La película sobre el primer hombre en la Luna que debes ver si eres fan de Ryan Gosling

Lunes, 22 de octubre de 2018 18:30

|Aglaia Berlutti
viaje a la luna

La actuación de Ryan Gosling y la dirección de Damien Chazzelle transforman la película sobre el primer viaje a la Luna, "First Man", en algo que va más allá de lo biográfico o lo histórico.



La llegada de personas a la Luna se convirtió no sólo en un hito en la historia, sino en un momento de ruptura con respecto a la forma como la humanidad se mira a sí misma y elabora respuestas sobre permanencia. Después de todo, se trata de una mirada hacia las posibilidades e implicaciones de la tecnología. Por ese motivo, para comprender la obra más reciente de Damien Chazelle, First Man —basada justamente en la historia de Neil Armstrong y su papel en semejante hazaña histórica— hay que remontarse no sólo a la forma como Norteamérica se analiza como colectivo, sino la manera como la identidad del país se manifiesta a través de un logro tecnológico que apuntala cierta percepción sobre la personalidad estadounidense. Además, Chazelle intentó llevar el cine de autor a la tecnología, usando cierto acento poético que elabora a través de una cuidada puesta en escena y largos silencios hasta lograr una extraña distancia emocional que engloba a cada personaje de First Man en una visión sobre el desarraigo y la soledad de especial belleza.


Por supuesto, Damien Chazelle no fue el primero en traer el cine de autor a la tecnología. En 1968, Stanley Kubrick convirtió a 2001: Odisea en el espacio en una obra de ruptura dentro del cine de Ciencia Ficción, pero también utilizó la alegoría del espacio profundo como fuente de sabiduría, conocimiento o simplemente el reflejo de la condición humana. El autor encontró una depuración creativa de objetivos y metáforas que brindó una enorme madurez al hecho de la tecnología al servicio del arte. Lo mismo podría decirse de Andrei Tarkovski, a quien le interesaba muy poco la Ciencia Ficción o las propuestas de cine fantástico, pero que logró con Solaris una mirada asombrada sobre la perpetuidad y el poder del ser humano como creador de su propio entorno. Chazelle intenta la misma mirada sobre el ser humano y su circunstancia en First Man, creando un escenario espartano en donde los personajes se mueven con una lentitud casi onírica, evolucionando en un viaje introspectivo de consecuencias imprevisibles.



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Los problemas de comunicación del ser humano, el miedo hacia lo desconocido, los vericuetos de la realidad que no puede comprenderse de inmediato, hacen de los conflictos argumentales una vuelta de tuerca evidente a la mirada del Chazelle sobre la naturaleza humana. Toda la historia parece girar alrededor de esa necesidad del director por comprender al individuo desde un viaje interior gradual hacia algo mucho más complejo e inquietante. El proceso de reflexión parece hacerse cada vez más intrincado, con innumerables ramificaciones que crean un metamensaje sobre la historia que se muestra y la que se sugiere, mucho más dura y rica en matices. La fuerza poética, la atmósfera melancólica, la soledad y el silencio parecen construir una idea extrañísima sobre la experiencia humana en la historia y, lo que es aún más desconcertante, la propia y compleja visión del ser humano sobre sí mismo.


Damien Chazelle además añade un elemento deslumbrante a la visión de Neil Armstrong, encarnado por un hierático Ryan Gosling que nuevamente nos deslumbra con su actuación; y crea una percepción sobre la idea de los misterios interiores del espíritu humano, reflejados sobre la grandeza de un infinito dibujado desde la percepción de lo atípico y lo complejo. A pesar del muy conservador guión de Josh Singer —basado en la biografía de James R. Hansen—, Chazelle encuentra un vínculo entre la concepción del ser humano como pionero de su propia historia y convierte a Armstrong en la encarnación del siglo americano. No obstante, la obsesión de Chazelle con Armstrong resulta por momentos excesiva. El astronauta que dibuja Chazelle representa el modo de vida norteamericano, sus valores y su noción sobre el futuro; una especie de Adán que abre una nueva manera de comprender el tiempo y el progreso de un país en plena evolución. Pero el retrato resulta incompleto. Este Adán carece de Eva y también de un Edén, por lo que Armstrong tiende a mirarse desde una soledad absoluta y enigmática, en una especie de anacronismo tecnológico desconcertante. De la misma manera que el Concord, los viajes espaciales se convirtieron en sueños nunca realizados del todo por una sociedad que perdió el interés por sus grandes logros muy pronto.



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Pero Chazelle parece muy consciente de esta pequeña salvedad histórica, de forma que construye la película no desde un exhaustivo análisis de la vida de Armstrong, sino desde el hecho que marcó un antes y un después en su vida y en la historia de su país. El alunizaje es de hecho el clímax glorioso de una película metódica, de extraordinaria puesta en escena y una contenida fuerza visual que asombra por su sutileza. Chazelle parece decidido a homenajear el coraje de los aventureros y pioneros de una hazaña técnica que llevó al país a la cúspide, pero lo hace a través de una personalidad artística extraordinaria y acomete la idea del heroísmo desde una versión de la realidad levemente aumentada. El rostro de Armstrong —usualmente tenso y rígido. sobrepuesto en el rostro de Gosling— se llena de un asombro estupefacto al mirar el planeta que deja atrás; y es entonces cuando la película descubre el verdadero sentido: la admiración por un logro extraordinario e irrepetible.



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El Armstrong de Chazelle, interpretado por Ryan Gosling desde una frialdad distante y quebradiza, es un hombre calmado y moderado, que parece incapaz de conectarse con quienes le rodean, pero que a la vez conserva la virtud de usar esa mirada helada para asumir el reto de una aventura única con mano de hierro. Entre toda este retrato de un héroe imperturbable, Chazelle incluye un aspecto crucial de la vida del astronauta: la muerte de su hija Karen provocada por un tumor cerebral a los dos años de edad. De modo que de manera progresiva, el hombre silencioso se abre a una dimensión nueva: la del hombre que sufre en secreto o que el espectador presume que lo hace, como una extraña muesca en medio de ideas que se entrecruzan entre sí para elaborar algo más complejo sobre la personalidad del astronauta. Pero Chazelle logra algo más: convierte la llegada del hombre a la Luna en una especie de ritual de paso para toda una generación, incluso para la historia contemporánea.


Durante las últimos décadas, la carrera espacial ha sido analizada de diversas formas, desde el Apollo 13 del director Ron Howard, que narró las implicaciones luego del triunfo de Armstrong, hasta Las figuras ocultas de Theodore Melfi, con toda su carga elaborada y poderosa de reivindicación. La noción sobre el triunfo ha sido comprendido desde casi todos los puntos de vista. No obstante, First Man mira hacia lo silencioso y extraordinario de una ruptura histórica de enorme envergadura desde un enorme silencio cósmico que el director utiliza como un espléndido contexto.





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Aglaia Berlutti

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