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"Mute", la nueva película de Netflix que no vale la pena ver

27 de febrero de 2018

Aglaia Berlutti

"Mute" carece de todo sentido escénico y parece más interesada en deslumbrar que en profundizar en los bemoles de un mundo decadente.



La Ciencia Ficción se encuentra en medio de un renacimiento que asombra por su fuerza y por las posibles implicaciones a futuro. Sobre todo en la forma en que concibe lo humano, lo tecnológico y la mera existencia de hombre en medio de la incertidumbre. Tal vez por ese motivo, Duncan Jones no es un desconocido en el género. Su película Moon (2009) es considerada una brillante rareza del género y un ejercicio de estilo. Con un único actor y en medio de seis escenarios, la visión sobre el horror y el desarraigo de la naturaleza humana en condiciones imposibles creó una nueva percepción de la identidad. Transformó el terror espacial en algo más que un thriller, es una escalofriante visión del individuo y una inteligente mirada a la búsqueda de ese elemento esencial que nos hace humanos. En conjunto, Moon es una mirada a la naturaleza humana desde la periferia, metódica y dura, que resulta en una hipótesis sobre nuestros pequeños temores y sufrimientos colectivos.





Por su parte, la película Mute —que se estrenó en Netflix este año— transcurre por los mismos derroteros que Moon, aunque en un planteamiento mucho menos sutil y poderoso. Según el propio director, la obra no fue pensada como una obra de Ciencia Ficción, sino como un recorrido escalofriante por la oscuridad de la mente del hombre. Y es esa salvedad la que hace de la película una tramposa mirada hacia la Ciencia Ficción que resulta insuficiente para sostenerse como un discurso concreto. Porque la historia —con su reconocible aire noir y su profunda y notoria comprensión de los espacios mentales y emocionales de los personajes— no necesita la Ciencia Ficción para desarrollarse. La disparidad provoca un choque de ritmo y enfoque, analiza y avanza sin mucha coherencia a través de una historia irregular y poco convincente. Lo más desconcertante es el ambiente onírico, hiper tecnificado —la influencia tanto de Blade Runner y su secuela son más que evidentes— y la sensación de una distopía no avanza y se transforma en algo más confuso a medida que la noción sobre el futuro como contexto deja de tener importancia. Es evidente que el futuro es una promesa fallida, un lugar peligroso y violento; pero para Jones esa percepción no parece ser del todo necesaria para narrar la historia central. La puesta en escena parece más un telón de fondo que parte intrínseca del argumento, y justo es esa contradicción la que se convierte en un problema insalvable, no sólo a nivel narrativo sino visual.





Mute parece avanzar a tropezones en medio de una sofisticada mirada al entorno urbano, pero también en una historia en la que esa misma fastuosidad tiene poca o ninguna importancia. A diferencia de Moon y Source Code (2011) —cintas en las que Duncan Jones elabora una concepción sobre el futuro atractiva e inteligente—, Mute carece de todo sentido escénico y parece más interesada en deslumbrar que en profundizar en los bemoles de un mundo decadente y roto por una invisible presión interna. Se trata de una combinación poco acertada de un diseño ultra futurista que lastra el sentido real de la historia. Con su tono lúgubre y levemente retorcido, la película es incapaz de unir los extremos que toca con cierta torpeza. Desde la historia noir hasta la percepción de lo criminal como último reducto de la decadencia cultural, Mute no logra encontrar su tono y ritmo. O al menos no uno que pueda sostener con facilidad la trama entera.


Lo preocupante de la propuesta es que parece demostrar que el director perdió su buen pulso para la narración intimista y concisa, luego de años de ausencia y después del decepcionante resultado de Warcraft (2016) —película basada en el videojuego del mismo nombre y en la que el director demostró una inesperada torpeza. Algo semejante ocurre en Mute, Jones parece luchar para definir una percepción del bien y del mal y analizar la abstracción de la violencia. Aunque la película tiene un trasfondo ambicioso y una meticulosa percepción de lo moral y lo ético, no alcanza un punto de vista lo suficientemente firme como para brindar solidez a la historia. Por supuesto, el guión es el principal problema en esta propuesta ambigua. El argumento no logra sostener ninguna de las vertientes de la historia, y las confunde en una serie de piezas y discusiones dispersas que se entrelazan para contar la historia del personaje principal. Pero el intento es tan corto de miras, que termina convirtiéndose en una batalla perdida entre escenas apenas esbozadas, una línea argumental rota y algo tan lamentable como una percepción moral que carece de sentido.





Para Jones, Mute tiene todas las papeletas para ser una redención tardía a la pérdida de su pulso y buen hacer cinematográfico después del fiasco que supuso Warcraft. No obstante, el filme padece de una lamentable falta de visión sobre lo que desea contar. ¿Es un thriller futurista intimista?, ¿una percepción de lo moral y lo ético en una distopía que apenas se anuncia?, ¿una simple historia criminal con un trasfondo futurista? Claro está, la ambición de Jones aún es considerable, por lo que dota a su singular personaje principal de todos los elementos para ser una curiosidad en el género. Es amish, con una severa incapacidad para hablar y además camarero del principal club de strip-tease de robots de la ultratecnificada Berlín de 2048. Leo Beller se debate entre el cliché del extraño tímido y algo más elemental que Jones no lograr mostrar con claridad en pantalla. ¿Es Beller un héroe, una víctima de la circunstancias? ¿Podrá enfrentarse a la fauna de maleantes y crimen organizado que rodea la Berlín distópica? Jones no está interesado en responder preguntas, mucho menos en construir una percepción coherente sobre su personaje, por lo que la trama avanza con torpeza y confusión. La relación de Beller con el resto de los personajes nunca está clara y de hecho, es esa inexplicable colección de giros inexplicables lo que conduce a la película a un final insatisfactorio, poco convincente y blando.





Además, como si eso no fuera suficiente, Mute toca todos los extremos del crimen, el miedo y las relaciones del submundo criminal para crear una mezcla incomprensible de estilos y pequeños trozos de información que al final no encajan en ninguna parte. Va desde lo criminal asumido como parte inherente de un futuro caótico, hasta una visión sobre los espacios más retorcidos de la mente humana —como esa inesperada representación de la pedofilia en uno de los personajes hacia las últimas escenas de la película que desconcierta por su cualidad cruda. Jones intenta crear un sustrato en el que lo moral se asimila como una versión de la realidad invisible. Pero a pesar de sus buenos intentos para lograrlo, la película no tiene solidez suficiente para crear un discurso comprensible.





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La imaginación de los grandes cineastas nos puede llevar a conocer futuros aterradores, pero si eres de los valientes que no se preocupan por el mañana, aquí te compartimos las 7 mejores películas de Ciencia Ficción que puedes ver en Netflix.



TAGS: Netflix Ciencia ficcion crítica cinematográfica
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Aglaia Berlutti


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