Los vínculos entre padres e hijos que se convierten en grandes historias
Cine

Los vínculos entre padres e hijos que se convierten en grandes historias

Avatar of Xavier Sires

Por: Xavier Sires

6 de mayo, 2016

Cine Los vínculos entre padres e hijos que se convierten en grandes historias
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Por: Xavier Sires

6 de mayo, 2016




En la primera escena de “El tesoro” (2015), dirigida por Corneliu Porumboiu, un niño de seis años, Alin (Nicodim Toma), refunfuña en el coche de su padre, Constantin Toma (Toma Cuzin) y asegura comprender por qué ha ido a buscarlo tan tarde, sin embargo su enfado no parece disiparse. Hablan en voz baja, el mismo tono que Costi usará en las conversaciones con su esposa Raluca (Cristina Cuzina Toma).
Porumboiu ya tiene acostumbrado al público a diálogos que brillan por su sobriedad; en su trabajo anterior, "Al doilea joc" (2014), había en una charla en off entre el cineasta y su padre, comentando un partido de fútbol que el segundo vivió como árbitro.

En “El tesoro” retoma el género de la ficción y la usa para contar historias que fácilmente resumiríamos en una sola frase, como ocurría con “Cuando cae la noche sobre Bucarest o Metabolismo” o “Policía, adjetivo”. Esa preferencia por argumentos sencillos juega a favor del cine del rumano. Sus películas no nos venden sentencias lapidarias ni discursos filosóficos, sino que pretenden que hurguemos en ellas.

El tesoro al que se refiere el título podría entenderse como una metáfora de cómo será recompensado el espectador que no pierda la fe en las infinitas interpretaciones que se esconden detrás de las imágenes y sonidos; todas contingentes, todas hechas de metales preciosos.

El tesoro

La posible existencia de un tesoro está en el punto de partida: Adrian Negoescu (Adrian Purcarescu), vecino de Costi, le habla sobre una leyenda familiar. Al parecer su bisabuelo enterró algo valioso en un campo de Oltenia antes de la llegada de los comunistas, y en su lecho de muerte le dijo: “Cuida de la casa”, lo cual interpretó como una señal para salir en busca de la fortuna. Ésta sería de gran ayuda ya que debe más de 17.000€ de intereses provenientes de un préstamo que pidió en 2007; es por eso que busca a su vecino y acuerdan dar búsqueda al tesoro, pues la situación económica de Costi tampoco es tan holgada. 

Tras hacerse de un detector de metales, se lanzan a la aventura. Llegan al campo sin más que una intuición y no saben qué puede resultar. Es en este punto de la cinta en el que  vemos las escenas más elogiadas por la crítica y el público: Costi, Adrian y Cornel ―un desconocido que les echa una mano con el detector― caminan tras un cachivache que emite sonidos cuando detecta metales no ferrosos bajo tierra. Exploran prados, el interior de una casa ―de la que se dice que había sido convertida en un jardín de infancia durante el régimen comunista― y finalmente deciden cavar un hoyo en el exterior.

Costi recibirá una llamada de su esposa y escuchará a su hijo preguntándole si ha encontrado el tesoro. Cuando Rucula vuelve a ponerse al teléfono, le reprueba que le haya hablado sobre la leyenda, ¿acaso desconfía de que vaya a encontrar el tesoro? -nos preguntamos. El hecho de que Costi hubiera aceptado colaborar con su vecino ya nos había hecho reaccionar con incredulidad; no habríamos pensado que fuera el tipo de hombre que se cree despropósitos como el de un tesoro perdido. Sin embargo, se centra en la búsqueda como si no le cupiera duda de que fuera a hallarlo.

El tesoro

En la reciente “Kumiko, the Treasure Hunter”, David Zellner pone en escena a una japonesa que se obsesionaba con una fortuna escondida en Minnesota y que al final encuentra; en la última escena, rodeada de nieve, soledad y sangre, abre un bolso lleno de dinero. En “El tesoro” encuentran una caja en donde la recompensa son acciones de Mercedes de 1969. Sacan una millonada por ellas, sin exagerar. 
Costi no pagará sus deudas, acudirá a una joyería y comprará un montón de collares y brochas para sorprender a su hijo, pues él espera un tesoro con los colores y tonos que ha imaginado: oro, plata, bronce… Su padre pudo decirle que un tesoro real no es como los que aparecen en los cuentos de Robin Hood, sino que tiene forma de fajos de billetes, pero prefiere mantener la creencia del pequeño; el destino le ha demostrado que la prosperidad puede llegar a cualquiera. Alin asegurará que la suerte puede ser tan justa como en los cuentos que al principio de la película le leía bajito.






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