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CINE

Los monstruos de Guillermo del Toro


Un crucifijo y agua bendita fueron las mejores armas para luchar contra los demonios que se estaban apoderando de su nieto. Ella no lo comprendía. No veía que los demonios habitaban en ella y él desde hacía ya un buen tiempo.

 En un salón de clases frío, con un grupo de niños que poco se interesaban en un compañero al que señalaban de extraño, éste último no tardó en encontrar con quien pasar el tiempo. Con el reflejo de su propio cuerpo como aliado, el joven mexicano tenía nuevos amigos. Su abuela, con una profunda formación religiosa, encontró lo anterior difícil de explicar. Ante los ojos de ésta, no existía nadie. Eran sólo fantasías de un niño perturbado. Temores que ocurrían cuando los ojos se apagaban y la mente se liberaba. Temores que sucedían en la cama mientras la noche despertaba y las sombras bajaban.

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 Creo que todos le hemos temido, ¿no es así?

 - ¿Si me han temido? Sí, creo que en algún momento todos lo han hecho. Quizás es sólo esa sensación de que algo anda mal o debería ser diferente. Debo decir que en ocasiones intentan huir de mí. Parece ridículo pensar que sólo en la oscuridad están solos. Ahí donde muchos tienen miedo de estar, algunos han encontrado la paz. Supongo que se olvidan de mí por un instante. Tal vez sólo pretenden que no existo y me ignoran. Pero no recuerdan que no hay nada que la luz no pueda mostrar.

 Con una mezcla de horror, realidad y fantasía, las cintas del cineasta Guillermo del Toro, nos recuerdan un poco más a este mundo en el que los monstruos están presentes todo el tiempo. A través de sus filmes ha logrado dar forma y voz a esos seres que habitan en cada uno de nosotros y que como nuestra sombra jamás nos abandonan.

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 Con el paso de los años, Guillermo encontraría que estas criaturas eran temidas por aquellos que no habían aprendido a mirar. La obsesión por el mundo que está detrás de las cobijas, creció junto con él. Los monstruos eran ahora más grandes y las sombras más fuertes.

 Algunas escenas de su vida habían sido oscuras debido al rechazo de una sociedad que poco entendía lo que era diferente. Sin embargo, el cineasta logró darle tintes de fantasía a un mundo gris en el que poco a poco apareció el color.

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 Con la influencia de la escuela simbolista, personajes poco parecidos a algo que hubiera sido posible en este mundo comenzaron a emerger. Los engranajes habían sido colocados de manera precisa para hacer girar la maquinaria que daría vida a toda una serie de personajes que muchos definirían como monstruos.

 La ópera prima del mexicano, titulada Cronos, muestra claramente una situación en la que la maquinaria cobra vital importancia. En la trama de dicha cinta, un alquimista crea un mecanismo que se encuentra en el interior de un artefacto en forma de escarabajo. Éste inyecta en su dueño un líquido que lo rejuvenece.

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El gusto del mexicano por la biología, puede verse en muchas de sus cintas donde los insectos juegan un papel importante. En El Laberinto del Fauno, Ofelia es ayudada por un grupo de insectos que pronto cambiarían el cuerpo por uno más humano. La figura se transforma en una que va más con los estándares de belleza, una que cumple los sueños y nos invita a volar a ese mundo donde la fantasía no se cierra.

 En la búsqueda de hacer todo lo posible por salvar a su madre, Ofelia coloca una mandrágora debajo de la cama. La inocencia de la niña es tal, que sigue las órdenes del fauno como éste se lo ha pedido.

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 De hecho, los niños desempeñan un rol importante dentro de las cintas de Guillermo. Con ojos que no han sido vendados bajo los prejuicios de una sociedad inquisitiva, son capaces de mirar lo que tienen delante sin dudar. Es a través de ellos que la conexión entre lo real y lo ficticio toma forma. Son víctimas de lo que los adultos, cegados ante la motivación de poder, han realizado.

 El fauno es un ser que los adultos no pueden ver. Una criatura que vive en un reino localizado en las profundidades, al que sólo la princesa podrá entrar.

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 Tanto en El Espinazo del Diablo y El Laberinto del Fauno, se observa lo que los niños sí ven y los adultos ignoran. Ante tal situación surge la interrogante, ¿qué es real?

Los sueños se apoderan de una realidad fragmentada. Los monstruos se definen y logran quedarse.

 La cinta Hellboy, misma que ha sido definida por del Toro como un filme autobiográfico, muestra a un personaje que no es comprendido. Un ser que no logra encajar en la sociedad y que encuentra difícil formar parte de un engranaje que hace girar al reloj. Ese que está todo el tiempo recordándonos los tiempos en los que debemos tomar determinadas acciones. Hellboy representa al monstruo empático; hace cosas buenas para pertenecer a la sociedad, aunque su apariencia física le dificulta ser visto como lo que en realidad es.

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 El monstruo es el otro. Aquél que se esconde en cada uno de nosotros y que siempre estará. Es lo que resulta desconocido, diferente y ajeno a lo que se sabe. En una sociedad basada en prejuicios, podemos encontrarnos con un mundo en el que muchos individuos podrían entrar dentro de esta categoría. 

Todos tenemos un fantasma que nos persigue y en la cinta El Espinazo del Diablo, la metáfora no podría ser más clara. Los niños sufren en un orfanato durante la Guerra Civil Española y son ellos quienes pagan las acciones de los adultos. 

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Muchas de las escenas de las cintas, en las que estos monstruos cobran importancia, ocurren en lugares subterráneos. Allí donde aparentemente nadie los puede ver, escondidos bajo el manto de la oscuridad, se desenvuelven como lo que en realidad son.

 El portal entre este mundo y el otro se abre. Así lo que ocurre en el interior de cada individuo se exterioriza para ser plasmado a través de los llamados monstruos. Esos que siempre están presentes pero que sólo podemos notar en las sombras. Ese reflejo de lo que hay en cada uno que incluso cuando intentemos ocultarlo, siempre estará allí con nosotros.

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 Uno no se puede separar de sus sombras. Ellas están ahí para recordarnos lo que somos y vive en el interior de cada uno. 

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Etiquetas:cine mexicano
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