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"A Quiet Place", el lugar en el que podrás sobrevivir sólo si guardas silencio

13 de abril de 2018

Aglaia Berlutti

En la nueva cinta de John Krasinski, el angustiante silencio es la clave para evadir los peligros de un mundo destruido.



En toda película de terror, el sonido —o mejor dicho, su capacidad para crear ambientes y atmósferas sonoras— es una noción del peligro y el acecho que suele ser un recurso efectivo al momento de crear una estructura narrativa. Por ese motivo,
A Quiet Place
del director/actor John Krasinski avanza con sigilo; en medio de un ambiente opresivo, angustioso y casi doloroso basado en lo que se anuncia, antes de lo que se muestra. La película es un ejercicio de tensión elaborada a través de una perspicaz idea de lo misterioso, una tensión que aumenta escena a escena hasta crear un cenit profundamente simbólico. Se construye una versión sobre el miedo basado en algo más complejo que lo evidente. Desde esa primera línea que anuncia que han transcurrido 89 días desde una colosal tragedia apocalíptica, hasta esa extraña dinámica familiar que se entremezcla con pequeños golpes de efecto bien construidos. El resultado es una atmósfera malsana, inquietante, dura, hórrida; pero sobre todo, una experiencia sensorial por completo nueva.





La película no se prodiga demasiado y convierte la acción en pequeñas estratagemas para develar información. La primera secuencia establece qué está en juego: la supervivencia de la familia entera; pero también la forma deliberada en que el terror se manifiesta. El ritmo es rápido, eficaz y cargado de metáforas; pero, quizá lo más importante, es que hay una comprensión de que el mundo tal y como lo conocemos desapareció por completo hasta convertirse en algo mucho más agresivo y peligroso. Con ciertos paralelismos con
La Niebla,
de Darabont (2007), es evidente que hay una percepción amplia y rudimentaria de la distopía transformada en clima de acecho, lo que brinda a la trama una solidez inesperada. La trama funciona desde lo minimalista, pero también desde la concepción del miedo como un evento incontrolable. Hay algo muy semejante entre lo terrorífico y lo doloroso que Cormac McCarthy utilizó con gran tino en su novela
The Road
, la tensión se convierte en una búsqueda de argumentos sobre lo que se esconde en lo invisible.





La supervivencia es el tema principal en un argumento mínimo cimentado en la incertidumbre. Por supuesto, Krasinski como director, logra elaborar un lenguaje persistente de lo escalofriante en el que el silencio se sostiene como un elemento existencial de enorme dureza; pero es el Krasinski actor quien crea la percepción de la amenaza con una actuación efectiva y dura. En medio de un mundo en ruinas, que parece sucumbir con lentitud a una percepción del bien y del mal en eclosión de lo temible, se refleja un tipo de ruptura con la realidad que completa la percepción del silencio como fuente de peligro. La vida corriente parece haber desaparecido con todos sus ruidos, trastornos y brillos, de pronto es ese mutismo aplastante lo que convierte a la acción en una búsqueda de motivos y dolores alrededor de lo individual y lo colectivo devastado por un peligro sin rostro.





Por supuesto, por razones misteriosas que la película descubre con lentitud, todo transcurre en el más completo silencio. Los movimientos, las circunstancias, las interacciones. La percepción de la narrativa en el guión se analiza desde lo que no se dice y se compromete como elemento primordial pero anecdótico. Lo que pasa no es tan importante como lo que podría pasar si se llega a quebrantar esa regla tácita del completo silencio. Y buena parte de la película transcurre enfocándose en lo que acecha y puede atacar en cualquier momento. Es terror puro, pero a la vez es Ciencia Ficción convertida en suspenso. La combinación resulta asombrosa y efectiva. Además, la historia se narra en una combinación bien planificada de sobresaltos medidos por y a través de la ausencia de sonidos y palabras. La conmoción, el miedo y la percepción de lo irreal prescinde del sonido y deja abierta la puerta a la brillante ejecución de una analogía sobre lo que es el ruido como base de la vida moderna. A medida que atraviesa los momentos más complicados, la película se pregunta si se puede prescindir por completo del ruido, el sonido, la palabra; y llegados a cierto punto, esa noción se equipara a la idea de la no existencia, de la persistencia de la memoria de lo que no existe.





El sonido comienza a convertirse en la amenaza misma, una descripción de lo que espera más allá del silencio que todo lo rodea. El ruido toma entonces un espacio protagónico: los sucesos se transforman y se presumen más poderosos, como una barrera hacia lo desconocido. El leve
ras ras
de los pasos sobre las hojas, las respiraciones que se contienen, los crujidos de madera y de telas. Poco a poco, el guión analiza el sonido como un todo argumental y lo convierte en personaje dentro de la extraña dinámica de la película.


Pero claro está, el sonido se anhela, se necesita, como si la existencia misma y corporeidad se sostuviera sobre la plenitud consecuente de las escenas más tensas y terroríficas. Pareciera que esa plena expresión humana —los gritos, la desesperación, los terrores y dolores expresados a través de la palabra— se convierte en una posibilidad abierta que se concatena y se entremezcla con el silencio; como dos extremos de la misma idea que chocan entre sí en una batalla al extrarradio. Esa simplicidad de la lucha por la supervivencia, la cordura y la mera existencia frente a un enemigo del que sabemos pocos, convierte a
A Quiet Place
en una mirada renovada sobre el suspenso terrorífico equiparable al
Planeta de los simios
de Franklin Schaffner (1968) o
El hombre Omega
de Boris Sagal (1971). Krasinski construye al enemigo desde la percepción del vacío —durante el primer tramo de la película jamás vemos al enemigo al acecho—, y ese no existir dentro del silencio es lo que predomina y persiste como una evasión de la búsqueda del sentido. Nos enfrentamos a un silencio maldito que se extiende en todas direcciones a través de un núcleo argumental impecable.





**


Si eres un amante del suspenso y el terror, tal vez te interese esta lista de las 11 películas de horror extremo que casi nadie conoce. Pero si lo tuyo es la televisión, te recomendamos estas 10 series de terror que no querrás ver a solas.


TAGS: Suspenso Cine de suspenso crítica cinematográfica
REFERENCIAS:

Aglaia Berlutti


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