10 películas francesas que sí vale la pena ver

Sábado, 2 de diciembre de 2017 12:18

|Alonso Martínez

Francia es uno de los países más reconocidos por sus obras cinematográficas y éstas son esenciales para comprender enteramente su importancia.



No porque una película sea francesa significa que sea buena.


Gracias a que Francia es uno de los países en los que se han producido algunos de los filmes más importantes de la historia, actualmente existe la errónea concepción de que gran parte de las películas que llegan a América de ese país son buenas, y que, si no te agradan al verlas, posiblemente tienes algo mal. Sin embargo, eso no es acertado. Al igual que en todas las partes del mundo, en Francia se producen buenos y malos filmes; lo cierto es que muchos nos dejamos llevar por el legado cinematográfico de la nación y nos convencemos de que posiblemente todas son excelentes.



Tan sólo el último año, muchas personas hablaron de Un beau soleil interieur como si fuera una gran cinta, especialmente porque cuenta con la actuación de la reconocida actriz Juliette Binoche, pero en realidad es un trabajo bastante mediocre. La historia es predecible, el drama es en extremo convencional y no ofrece una visión distinta. Sólo basta leer las críticas para notar que es una película cualquiera que difícilmente trascenderá en la historia.


Tomando eso en cuenta, listamos algunas de las cintas de esa nación que sí lograron cambiar la historia y que, de forma indirecta, nos hicieron creer que todo el cine francés era perfecto. Estos filmes sí valen la pena y deben repetirse para saber por qué no tenemos que aceptar todo lo que parece popular y exigir más sobre el cine que se produce en cualquier país.


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Jules et Jim (1962)

Francois Truffaut



Considerada una de las mejores películas de la historia, que definió junto a otras películas de esta lista la nouvelle vague francesa, Jules et Jim es el retrato de un complejo triángulo amoroso entre dos amigos, quienes le dan nombre a la cinta, y una joven atrevida llamada Catherine. El trabajo mostró la liberación de la juventud en la época, mezclada con una trama que integraba distintos elementos del cine experimental, dando como resultado un drama unido con comedia que, inadvertidamente, hace un análisis de la mentalidad de la época, el extremo romanticisimo que crecía rápidamente en las historias y la simpleza de las mismas, libres del glamur que se veía en Hollywood. Con un guión difícil de olvidar, este trabajo se queda en la memoria, ya que es imposible no identificarse con las situaciones en pantalla y mirar cómo la juventud no ha cambiado demasiado.



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Hiroshima mon amour (1959)

Alain Resnais



Antes de la nouvelle vague, Francia creó algunos de los dramas más importantes de la historia, y Hiroshima mon amour posiblemente es el más grande de esa época. Creada a menos de 20 años de que finalizara la Segunda Guerra Mundial, el trabajo hace una comparación entre la separación de una pareja sin nombres y la caída de la bomba atómica en Hiroshima. Usando una narrativa experimental que usa flashbacks, es poco clara con los tiempos e incluso con la relación de los personajes, este filme ha trascendido como uno de los más importantes, ya que en ningún momento se toma con ligereza las pérdidas de la guerra y el amor y nos muestra el verdadero dolor de dejar ir el pasado y mirar hacia adelante.



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2 ou 3 choses que je sais d'elle (1967)

Jean-Luc Godard



A pesar de que Jean-Luc Godard tiene otras grandes obras en su filmografía, no existe otra carta de amor tan fuerte hacia Francia como 2 ou 3 choses. El trabajo, narrado de forma poco clara y experimental, no sigue una historia per sé, sino que en realidad es un ensayo sobre Francia escrito por el director, quien se limita a presentar la vida diaria de una mujer llamada Juliette. Dos o tres cosas que yo sé de ella, establece a "ella" como la crueldad del neo-capitalismo, la prostitución, París, el lado físico del amor, la vida de hoy y «la gestapo de las estructuras», y de forma simple pero extraña Godard hace observaciones sobre esos temas para revelar un rostro de la nación que pocas veces es visto.



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La Passion de Jeanne d'Arc (1928)

Carl Theodor Dreyer



Esta legendaria película ha sido llamada por algunos como el más grande logro cinematográfico en toda la historia del mundo. Carl Theodor Dreyer tomó el control de este proyecto que narra la historia del juicio de Juana de Arco, la heroína francesa que aseguraba que Dios habló con ella y la convenció de pelear por su país durante la Guerra de los Cien Años, pero a diferencia de gran parte de los filmes de la época, el director decidió mostrar escenarios mundanos, a los personajes sucios y grotescos, la ignorancia en sus mentes y el trágico rostro de Renée Joeanne Falconetti, cuya mirada perdida, llena de desesperación y felicidad se queda como un fantasma dentro de nuestra mente. El formato mudo de la cinta hace que las emociones sean aun más claras, hipnotizando a la audiencia, haciéndoles ver el verdadero sufrimiento por el que pasó la mujer antes de ser asesinada.



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Belle de Jour (1967)

Luis Buñuel



Uno de los filmes más famosos de Luis Buñuel, basado en la novela del mismo nombre, cuenta la historia de Séverine, una hermosa mujer que parece tener una vida normal, pero que lucha por no poder conectarse físicamente con su marido. Como forma de liberarse, se prostituye durante las noches cumpliendo algunas de las fantasías más profundas que pasan por su mente. Catherine Deneuve entrega una de las mejores actuaciones en su larga carrera, pero es el drama en el que se desenvuelve lo que hace este filme tan representativo. Además de que Buñuel integra todos sus elementos visuales característicos, logra hacer que en cada escena se exprese al máximo la confusión que desarrolla la protagonista y los hombres con los que se involucra. Es una pieza única de cinematografía.



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Les parapluies de Cherbourg (1964)

Jacques Demy



La vida real no es como en las películas, pero ¿qué pasaría si pudiésemos ver un pedazo de la verdad mezclado con la fantasía que nos ofrece el cine? Esa pareció ser la pregunta que se hizo Jacques Demy al crear este filme. Los paraguas de Cherburgo mezcla la tragedia de lo que nos sucede diariamente con la belleza de los musicales. Todos los diálogos son cantados por los protagonistas, quienes parecen encontrarse en medio de un mundo brillante cuando se enamoran, pero no son libres de los azares del destino. Supera en todo momento los musicales norteamericanos e influyó en gran parte del estilo visual que se ha implementado en los filmes independientes de los últimos años. Es un excelente ejemplo de cómo crear una historia original a partir de elementos clásicos del cine y en definitiva es uno de los trabajos más representativos del género.



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Les enfants du paradis (1945)

Marcel Carné



Creada durante la ocupación alemana en Francia en la Segunda Guerra Mundial, este filme ha sido llamado la más grande obra fílmica en la historia de ese país y sin ella, posiblemente la historia del cine sería muy distinta. La cinta hace una crítica y muestra la escena teatral parisina del siglo XIX, retratando tanto los escenarios como los asientos de la audiencia, y los efectos de las tramas de las obras. Los actores tratan de ser amados por los espectadores, mientras que éstos desean salvajemente el placer de una fantasía. Apropiadamente, el trabajo también refleja el futuro de las obras cinematográficas y la inquebrantable relación entre el creador y el receptor, y el mundo que nace entre ambos.



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Les quatre cents coups (1959)

Francois Truffaut



La obra máxima de la nouvelle vague. Francois Truffaut cambió la historia con este filme semiautobiográfico que sigue a un joven adolescente incomprendido que por distintas razones decide rebelarse en contra de las instituciones educativas, sus padres y la sociedad. Usando cortes rápidos, un realismo que pocas veces se veía en el cine y una perspectiva sobre Francia que se alejaba de las luces brillantes de los dramas clásicos, el director creó un nuevo estilo fílmico que incluso actualmente se sigue utilizando. Los elementos sonoros y visuales le aportan una tragedia más grande al trasfondo del joven personaje, pero entre toda esa fachada, se encuentra una crítica y una especie de liberación de esa generación de Francia del pasado cultural que los persigue constantemente.



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Amour (2012)

Michael Haneke



Amour es el filme de amor definitivo. La historia parece simple, pero el trabajo que hace Haneke para mostrarnos un lado distinto de ese sentimiento a través del sonido y las imágenes hacen de esta obra algo realmente excepcional. Una pareja de adultos mayores tiene una vida matrimonial común, libre de complicaciones, pero un día la esposa sufre de un ataque cerebral, lo cual hace que deje de ser la misma de antes. Su esposo trata de cuidarla y mantenerla a salvo, pero inevitablemente comienza a sufrir la desesperación de perder a la mujer que ha amado durante toda su vida. Sin grandes transiciones ni momentos de clichés, este filme deconstruye el sentimiento más puro de los humanos y prueba que, efectivamente, nos puede llevar a la locura.



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Trois couleurs: Bleu (1993)

Krzysztof Kieslowski



Bleu es la primera parte de la trilogía de los colores que pretenden representar en una obra fílmica los tres ideales revolucionarios franceses: la libertad, la equidad y la fraternidad. Siendo la libertad su tema principal, la película no lo aborda desde un tema político, sino personal. Julie es una mujer que, después de perder a su esposo y su hijo en un accidente automovilístico, intenta suicidarse y al fracasar, pretende liberarse de cualquier conexión en este mundo, sin embargo, descubre que es casi imposible alejarse de todo. Con un manejo de la fotografía que explota la melancolía en la mente del personaje, este trabajo resulta desgarrador, angustiante y conmovedor, y al final nos muestra que, aunque nos sintamos solos, nuestro papel en el Universo es más importante de lo que pensamos.



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Estos filmes cambiaron el cine de todo el mundo revolucionando la forma de expresarse frente a la pantalla y utilizando dramas que van más allá de una simple historia trágica. Su calidad cinematográfica ha trascendido y aún sirven como ejemplos para nuevos cineastas alrededor del globo. Son complejos trabajos inolvidables que nada se comparan con algunas de las producciones de esa nación que se han lanzado en los últimos años. Así que la próxima vez que quieras ver cine francés, opta por alguna de estas opciones y olvídate de la idea de que todos los filmes de ese lugar son perfectos.


Alonso Martínez

Alonso Martínez


Editor de Cine
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