Lecciones de cine y guionismo que puedes aprender de "Call Me by Your Name"

Martes, 10 de abril de 2018 12:04

|Hernan Gabriel Pasternak

Es increíble cómo sin muchas palabras "Call Me by Your Name" ha logrado convertirse en una obra tan íntima.



Call Me by Your Name (2017) es una película dirigida por el italiano Luca Guadagnino —conocido por A Bigger Splash—, basada en la novela de André Aciman del mismo nombre. La cinta fue protagonizada por Armie Hammer —de The Lone Ranger— y Timothée Chalamet —a quien también vimos en Lady Bird—; en ella se narra la historia de Elio Perlman encarnado por Timothée, un joven de 17 años que pasa el verano de 1983 en la casa de campo de sus padres al norte de Italia, leyendo libros, escuchando música y visitando lugares que lo invitan a pensar. Hasta que un día llega Oliver —Armie Hammer—, quien es el ayudante de turno del padre de Elio proveniente de América. Todos definen a Oliver como encantador, atributo que demuestra mostrando seguridad en sí mismo, madurez y elocuencia. Sin embargo, Elio no se convence de estos dotes en un principio, lo trata con distancia y frialdad que no demoran en difuminarse para más pronto que tarde traducirse en atracción, búsqueda de identidad y una profunda excursión hacia quiénes somos. Todo ello orquestado en las calles de Italia y los colores del verano.



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Call Me by Your Name estuvo y sigue estando en boca de muchos. Ha levantado algunas controversias y cosechado más elogios a su paso. Y es que se trata de un trabajo que habla de una relación homosexual sin caer en lo simple, y sin intenciones de impactar al espectador, sino de invitarlo a sentarse junto a los personajes en cada uno de los bellos lugares que visitan. Es claro que de esta película ha surgido un sinfín de reseñas; es por ello que este análisis no estará dirigido hacia lo que vimos en una primera o segunda instancia, sino que nos vamos a sumergir en su atípica estructura para demostrar qué hace de este filme una pieza fresca y la aleja de otros proyectos que abarcan premisas similares. La película logra elegir una temática tan tocada como el amor y caminar a través de pasajes poco convencionales. Luca y su equipo ponen a nuestra disposición un largometraje en cuyo corazón yace una idea hermosa para el arte: lo importante de contar la misma historia está en hacerlo mirándola con otros ojos.



Call Me by Your Name 2



El director ha remarcado que su intención no fue hacer una película acerca de la homosexualidad. No, más bien deseaba retratar al amor en sí visitado desde un rincón diferente, pocas veces transitado. Lo logra pasando por alto ciertas “reglas” peligrosas, casi imposibles de suprimir para muchos autores; y es porque son en las que se basa cualquier tipo de narración y fue Aristóteles uno de los primeros en proponerlas. Dichas “reglas” se tornaron más y más complejas, adquirieron la nominación de métodos con la finalidad de ayudar a las mentes creativas a estructurar sus historias. Existen cientos de maneras de confeccionar un guión, una de las más conocidas es la planteada por Dwight V. Swain (1915-1992), autor y profesor norteamericano que en su obra Film Scriptwriting propone la llamada Teoría-Estructura Swain que consta de cuatro factores que para él resultaban esenciales en el guión:


1. Un personaje principal

2. Una situación difícil

3. Un antagonista

4. Un peligro inminente



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Estos punto fueron utilizados casi al pie de la letra por miles de historias, y se convirtieron en una suerte de reglas. Y así podríamos citar cientos de intelectuales que planteaban prácticamente lo mismo, pero con otras palabras. Si indagamos en los orígenes del guión será inevitable encontrar más y más teorías que de alguna u otra forma coinciden y nos proponen los mismos elementos, a veces más resumidos. Como se mencionó anteriormente, estas técnicas nada tienen que ver con limitar la creatividad, sino que pretenden dibujar un tablero que esclarezca un poco dónde poner las piezas de la historia. Pero la fórmula funcionó una y otra vez, tanto en el cine como en cualquier otro arte narrativo; y en un momento todo contenía un clímax, un antagonista y peligros sobre peligros. Entonces el cine se saturó, nacieron los clichés, la abundancia de giros en la trama y de cuentos tan laberínticos que muy seguramente no apuntaban a ningún lugar. Las películas cansaron a sus acérrimos seguidores, los desilusionó la falta de creatividad, los remakes y reboots que en el fondo sólo repetían una fórmula que funcionaba por miedo a explorar nuevos horizontes y fracasar. Pero siempre hay mentes creativas que llegan para romper esquemas y revolucionar el arte. Aunque muchos otros no alcanzaron a mostrar sus trabajos como merecían, por tratarse de técnicas poco convencionales. Y es ahora que volvemos a conectarnos con Call Me by Your Name para no soltarla más, junto con las rarezas de su estructura.


Luca y André no están dispuestos a entregarnos convencionalidades. En esta película los personajes casi no se encuentran con obstáculos en el camino, todo fluye lenta y hermosamente, de manera orgánica. A pesar de tratarse de un amor homosexual, no sentimos miedo de que la sociedad del universo en el que se mueven se comporte de forma violenta. Acá no hay espacio para eso. Los conflictos con los que se pudo haber llenado la historia fueron remplazados por largos planos de Elio y Oliver montando bicicleta en algún lugar de Italia; secuencias que a más de uno le parecieron aburridas e incluso innecesarias, pero que son en gran parte las responsables de esa cálida sensación que envuelve. Luca ha decidido no editar demasiado los sonidos del campo o de la ciudad, logramos escuchar el agua que corre, las hojas silbando con el viento. De hecho, existe una escena en la que Elio y Oliver están sentados alrededor de una mesa y un bus pasa por su lado; el sonido es tan fuerte que los actores tuvieron que subir el volumen de su voz para lograr conversar. Son detalles que al sumarse construyen una naturalidad poco vista. De vez en cuando, un piano decide aparecer con melodías rápidas que nos entregan cierta emoción.



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El metraje dura una hora con 12 minutos y el guión consta tan sólo de 93 páginas. Suele decirse que cada página se traduce en un minuto de película, pero lo que ocurre acá es que no existen muchos diálogos. Call Me by Your Name se basa más en los paisajes, alargar momentos, proponer silencios. Esto ha dado de qué hablar, el motivo es, sobre todo, que a falta de palabras nunca sabemos muy bien quién es Oliver, tampoco existe una conversación trascendental entre esta pareja. ¿De qué hablarían? ¿Qué palabras usan? No importa, las miradas que ambos se entregan o las que se evitan nos cuentan mucho más. En reiteradas veces, el montaje de la cinta recurre a disolvencias y superposición de escenas. Luca se ha referido a su película como una recolección de tus propios recuerdos de hace mucho tiempo. Podríamos decir que cuando la imagen se funde a negro se trata de Elio cerrando sus ojos para evocar otro recuerdo; cuando se funden, nos narra la amalgama de emociones que están cargadas allí. No existen muchas conversaciones porque lo que más queda en la memoria del personaje son prácticamente fotografías del verano de 1983, y los colores son colores de nostalgia.


Es increíble cómo sin muchas palabras han logrado una obra tan íntima. La mayoría de los elementos nombrados arriba se unen en la secuencia del primer beso; suena el piano acelerado en el lugar que Elio tanto quería, abundan el verde y el amarillo y todo resulta romántico, sin caer nunca en lo soso. Cuando llega la escena de sexo, bien pudo haberse roto la atmósfera delicada, pero no sucede. La pantalla se inunda de azul, lo sutil y la elegancia no nos abandonan por un segundo, y nos dejan un extraño sabor a inocencia. Call Me by Your Name baila en el silencio, se mueve ligeramente debajo de nuestra piel y, junto a ella, intentamos descubrir qué nos quiere decir, cuál es la evolución de sus personajes. Y en lugar de entregarnos respuestas, nos regala sensaciones, texturas, sabores. Es Italia, es amor. ¿Hay algún conflicto? Claro, lo sabemos desde el principio. Oliver no se quedará por siempre, pero a esto no le podemos llamar “peligro inminente”; es algo que naturalmente ocurrirá, de forma tan pausada y solemne que tal vez en varios paisajes lo olvidemos. Y llegamos al final.


Sayombhu Mukdeeprom, su director de fotografía, realizó un trabajo magistral. Tanto así que logra convertir al verano en un personaje más. Gracias a todos los elementos de los que se le dotó, gozaremos de él y sentiremos su ausencia. Por ejemplo, a los padres de Elio se les ocurre que debería salir de viaje con Oliver unos días antes de su marcha. Suben al bus y nosotros aterrizamos recordando que les queda poco tiempo. Los colores vivos comienzan a despedirse con la hermosa canción Mystery of love de Sufjan Stevens. Recorren una montaña, hogar de una cascada de ensueño, cubierta de neblina, mientras Elio llama a Oliver como "Elio", y Oliver llama a Elio como "Oliver". Bailan por las calles, duermen juntos y aparece esta luz azul, ahora muy oscura. Por la mañana, estamos en la estación de tren, sin música, sólo con el sonido de las vías. En este momento una última conversación o una sola palabra bastan para dejar más tranquilos a los que sufrían como Elio. Nada de cosas convencionales, sólo se miran, se abrazan, y Oliver se larga en otra extensa escena del tren junto al verano. Los colores brillantes no demoran en ser reemplazados por gris y azul oscuro.





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Son muchos los detalles que componen a una gran película, pero cuando además refleja los sentimientos de toda una sociedad se convierte en una joya que puede llegar a influir en la manera de pensar y quizá revolucionar algunas ideas que antes no compartíamos; en este caso, comprender a una comunidad. Aquí te compartimos otras 12 películas para entender el orgullo LGBT; o si la literatura es tu hitcon estos libros podrás comprender los derechos de los homosexuales a través de la historia



REFERENCIAS:
Hernan Gabriel Pasternak

Hernan Gabriel Pasternak


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