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'Thor: Ragnarok', la aventura por evitar un apocalipsis y cómo reírse en el intento

3 de noviembre de 2017

Octavio Alfaro

Fueron necesarios 180 millones de dólares para producir la cinta, tercera entrega de la saga del superhéroe nórdico

Desde hace algunos años las películas de superhéroes han invadido las pantallas grandes para entretener al público con su definida fórmula: efectos especiales por todas partes para materializar batallas épicas, personajes adaptados de las historietas que buena parte de los fanáticos conoce y una historia lineal del bien contra el mal. Esto tal vez ha generado una reacción generalizada que lleva a muchos a pensar que la creatividad hollywoodense se está estancando en esta corriente fílmica y que, de hecho, las películas de superhéroes es lo peor que le ha pasado al cine. Sin embargo, más allá del debate sobre cuál franquicia tiene los mejores personajes, todo parece indicar que Marvel está en busca de ideas frescas para sus cintas y darle así un giro a la forma de contar las hazañas de los involucrados. Éste es el caso de Thor: Ragnarok (Taika Waititi), la tercera entrega sobre este personaje, en la que el dueño del Mjolnir lucha contra diversos obstáculos para impedir la ejecución del Ragnarok, un apocalipsis mortal para su planeta de origen, Asgard, y sus habitantes. En el transcurso de la aventura se encuentra con viejos conocidos y nuevos aliados, además de redescubrir su poder luego de la destrucción de su martillo a manos de la villana Hela, la Diosa de la Muerte.



Todo luce normal hasta aquí. El superhéroe/dios nórdico se encamina a salvar su mundo de la destrucción masiva, pero la producción se carga de otro contenido con otra personalidad: el humor. Tampoco es de extrañarse, producciones como Guardians of the Galaxy (James Gunn, 2014) y Deadpool (Tim Miller, 2016) lo han hecho un sello. En Thor: Ragnarok desde el comienzo hay bromas en muchas situaciones y llega un punto en que parece más una comedia que un largometraje de acción. Todo es un chiste para los protagonistas: desde ofensas blandas, nombres atípicos de las cosas, hasta arrojar objetos por molestar y cosas sin sentido.

Este tipo de narrativa provoca que los personajes sean desvirtuados. Su carácter y forma de ser salen de lo ordinario para dar paso a actitudes bobas y simplonas. Thor resulta temeroso e inocente, Hulk se comporta como niño, Loki no muestra su codicia ni su ambición, siendo más empático. Han sido dotados en esta cinta con rasgos muy distintos con los que eran conocidos años atrás.



La historia principal da dos pasos atrás para avanzar uno. Se conoce nueva información del pasado de Odín e inclusive de Asgard, así como de las guerreras valquirias, para después mostrar el desenlace del presente y las repercusiones de eso en su futuro. Esto sí es algo ordinario en estas producciones, la problemática es que todo esto se cuenta en 40 minutos aproximadamente de las dos horas y diez minutos de toda la cinta. Lo demás está repleto del muchas veces injustificado humor de pastelazo.

La música es un factor importante para la narrativa. Comienza con fuerza orquestando una de las peleas, pero poco a poco disminuye su presencia y pasa de ser un ingrediente primordial a un débil acompañante sonoro.

De las cosas rescatables está el enfrentamiento entre Thor y Hulk. Rodeados de una inmensa arena y con el poder colosal de ambos, no se guardan nada para demostrar su valía. Con efectos hechos a computadora, además de tomas que permiten apreciar los detalles, se convierte en una de las pocas escenas rebosantes de calidad visual, el estilo característico de Marvel.



Existen un montón de referencias a otras producciones, como Star Wars, El señor de los anillos, las películas de Los Vengadores e inclusive hay un toque de la serie The Big Bang Theory. Si bien es un recurso válido inspirarse en otras obras y hacerles un homenaje, evidenciarlo de manera poco sutil denota falta de imaginación para sacarle jugo a la propia historia de Thor en los cómics y adaptarlo a la cinta.

Algunos podrían encontrar en Thor: Ragnarok una historia decepcionante. La decisión de tratar de refrescar la temática del género de superhéroes tal vez no está tan lograda y luce algo forzada. El cambio en la actitud de los personajes sólo hace que sean simplones y sin carácter. Los fanáticos de hueso colorado de las historietas originales puede que la pasen mal al ver tantas licencias de los realizadores para sacar de contexto a los conocidos y antiguos personajes de la casa de las ideas.

***

No vale la pena seguir negándolo: hay películas que vemos sólamente por su banda sonora. Si quieres conocer más soundtracks asombrosos, aquí te compartimos la lista de las mejores bandas sonoras de los 90.

TAGS: Taste of cinema crítica cinematográfica comics
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Octavio Alfaro


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