Los musicales que inspiraron La La Land y debes conocer
Cine

Los musicales que inspiraron La La Land y debes conocer

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Por: Nayeli Lima

3 de febrero, 2017

Cine Los musicales que inspiraron La La Land y debes conocer
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Por: Nayeli Lima

3 de febrero, 2017



La historia del cine es la historia de la humanidad. Al estar al día con las más recientes producciones, puede que se pierda de vista la magnitud de la información y los datos detrás de esas películas que te van marcando. Aunque actualmente la tecnología permite que los espectadores disfruten de las producciones a color, alta definición y con acabado estético impecable, sus características primordiales pueden rastrearse a la época de las películas en blanco y negro.

Recientemente La La Land: una historia de amor fue anunciada como la favorita para arrasar con los Premios de la Academia. Dirigida por Damien Chazelle (Whiplash, 2014), estelarizada por Ryan Gosling (Loco y estúpido amor, 2011) y Emma Stone (Birdman, 2014), la historia se centra en Sebastián, un pianista de jazz que se enamora de Mia, una aspirante a actriz en la ciudad de Los Ángeles.





Un detalle de la producción de esta película es la técnica fotográfica de su grabación en CinemaScope (muy usada durante los años 50). Las secuencias musicales se filmaron de forma tradicional, en una sola toma, sin cortes ni ediciones, lo que le da al canto y el baile el pretexto para desarrollar la historia, clásico drama de amor. La La Land, además de ser una excelente muestra de lo mejor de esta categoría, es un homenaje a los orígenes de los musicales, por lo que vale la pena repasar un poco la historia del género y del cine estadounidense.

La primera película musical fue El cantante de jazz (1927), la cual ganó un Oscar honorífico al ser considerada una pieza pionera que revolucionaría la industria cinematográfica.





Poco después se llevaron a cabo muchos filmes  musicales, entre los que destacan Sombrero de copa (1935), nominado a cuatro Oscar, y Swing Time (1936), con la pareja favorita del género, Fred Astaire y Ginger Rogers. Ambas películas fueron inspiración del director de La La Land para crear algunas de las escenas de baile entre Mia y Sebastián.





A finales de los años 20, el cine a color era un hecho. En 1939 una película que mezcla elementos fantásticos, el cine en blanco y negro con el de color, así como elementos de la narrativa de aventura y musical, cambiaría la historia del séptimo arte para siempre. El mago de Oz (1939), protagonizada por Judy Garlad, es todo un clásico del género, cuya estética y despliegue técnico e innovador sin duda alguna constituye una influencia directa para La La Land.





Durante los años 50 la figura más reconocida del género era Gene Kelly (actor, coreógrafo, director y productor) debido a su participación en cintas como Un americano en París (1951) y Cantando bajo la lluvia (1952). Este largometraje, dirigido por el propio Kelly junto al director y coreógrafo Stanley Donen, es considerado una obra de arte del cine musical y la secuencia que muestra a Kelly bailando y cantando bajo la lluvia es probablemente una de las escenas más icónicas y más homenajeadas de todos los tiempos. La La Land no es la excepción.





En 1961 Amor sin barreras daba la cara por el género. La historia mezcla el conflicto entre pandillas de jóvenes en Nueva York con música y coreografías originales. Fue nominada a 11 premios Oscar, de los cuales obtuvo 10, incluido el de Mejor Película y Mejor Director, lo que convierte a esta cinta en una joya del cine. El director de La La Land rescata varias escenas de este filme y de este modo rendirle tributo.





Hello, Dolly! (1969), basada en el musical de Broadway del mismo nombre y protagonizada por Barbra Streisand y dirigida por Gene Kelly, es una historia de romance y comedia que transcurre en 1890. La pieza musical principal es uno de los últimos éxitos de Louis Armstrong.





En la década subsiguiente surgen nuevas expresiones dentro de este género y las historias se tornan un poco más complejas, pues los elementos musicales adquieren una integración distinta a la narrativa. Producciones como Cabaret (1972), Fiebre de sábado por la noche (1977) y Vaselina (1978) son una muestra de ello. El universo de personajes se compone por figuras más reales y contemporáneas. En cierto modo el contenido es más social.





Durante los años 80 el musical empieza a atravesar su peor momento y casi desaparece. Pocos directores se empeñaron en mantener el género vivo y se arriesgaron acertadamente con producciones como Anita la huerfanita (1982), Víctor Victoria (1982) y Flashdance (1983).





Si los 80 fue un período difícil para el cine musical, los 90 parecían profetizar su extinción. Evita (1996), con la actuación e interpretación de Madonna, es una de las producciones más destacables. Su música fue compuesta como una ópera rock por Andrew Loyd Webber y se basa libremente en la vida de Eva Perón.





El nuevo siglo significó el resurgimiento de muchas cosas, entre ellas la de los musicales. El segundo milenio sorprendió con las superexitosas Moulin Rouge (2001), encabezada por Ewan McGregor y Nicole Kidman y basada en la ópera La traviata, de Verdi, y la novela La dama de las camelias, de Alejandro Dumas; y Chicago (2002), protagonizada por Catherine Zeta-Jones, Richard Gere y Renée Zellweger y basada en una pieza de Broadway de los años 70.





Una de las producciones realizadas en los últimos años y que tuvo bastante aceptación por parte del público es Mamma Mia (2008), estelarizada por Meryl Streep y basada en la música del grupo de pop rock sueco ABBA.





La La Land  propicia el acercamiento de las nuevas generaciones al cine musical, que se ha ido transformando y deformado durante el tiempo.

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Referencias: