El terrible futuro que imaginó el director de la primera película existencialista

lunes, 12 de junio de 2017 13:56

|Aglaia Berlutti


La historia del cine suele estar llena de accidentes y pequeñas casualidades afortunadas que transforman su lenguaje en algo mucho más poderoso y significativo. De pronto se convierte en una gran mirada hacia la capacidad humana que construye una realidad alterna. El cine es como un espejo de lo que somos y lo que podemos ser, un vistazo hacia nuestra naturaleza y el camino que tenemos por delante.

Esta cualidad no fue ajena al trabajo de Fritz Lang (1890-1976); sin proponérselo, el director austriaco cambió la manera en la que comprendemos el cine. Autodidacta, trotamundos y amante de la exploración visual, Lang no sólo creó una nueva forma de contar historias, sino que  demostró las posibilidades y el alcance de un medio que hasta entonces se consideraba sólamente una curiosidad científica. Nacido en Viena en 1980, Fritz Lang desarrolló la mayor parte de su obra entre Alemania y Estados Unidos. Su trabajo era una combinación de discursos que encontraban el punto medio entre la aseveración científica y algo mucho más filosófico. Más allá de eso, Lang encontró una manera de hacer cine tan novedosa que se transformó en un pionero, un símbolo de lo creativo en estado puro, y en un portavoz de las aspiraciones y esperanzas del hombre a través de lo audiovisual.


fritz lang


El triunfo para Lang llegaría con el rápido progreso del cine alemán, que se había convertido en una catarsis colectiva luego de la Primera Guerra Mundial. Para sorpresa de los artistas europeos de la época, el movimiento cinematográfico alemán fue una forma de consuelo cultural para una sociedad castigada y humillada tras la derrota. Lang comprendió la necesidad de expiación y retomó sus tímidas reflexiones filosóficas en algo mucho más complejo y contundente a través de cintas como “Las tres luces” (1921) o “Dr. Mabuse, el jugador” (1922); filmes en los que sentó las bases del miedo, la contradicción moral y la maldad moderna. El director hizo del cine un espectáculo de la realidad, con historias llenas de imágenes alucinantes, juegos de luces, escenarios distorsionados, figuras fantasmales y extrañas reflexiones morales. Lang había encontrado en el expresionismo germánico una fuente inagotable de inspiración.


metropolis pelicula


Impulsado por la necesidad de plasmar la transición histórica que sufría no sólo Alemania, sino también el resto del mundo, Lang comenzó a especular sobre el futuro. Fantaseó sobre la incertidumbre inmediata que se respiraba en una sociedad fragmentada por el miedo. El resultado fue una obra de enorme trascendencia artística, pero también fue un manifiesto cultural de la época. “Metrópolis” fue una hipótesis futurista, un tratado audiovisual del existencialismo; la fantasía creada por Lang —con guion de Thea von Harbou— se convirtió en un análisis de los límites de la realidad y el poder del arte. “Quizá la gente mirará un día esta Metrópolis de 1926 y se sorprenderá de la veracidad de la que es capaz la imaginación”, llegó a decir Fritz Lang, maravillado con la extraña mezcla de ficción y delirio en su obra.


metropolis 1


“Metrópolis” reúne todos los elementos para convertirse en un hito en el mundo cinematográfico. Además de ser un extraordinario espectáculo histórico (que lo es), es una primera mirada hacia temas que hasta entonces no habían sido analizados en el cine. Para el año 1926, las películas eran un rudimentario vehículo de expresión visual limitado por cuestiones morales e intelectuales que le otorgaban cierto aire anecdótico e incluso infantil. Las propuestas del cine emergente de Hollywood era aún una mera proyección de imágenes atractivas destinadas a deslumbrar a un espectador pasivo. La cinematografía era muy reciente como para ser considerada un arte o un lenguaje capaz de explorar conceptos complejos. Por estos motivos, la obra de Lang sorprendió y desconcertó al público. Sus películas presentaban temas como la lucha de clases, la alineación de ciertos grupos sociales y la opresión del poder sobre el ciudadano.

El futuro distópico recreado en “Metrópolis” se desarrollaba en el año 2000. Lang presentó una visión pesimista sobre la tecnología, pero también un profundo alegato sobre la capacidad del ser humano para construir y destruir su futuro a través de las decisiones y la visión de la identidad. La Literatura clásica parece mezclarse con la objetividad y un punto de vista novedoso sobre las relaciones de poder. Para Lang lo inmediato es sólo un paso hacia el futuro, una promesa de lo que vendrá y, sobre todo, una responsabilidad para con la Historia.


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Pero “Metrópolis” es también un logro visual en toda su extensión. Gracias a la labor del director de fotografía, Karl Freund, el filme resulta un fresco expresionista; desde los paisajes urbanos, construidos a partir del mito de la Torre de Babel, hasta el magnífico uso del montaje, Lang crea un mundo donde cada línea y juego de luz y sombra tiene múltiples significados.La mirada de la cámara estática, siempre objetiva, recorre construcciones urbanas hasta entonces consideradas imposibles: rascacielos y valles de metal que brindan un panorama idóneo lleno de contrastes. Recorremos como un ciudadano más la ciudad fantástica desde una perspectiva exacta del cine sobre la realidad, como si fueran fragmentos de un mundo posible.


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Desde los plano secuencia, Lang advierte con sutileza los peligros del hombre que pierde su identidad en favor de la tecnología. La producción y el diseño de “Metrópolis” sentó las bases de lo que décadas después sería el cine de Ciencia Ficción. La planificación de los espacios, siempre en beneficio de la historia que se narra, permiten que la película muestre la interpretación de un mundo desconocido, deshumanizado, donde el progreso y la tecnología parecen ser el enemigo. La experimentación del lenguaje visual definitivamente cambió la manera de concebir el cine. En más de una ocasión, Lang aseguró que “Metrópolis” no era una imagen del futuro, sino la promesa que sugería el presente. Y es que tal vez esa es la mejor manera de comprender esta profunda reflexión sobre el espíritu humano y los contradictorios abismos de la razón.


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REFERENCIAS:
Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti


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