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La presencia de Dios y la iglesia de Satanás en las películas de Lars von Trier

Cine La presencia de Dios y la iglesia de Satanás en las películas de Lars von Trier




Soren Kierkegaard, filósofo y teólogo danés, definía la nada como un ente generador de angustia: la realidad en bruto. El pensador creía que la filosofía de fe o bien “salto de fe” es la que salva al hombre de la desesperación, dividiendo la verdad en dos verdades: la verdad objetiva y la verdad subjetiva.  La primera es una verdad hipotética: se trata de una adecuación de pensamiento y ser, mientras que la segunda (la que nos interesa)  trata de una vivencia subjetiva de la realidad; es una apropiación del sujeto existente en su propia experiencia.

El cine siempre generó, según muchos, su máximo potencial y experiencia visual a partir de la magia del montaje, lo que sería referente de una verdad objetiva, y que Walter Benjamin llama experiencia de shock, en la que el espectador responde a la visualización de un encadenamiento de planos. Lars Von Trier, en el Dogma, se opone totalmente a este hecho y estipula una verdad subjetiva, un cine de mostraje. Un cine, en el que el espectador pudiera alcanzar una múltiple gama de interpretaciones, es decir: un salto de fe.  


montaje


Antichrist
(2009) es una verdad horrorosa, la representación de un límite que una vez superado se ve inscrito en otro límite. Vemos cómo los personajes del film se encuentran inmersos en un círculo vicioso porque los límites siempre serán insuperables, ya que aparecerán otros. Lo inquietante no es la superación del límite sino el hecho de descubrirlos por primera vez, de ahí el miedo.

La presentación de la película es el enigma, y el enigma siempre es resuelto por otro enigma; es la creación y destrucción constante, el ciclo en el que “la madre” descubre lo horroroso de la naturaleza, que es la vida y la tristeza, la ansiedad y el dolor como santa trinidad, figura que se repite constantemente como metáfora de distancia en la vida natural.


anticristo-lars

 Lars Von Trier busca a Dios en la naturaleza, como ya hizo en Breaking the Waves con el personaje de Bess. Pero esto no sucede solamente en Antichrist, sino que es una verdad recurrente en el cine de Von Trier, como en el caso de Melancholia. En este film la angustia es la protagonista o, mejor dicho, el concepto de angustia como transformación en anticipación a la muerte.

El filósofo Kierkegaard hablaba de una experiencia de vértigo, objeto de vértigo y angustia de la nada; abismo irremediable ante la opción de escoger. Un concepto que podemos llevar también a Heidegger y la aceptación de que somos un ser para la muerte, en quien radica el miedo a uno mismo, es decir, a la naturaleza o como diría la protagonista de Antichrist “la iglesia de satanás”.

¿Qué es la iglesia de satanás? La iglesia de satanás es la intensa relación que existe entre la naturaleza y miedo.

La naturaleza arranca firme y sin pausa, y devora todo lo que ella misma crea. Es madre y muerte a la vez, es maligna en el sentido de que se construye a sí misma como un impulso ciego y sin control, sin consciencia. La naturaleza es dolor, y el dolor es un uróboros que se devora a sí mismo. Así, vemos en un momento al zorro comiendo su propia carne. Por eso, buscar a Dios en la naturaleza es abrumador, porque no hay nada de divino en lo terrenal, y viceversa.

Melancholia-lars

No hay nada en estos dos filmes puesto al azar. Las metáforas y los recursos musicales y visuales completan la observación del abismo. Así, en el epílogo de Antichrist escuchamos la famosa aria de Händel, el canto a la libertad. Nos referimos a la libertad entendida como la superación de los límites, la superación del cuerpo, reverso de la consciencia. En cambio, en Melancholia opta por las referencias histórico artísticas, como el cuadro de Ofelia de John Evertt Millais o la música de Tristán e Isolda de Wagner que mantiene la repulsión y la atracción combinadas.

El caos, propio de la naturaleza, es el punto álgido de ambas historias: en Antichrist representado por medio de la trinididad, que aparece en forma de metáfora; Ciervo, Zorro y Cuervo mantienen un cercano diálogo con la protagonista que poco a poco va sintiendo tristeza, dolor y “ginocidio” (entendido como la destrucción sistemática de mujeres en una sociedad determinada) hasta llegar a lo que el director llamará Los Tres Mendigos, mientras que en Melancholia el caos aparece con el personaje de Kristen Dunst y sus sentimientos en confrontación, que en suma, asimila la muerte como mera toma de distancia.


“Mi patrón de tristeza es atípico” ante todo, retenlo porque la angustia es el vértigo de la libertad.

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Referencias: