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Los finales de película más confusos que aún no podemos explicar

14 de diciembre de 2017

Alonso Martínez

Mucho se ha hablado de esos filmes que ya tienen explicación, pero ¿qué hay de aquellos que son tan ambiguos que no pueden ser aclarados?



Dicen que es imposible entenderle al final de Evangelion, pero la verdad es distinta.


El complejo trabajo de Hideaki Anno tiene todos los elementos para comprender lo que sucede a lo largo del caos que parece ser The End of Evangelion, la cinta que cuenta como los últimos episodios de la icónica serie. Viendo los primeros episodios y entendiendo completamente los propósitos de cada personaje, al igual que la mitología que se desarrolla, es fácil adivinar lo que sucede durante la película. Sin embargo, todo parece tan enredado y extraño que sólo si prestas mucha atención puedes llegar a conectar todos los hilos.



Pero son los últimos 10 segundos los que provocan una confusión más fuerte. Aunque comprendamos todo lo que sucede durante el inicio y hasta el clímax, es ese encuentro entre Shinji y Asuka lo que nos hacen dudar del futuro de los personajes y del mundo en el que viven. Aunque mucho se ha especulado, Anno no ha dado una respuesta correcta y quizá nunca la tengamos. Sólo existen especulaciones que sugieren que ambos reconstruirán el mundo poco a poco, dependiendo de la voluntad de Shinji, pero en realidad no importa saber. Lo relevante es que tuvo la valentía de regresar a Asuka a la realidad, lo cual es un primer paso para su futuro y funciona como un final satisfactorio.


Al igual que ése, existen algunos de esos finales que se mantienen ambiguos pero que son perfectos de cualquier manera. Así que si no le entendiste a alguno, no te preocupes, ése es el propósito y gracias a ello tenemos algunas de las mejores películas de la historia.


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Synecdoche, New York (2008)

Charlie Kaufman



En realidad no importa la lógica dentro de este confuso final, ya que logra el cometido del autor sin darle el protagonismo a si estamos viendo el plano real o si aún seguimos en la imaginación del protagonista. Charlie Kaufman, guionista y director, siempre ha usado esa división entre lo verdadero y lo ficticio en sus obras, pero en este trabajo todo es llevado al límite. Caden Cotard lucha por escribir su obra maestra; sin embargo, su mente es un torbellino de ideas que son casi imposibles de seguir; así que para lograrlo, se adentra completamente en su mundo hipotético hasta que su relación con lo tangible desaparece. Al final, después de un suceso brutal que lo deja caminando en una ruinas, el hombre se prepara para su muerte mientras, finalmente, descubre tanto el significado o la importancia de la vida, como el verdadero tema de su obra de teatro, y al final, el director que le está indicando cómo actuar le dice que muera. Algunos piensan que en realidad todo es parte de la misma obra, otros que estamos presenciando la muerte mental del autor, y también está la creencia de que sólo estamos viendo cómo él logra entender lo que sucede a su alrededor y su propósito. Kaufman nunca ha revelado la verdad, pero es innecesario. La ambigüedad del final es crucial para la narrativa y satisface en todos los sentidos. Es parte del trabajo y sin él todo sería distinto.



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Les quatre cents coups (1959)

Francois Truffaut



Al final de Les quatre cents coups, el joven Antoine Doinel, quien fue entregado a la policía por sus padres, decide huir del centro para chicos problemáticos y se dirige hacia el océano, el único lugar con el que ha soñado. Sin embargo, Truffaut redefinió el cine con el momento final, en el cual sólo hace un zoom in al rostro de Antoine, quien no parece ni alegre ni triste, sino simplemente confundido. La primera idea que aparece en nuestra mente es que es el momento apropiado para terminar la historia ya que el chico logra escapar y se encuentra frente a la libertad, pero la manera de acercarse a él nos sugiere que hay algo más detrás. En realidad no existe una conclusión y el joven sigue en un estado de persecución. El hecho de que esté cerca del océano no nos dice nada, ya que en toda la cinta ha estado huyendo constantemente, entonces la forma amenazadora en la que lo observamos puede significar también que el chico está entrando en una prisión distinta, una metafórica. Aún no se entiende y la duda continúa dentro de él por su edad. La ambigüedad es confusa, pero es parte de la obra y de esa nueva forma de crear cine. No hay explicaciones y es prueba de que el cine puede ser como en la vida real: no hay cierre y no todo se soluciona mágicamente. Cualquiera puede entenderlo de la forma en que lo prefiera.



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A Serious Man (2009)

Joel & Etan Coen



Uno de los mejores finales de la historia. Toda la trama de A Serious Man se enfoca en los actos de Dios y en su posible inexistencia. Durante toda la cinta Larry es víctima del destino: su esposa lo deja, sus hijos lo desprecian, se ve tentado a cometer pecados y se rehúsa ya que es un hombre recto que cree que será castigado si hace algo equivocado. Al final de la cinta todos los problemas continúan acogiéndolo, así que decide deshacerse de algunos para poder vivir de forma más tranquila. En ese momento, su hijo presencia un fuerte tornado que se aproxima hacia él, lo cual nos sugiere que Dios está a punto de castigarlo, pero es justo preguntar: ¿por qué no hubo una sentencia para los que le hicieron daño y los que cometieron pecado? ¿Por qué si toda la cinta se enfoca en asegurarnos de que Dios no existe, en ese momento muestra algo que sugiere lo contrario? El final juega con nuestras creencias y nos hace pensar en Dios cuando en realidad puede ser una casualidad; inevitablemente nos convertimos en Larry y el filme termina antes de decir algo más. No hay una explicación clara de por qué sucede el desastre, pero ése es justamente el punto. Nunca tendremos la respuesta.



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Pi (1998)

Darren Aronofsky



Max Cohen lentamente desciende en una espiral de locura como consecuencia de su obsesión por el número Pi, y después de sufrir múltiples dolores de cabeza, lo vemos tomando un taladro para insertarlo en ésta, sugiriendo un suicidio. Sin embargo, la escena final lo muestra en un parque junto con Jenna, la niña que le hace preguntas matemáticas, pero Max parece tranquilo y no le responde la primera operación. La chica insiste con una segunda (la cual tiene como resultado un número cercano a Pi), pero el hombre se limita a sonreír y mirar los árboles. ¿Murió? ¿Finalmente salió de la locura? ¿Estamos viendo su mente sin el caos? No existe una respuesta clara, y sigue siendo uno de los finales más confusos de la historia.



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Blade Runner (1982)

Ridley Scott



Aquí debemos aclarar que nos referimos a The Final Cut, la versión definitiva de Blade Runner, en la que el final tiene muchas más capas de información. En la última secuencia, Deckard regresa de su enfrentamiento con Roy y decide escapar con Rachel lo más pronto posible; sin embargo, Gaff deja uno de sus unicornios de origami en el piso, el cual vemos antes de que partan. El unicornio ha sido motivo de disputa. Algunos creen que Gaff lo puso ahí para recordarle a Deckard que Rachel es una replicante y que morirá, pero otros aseguraban que lo hizo para decirle al Blade Runner que él también es un clon. La secuela nos confirma que el personaje de Harrison Ford es humano, lo cual nos hace reconsiderar el propósito del unicornio. Algunos creen que es un símbolo de la memoria y un recordatorio de que no importa qué es lo que nos hace humanos. De cualquier forma, sigue siendo bastante confuso.



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No Country for Old Men (2007)

Joel & Ethan Coen



Este final no es necesariamente confuso, ya que es sólo una nota extra para remarcar los temas que se abordan en el filme. No Country for Old Men ha sido llamada una de las más grandes obras de todos los tiempos por ese motivo; no tiene una estructura convencional y se enfoca sólo en mostrar la inevitabilidad en la que se desarrollan los personajes. Al final el Sheriff Bell le cuenta dos sueños a su esposa: uno en el que pierde el dinero que su padre le dio y otro en el que viaja con su padre y éste se adelanta para preparar una fogata en la oscuridad. Las historias, aunque parecen un sinsentido, se relacionan con lo que vemos en el filme; la frustración de no poder tomar control de lo que sucede a nuestro alrededor y los dilemas morales que se encuentran los protagonistas en el filme. Al final todo termina en un súbito corte que no nos ofrece respuesta (ya que no existe ninguna) y gracias a esa confusión el trabajo es tan importante actualmente.



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Estos finales son grandes ejemplos de cómo crear una historia de impacto sin atarse a las tradiciones del cine convencional. Las últimas secuencias fuerzan a la audiencia a cuestionar lo que vieron y a profundizar de una manera más fuerte en los temas de los que habla o analizar la historia por completo. Aunque son inexplicables, ofrecen otras alternativas para satisfacer a la audiencia y así lograr que se sientan como obras totales. Y sin ellas, seguramente el cine no sería igual.


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Alonso Martínez


Editor de Cine

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