La película que te demuestra que el punk no ha muerto y nunca lo hará

Jueves, 27 de abril de 2017 12:51

|Jake Estrada



Cuando la música crea tribus, está creando al mismo tiempo una nueva forma de cultura. Nada como un sonido realmente visceral para unir y congregar a las personas, especialmente jóvenes inconformes y con una insaciable ansia retroactiva por manifestarse y expresarse abiertamente contra el sistema, las modas, en fin, lo establecido como correcto por una sociedad cada vez más predecible desde el punto de vista socieconómico, cultural y comercial. Hay que aceptarlo, hay momentos de la música, como el rap, el rock e incluso el folk, que han significado una respuesta a ese conglomerado de ideas plásticas que se contraponen a la libertad y promueven lo artificial. Para mejores señas, el punk.

Digan lo que digan, aunque algunos sostengan que el punk ya no es lo que solía ser, está claro que ha trascendido las barreras de sus orígenes y se niega a ceder más espacios frente a lo convencional. El punk es un sentimiento colectivo y global. De hecho lo es tanto que este documental te muestra que existe un vibrante submundo punk en Latinoamérica. Si por este lado del globo terráqueo hay legiones de seguidores de su sonido bruto, directo y contundente, es obvio que en otras partes también.


Pankot ne e mrtov


¿El punk auténtico sigue con vida? Más allá de todas las discrepancias y debates, podría afirmarse que una muestra de su filosofía más pura se encuentra contenida en Pankot ne e mrtov (El punk no ha muerto) de Vladimir Blazevski (2011), una disruptiva película originaria de Macedonia en la que la rebeldía prevalece del movimiento contracultural como una llama de antirrevolución contestataria.





El largometraje cuenta la historia de Mirsa (Jordan Simonov), un cuarentón exestrella de una extinta banda de punk de mediano éxito quien se propone reunir a todos los integrantes para cantar en la ciudad de Debar, cerca a la frontera con Albania. Durante los 120 minutos de metraje se construye una especie de fantasía que invita al espectador a imaginar cómo luciría un Sid Vicious en su etapa posjuvenil de no haber alcanzado el éxito. La actitud y apariencia de Mirsa expone una faceta musical y social de desesperanza de una generación que afirma que los mejores tiempos (tanto en el punk como en Europa del Este) podrían ser cosa del pasado.

Para muchos, el punk es igual a música que no se preocupa tanto por la afinación, sino por la intención de sus mensajes. Sus canciones son cantadas con el espíritu reaccionario antiestablecimiento que lo caracteriza. Por esa razón Pankot ne e mrtov puede ser considerada como una de las películas que capturan con mayor veracidad su sentimiento por medio de canciones rápidas. Sin duda una banda sonora elemental en lo estético y en lo narrativo.


Pankot ne e mrtov


La dualidad que Blazevski planteó en esta cinta consiste en exponer el desencanto que existe entre el futuro de la música y el presente de su país, así como las tensiones políticas latentes entre fronteras, como el caso de Albania. En un sentido amplio, la película no sólo retrata lo underground, sino que, en esencia, es también una obra punk, pues su contexto y lo que que manifiesta parte de aspectos estéticos construidos desde lo clandestino y de la resistencia.

Puede que la mayoría de personas en el mundo sueñe con conocer la torre Eiffel, tomarse fotografías en las ruinas del muro de Berlín o navegar por las aguas de Venecia, pero seguramente muy pocos anhelen ir a Skopie o a otras ciudades de la extinta Yugoslavia. Pankot ne e mrtov es ese filme para alienados que se maneja profesionalmente. Su mera existencia es efímera, ya que no es un producto conocido ni particularmente querido en la propia subcultura que busca retratar.


Pankot ne e mrtov


Por ejemplo, en su lista sobre las películas más influyentes dentro de la historia del movimiento punk, Thurston Moore, guitarrista y cofundador de la banda Sonic Youth, no la incluye ni la menciona. Tal vez con el paso del tiempo muchos valoren su contenido y su relevancia como contenedora de los rasgos que definen al género. Pankot ne e mrtov no le apuesta a vender un falso sueño a los amantes de la música. Por el contrario, es una película rápida y concisa, sin florituras ni piruetas comerciales. Se compone al mismo tiempo de denuncias entre líneas, además de hablar de las melodías inexplicablemente poco valoradas. Sólo hay que verla, ¿no? Mientras haya inconformismo y rabia, el movimiento jamás morirá. Después de todo, así es el punk.

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Si tu apetito por entender, desde la perspectiva cinematográfica, el movimiento contracultural que torció para siempre la mentalidad de generaciones enteras, no puedes perderte la película que sólo los amantes del punk e inconformes con la vida disfrutarán.

REFERENCIAS:
Jake Estrada

Jake Estrada


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