, sólo velan por sus intereses. Son seres ambiciosos, despiadados, corruptos, ladrones, mentirosos. ¿Pero quién no es así? El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra.

En algún momento de la vida —o tal vez en todos los momentos de nuestra vida— sólo vemos por nuestro beneficio y no nos importa afectar a los que nos rodean con tal de salirnos con la nuestra. Poco o nada nos interesa lo que le pasa al de al lado, siempre y cuando no afecte nuestra estabilidad. Tal vez no somos muy diferentes a un político, quizá muchos de nosotros nos veríamos tentados a volvernos adictos al poder y a todo lo que éste conlleva una vez que lo probáramos.

Muchos podrían decir que si ocuparan un cargo de elección popular harían bien las cosas; tratarían de erradicar la corrupción, la desigualdad, el desempleo, la inseguridad; velarían por un país mejor. Podrían decir que serían un ejemplo y que nunca se atreverían a robar, que su educación y principios no se los permitiría. En su discurso de aceptación dirían una y otra vez todas aquellas frases que endulzan y encantan los oídos del pueblo; pero una vez en el poder, viendo todo lo que se puede lograr desde ahí, olvidarían sus promesas y se enfocarían solamente en el bienestar personal. Es una tentación muy grande.

¿Existirá o existió algún político libre de corrupción? ¿Existirá o existió en la política mexicana algún personaje como Francis Underwood? Es difícil imaginar que en la realidad exista alguien como Francis Underwood; un tipo brillante, sin duda, pero con métodos poco convencionales y más cercano a un dictador que a un político intachable. Ya dijimos que a Francis lo que le interesa es el poder. ¿Y cuál es el cargo más alto al que aspira cualquier persona que ingresa al corrupto —y a veces sanguinario— mundo de la política? Ahí es a donde apuntó desde un principio Underwood, a la presidencia de su país. Desde ese privilegiado sitio podría mover los hilos a su antojo. Para un tipo como él —alguien que se forjó en la miseria y tuvo que salir adelante por sus propios medios—, llegar a la presidencia de su país es una meta y una obsesión que bajo ninguna circunstancia se puede dejar de lado. La pregunta es: ¿cómo se llega a esa posición?

Desde el primer capítulo de la serie, el astuto y frío Francis nos deja ver sus métodos y su forma de pensar. Es diputado, pero su siguiente objetivo es ser el nuevo Secretario de Estado de la administración que está a punto de asumir el poder; está seguro de que el cargo es suyo porque le deben favores, y los favores tarde o temprano se cobran. Pero no, Francis no es elegido para el puesto y esto lo lleva a realizar una serie de movimientos para demostrar que con él no se juega, y que tarde o temprano va a conseguir lo que quiere.

Para un político que aspira a cargos importantes es vital estar casado con una mujer que imponga, que sea inteligente, que seduzca. Francis Underwood está casado con la preciosa Claire, quien nació en cuna de oro y nunca pasó apuros económicos. De hecho, Francis se unió a Claire por pura conveniencia. El padre de ella, con la cartera abierta, era un aliado inmejorable. Poco importó que no se sintiera atraído hacia Claire, lo importante era estar al lado de alguien que lo ayudara a escalar. Lo único que Francis y Claire tienen en común es la ambición y sus ganas de ser lo que se les antoje. Además, ambos son personajes despiadados a los que no les importa nada con tal de obtener lo que se proponen.

House of Cards comienza con un Francis Underwood en búsqueda de la cima, y concluye en su quinta temporada con un Francis que está rayando la decadencia. La jugada le salió mal, o al menos eso parece. Los que nos volvimos adictos a la serie esperamos ansiosos la sexta temporada, que no tiene fecha de salida. Aún quedan muchos cabos sueltos, los Underwood han abierto muchos hoyos para tapar otros y parece que el agua les ha llegado hasta el cuello. Pero la para la pareja del poder algo se mantiene claro: “no cedemos ante el terror, nosotros creamos el terror”.

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Francis Underwood se ha convertido en un personaje icónico en la historia de la televisión gracias a sus frases y sentencias capaces de convencer a cualquiera. Si quieres saber más sobre esta serie, lee las 18 cosas que no sabías sobre House of Cards.


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