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Lecciones sobre segundas oportunidades, el perdón y la redención que aprendimos de BoJack Horseman

5 de octubre de 2018

José Luis Sánchez

Las lecciones de vida que aprendimos de BoJack Horseman elevan esta serie de Netflix, la convierten en una producción compleja, única y en ocasiones devastadora.



Las caricaturas para adultos han existido desde los años 80, pero fue hasta principios de los 90 cuando la serie Los Simpson de la cadena Fox saltó a la fama y se convirtió en un fenómeno social. Desde entonces muchas cadenas televisivas han apostado por contenidos más maduros que involucren la crítica social, la comedia negra y situaciones muy distintas a las animaciones infantiles. Series como Family Guy, Archer o South Park han intentado desafiar el estigma de que las caricaturas son un producto infantil.


Al ser una gran plataforma que busca producir contenidos originales para competir con otras productoras, Netflix no podía quedarse fuera y decidió lanzar su propia animación para adultos, una que fuera digna de competir con las ya clásicas que se mencionaron antes y el gran monstruo que venía por parte de Adult Swim llamado Rick and Morty. Fue entonces cuando decidieron aprobar el piloto de la serie del animador y comediante Raphael Bob-Waksberg, una serie que rompía estigmas al presentar como protagonista a un caballo antropomorfo, alcohólico y con una severa depresión. BoJack Horseman es una serie que desde 2014 ha estrenado año con año una nueva temporada; una caricatura que a pesar de los años sigue encantando a los críticos y al público por igual, al punto de convertirse en un producto de culto gracias a sus cientos de referencias a la cultura pop y su crítica social a Hollywood.





Además de seguir la vida de BoJack, quien es un actor fracasado que sólo tuvo éxito en los 90, la serie nos cuenta las historias de otros personajes. Como Princess Caroline, una gata rosa que es la representante de BoJack, además de ser su ex novia; ella es una adicta al trabajo que sueña con formar una familia. Además, aparece Mr. Peanutbutter, un perro actor que representa lo contrario a nuestro protagonista, pues es alegre, divertido y aún sigue siendo una estrella del mundo del espectáculo; pero que es tan inmaduro que nunca puede mantener sus relaciones amorosas. Además, están los dos humanos del grupo: Diane, una joven escritora que sufre una depresión existencial, pues no sabe qué hacer con su carrera, además de ser la actual esposa de Peanutbutter; y por ultimo Todd, un hombre de mediana edad asexual que siempre es entusiasta y positivo, pero no sabe medir sus acciones ni lidiar con las consecuencias.


Sin duda alguna, los personajes son el punto más fuerte de la serie, pues hasta cierto punto todos se vuelven entrañables y el espectador desea saber de sus vidas; además de que cada uno de ellos lidia con sus propios demonios y son estos mismos los que van guiando la trama en cada una de las subhistorias que en muchas ocasiones llegan a opacar la historia de BoJack o en otras suelen cruzarse, pero siempre llevan un objetivo: el crecimiento de los personajes, aunque estos a veces están perdidos y no encuentran su rumbo. Durante las cinco temporadas que ya se han estrenado, hemos visto muchas situaciones que cada vez alimentan más y más el universo de la serie. Parece que el pasado siempre está presente, pues constantemente la serie lo retoma, ya que al intentar hacer una catarsis de sus protagonistas, los guionistas son conscientes de que debemos recordar quiénes eran al inicio para contrastarlo con quiénes son ahora, y así mostrar al espectador que son personajes nuevos, personajes que buscan su camino, que buscan una redención tanto personal como social.





La serie nos muestra una filosofía de vida muy parecida al absurdismo de Camus, pues los personajes están conscientes de que no importa que su vida no tenga un sentido especial. A pesar de eso, ellos siempre intentan reivindicarse y ser mejores versiones de ellos mismos. Eso ha sido uno de los grandes aciertos de la serie, pues los espectadores siguen de cerca toda la catarsis de los personajes que se han ido construyendo a lo largo de cinco años; una catarsis que está latente y que avanza lentamentamente, porque aunque la serie sea sobre animales antropomórficos, estos se sienten más humanos que muchos de los que hay en la televisión actual. Y de hecho, hace al espectador cuestionarse sobre sus propias crisis y dilemas, sobre su propio crecimiento. ¿Merecemos redimirnos, cómo logramos perdonar y superar los errores de nuestro pasado? ¿Cuándo se agotan las oportunidades que la vida nos presenta para ser mejores? ¿Vale la pena hacer un esfuerzo? 





La crítica especializada habla de cómo estamos viviendo la época dorada de la televisión y BoJack Horseman es un claro ejemplo de eso, pues dejó atrás las típicas historias de las caricaturas de adultos donde cada capítulo es diferente y sus acciones nunca parecen tener consecuencias. Esta serie elige una historia lineal, y no sólo busca los chistes sobre sexo o la crítica burda, sino que intenta ser contundente, hablando de temas de actualidad y enfocándose en temas fuertes —como el suicidio, la demencia senil, la depresión, la sobredosis, las relaciones tóxicas, entre otros. BoJack Horseman es una serie madura, en ocasiones quizá demasiado madura, que no busca la carcajada fácil, sino la reflexión; que no quiere que ames a sus personajes, sino que los juzgues, que los repudies, que hagas lo posible para no ser como ellos. Agradecemos que existan historias como esta, que más de una vez nos ha hecho reír, llorar y reflexionar sobre lo que es ser bueno o malo en la actualidad; y sobre todo, una serie que nos enseña como hacer una catarsis personal. 


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Si te gusta esta caricatura, te dejamos aquí una crítica (gancho al hígado) sobre el hype de la cultura popular y la idealización de los programas televisivos cuando los fans arruinan las series



TAGS: mejores series Series en Netflix crowdsourcing
REFERENCIAS:

José Luis Sánchez


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