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"La fiesta de la vida" o cómo hacer de una situación tensa toda una comedia

22 de enero de 2018

Octavio Alfaro

Los creadores de "Amigos" (2011) fueron los responsables de la producción de "La fiesta de la vida"

La planificación de una boda es toda una pesadilla. Escoger la ropa, flores, comida, lugar, todo comienza a juntarse en un jarro sin fondo, que si no es bien llevado, puede romperse en cualquier instante. He ahí la importancia de quienes se encargan de organizar este tipo de eventos y de velar por todos los pormenores que conlleva la celebración.

Pero no sería justo afirmar que ellos siempre se la pasen bien haciendo su trabajo. Un mundo de estrés, preocupaciones, orden y muchos enojos surge mientras los preparativos comienzan a tomar forma: no es el color adecuado de los manteles, los aperitivos no están buenos, etc. Entre varias excusas más, esta labor puede convertirse en la peor pesadilla de quien decida tomar el rol. Precisamente en ese tema se centra la cinta francesa Le sens de la fête (Olivier Nakache y Eric Toledano, 2017), conocida en castellano como La fiesta de la vida.



En La fiesta de la vida, Max Angély (Jean-Pierre Bacri) es uno de los encargados de hacer del momento del matrimonio una gala sin igual, mágica y sin comparación. Mediante su pequeña empresa, conformada por meseros, músicos, fotógrafos, cocineros, etc., se gana la vida complaciendo los sueños de diversas parejas. Pero lidiar con todo su equipo de “profesionales” es lo más difícil para él.

Su amistoso y permisivo carácter no permite la prosperidad de su autoridad como él quisiera y en los preparativos de su más reciente boda todo se sale de control. La impuntualidad, pereza y distracción de los que trabajan para él, que se vuelven su dolor de cabeza, además de un par de eventos inesperados lo hacen ver su suerte.



Con bastante humor, la trama toma forma y las risas aparecen sin necesidad de forzarlas. Los momentos graciosos y a veces “involuntarios” de los protagonistas aparecen naturalmente para convertirse en el principal culpable de que la audiencia salga con una sonrisa en el rostro después de terminada la cinta.

La historia es bastante holgada. Situaciones inverosímiles, como un par de encuentros amorosos, un vuelo en globo bastante singular o el lanzamiento por montón de fuegos pirotécnicos hilan una trama orgánica sobre los entretelones de una frenética celebración de boda que se lleva a cabo en un palacio francés del siglo XVII.



Es preciso destacar el impresionante elenco de la cinta. Con los 14.850.000 euros invertidos para la producción, no escatimaron en papeles sin importancia, como un simple camarero o los asistentes a la boda. Se pensaría que no es algo importante, pero para lograr un ambiente de fiesta y caos a la vez, esto era necesario.

Sin duda en La fiesta de la vida las risas están garantizadas. Un humor blanco, sin doble sentido y prácticamente sin groserías, demuestra que la delicadeza no está peleada con la agudeza; mientras la humanidad de los protagonistas aterriza una historia blanda pero funcional para la premisa buscada por los realizadores: la gracia.

***

Si esta coproducción te llamó la atención, no olvides echarles un vistazo a estas 10 cintas para enamorarte del nuevo cine francés.

TAGS: Cine de arte Taste of cinema crítica cinematográfica
REFERENCIAS:

Octavio Alfaro


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