La película que nos muestra todo lo que nos sucederá cuando seamos viejos

Miércoles, 4 de julio de 2018 17:55

|Víctor Daniel López VDL

"Lucky" es la película de John Carroll Lynch en la que explora el camino solitario de la vejez.

Viejos, los cerros, 

¡y aún así reverdecen.

Refrán popular

 

Una de las películas más bellas que he visto es Lucky, del director John Carroll Lynch, y esto porque termina por convertirse en una oda poética al camino que denominado "vejez" y que conduce al único destino seguro: la muerte. Es protagonizada por el grandísimo Harry Dean Stanton, quien, con una actuación extraordinaria en un papel que le queda como anillo al dedo, se despidió así por siempre del cine, ya que murió el pasado septiembre, poco después de haber concluido su interpretación para esta película. Stanton, quien algunas décadas atrás interpretó a Travis en la majestuosa París, Texas, sale de este mundo y de todos en los que estuvo, por la puerta grande para hacer un cierre magistral en su carrera artística.


El actor, en esta ocasión, representa a un hombre de 90 años que lleva una vida sencilla y monótona, y que conforme pasan los días su edad parece gritarle a toda voz que se encuentra ya viejo, que se percate de ello y que logre ver que se acerca a su muerte. Sí, pareciera como si el personaje de Lucky fuera inspirado en Stanton. Lucky es un hombre que ya está cansado de vivir y a la vez, lo más triste, no quiere aceptar su vejez, además de sentir un profundo miedo a morir: por no saber qué hay más allá, por pensar en el misterio de la existencia como un inmenso vacío oscuro disuelto en la eternidad. Lucky trata de aferrarse, en cierto sentido, a la vida, al mundo… a ese caparazón que todos cargamos en la espalda, sabiendo que al final se convertirá en nuestro ataúd… ese caparazón al que llamamos cuerpo.



El filme resulta así un poema, no hacia la vejez como tal, sino a su aceptación, a tomarle de la mano, abrazarla y a estar dispuestos a recibir con los brazos abiertos la cosa más grande y poética que existe en el hermoso misterio de este viaje que resulta la vida, y que irónicamente su opuesto es la muerte. Lucky se enfrenta a un viaje de autodescubrimiento que le hace despertar su consciencia; de igual modo que Stanton, como ser humano, no como actor, se encuentra recorriendo su viaje final. Nadie nos libramos de ello, todos pasaremos algún día por aquella puerta. La verdad es sólo una y mientras se vive, más nos acercamos a ella para enfrentarla y al final aceptarla. Pero, ¿qué verdad? La de uno mismo, lo que somos, lo que hacemos… "la verdad del universo que está esperando".


Otro dato importante es la brillante participación de David Lynch en uno de los papeles más hilarantes de la historia, al representar a un hombre solo que se encuentra triste y preocupado por la pérdida de su tortuga, a quien considera su mejor amiga, y en la que el espectador puede apreciar a lo largo del filme una pequeña fábula surrealista y espiritual, una metáfora que resulta en realidad emotiva. "Lo que todos ven en los galápagos es su lentitud, pero lo que yo veo es el peso que acarrea a sus espaldas. Es para protegerse, sí, pero al final será el ataúd en el que acabará enterrado. Y tiene que llevar eso arrastras toda su vida. Ustedes ríanse, a mí me conmueve", dice David Lynch en su papel como Howard, al burlarse los amigos de su profunda melancolía que lo envuelve por haber perdido a su fiel compañera.



Con todo esto y más, Lucky resulta una película que de verdad vale la pena. Posee una banda sonora increíble, entre la música ranchera mexicana, los mariachis y la triste armónica que suena para transportar al espectador a una tierra donde el tiempo pasa lento, pero pasa, y, como a todos nos sucederá algún día, en la que nos alcanzará la muerte para llevarnos a dondequiera que tengamos que ir, a donde sea que el alma, la luz o la esencia tenga que regresar. O, quizá, no vaya a ninguna parte, quizá todo desaparezca. Quizá sea sólo un vacío, quizá sólo la oscuridad. Quizás al morir nos convirtamos en nada. Y tal vez no haya nada más triste en este mundo que pensar en ello. Por eso, al final, ¿qué podemos hacer sino aceptarlo y sólo sonreír mientras podamos?


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Víctor Daniel López  VDL

Víctor Daniel López VDL


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