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Filosofía y nuestros secretos más oscuros: el verdadero significado del cine

18 de septiembre de 2018

Cultura Colectiva

Conoce estas películas que explican el verdadero significado del cine y descubre cómo nos hace reconocer las partes más oscuras de nosotros mismos

Texto escrito por: Mireangelis Herrera


“sólo puedo en efecto ser el enemigo de nuestro tiempo

a que su tarea apunta justamente a la abolición del tiempo

en el que no veo en ese estado que una vida merezca ser vivida”

Jean-Luc Godard

“Historia(s) del cine”. 1998.


Jean-Luc Godard, director de cine francés, consideraba que la naturaleza del llamado séptimo arte recaía en su carácter catalizador de realidades objetivas; debía poder reseñar y llevar a la gran pantalla los grandes problemas de la época, buscando así dar respuesta a las necesidades del sujeto social dentro de su entorno. Surge entonces la necesidad de si bien demostrar la tesis de Godard, profundizar en otras categorías, que no sólo nos hacen palpar el cine como un agente recopilador de realidades, sino ir más allá, demostrando que el cine es un medio de transfiguración del individuo. Es un fenómeno que revela un nuevo horizonte, la posibilidad de ser una figura renovada en mayor o menor medida sobre la propia naturaleza, un signo de esperanza de la propia existencia.


El cine tiene la capacidad de promover esta transformación, pero el hacerlo es una decisión propia del inconsciente, desde la lógica de la piel y las entrañas; desde la ensoñación, desde sus actos y el deseo de transitar con ojos nuevos el mundo. 

Esta transfiguración la podemos entender como un sitio de intercambio donde convergen distintas categorías de análisis: Sujeto, como representación psicológica, Objeto como realidad ontológica y la Representación como carácter lógico. Estas categorías de interacción funcionan para unir lo percibido, lo sentido y lo memorado.


El cine más allá de la conceptualización técnica que todos conocemos, más allá de la narración de una historia real o imaginaria a través de una secuencia de imágenes, invita al espectador a la reflexión sobre sí mismo y sobre su entorno político, social y cultural, permitiendo que el hombre se cuestione; buscando tocar la fibra sensorial a través de una secuencia de imágenes y sonidos, provocando una especie de desorientación que permite al espectador ubicarse dentro de contextos y emociones que jamás ha palpado de una manera real. 



En este sentido, se pueden establecer dos categorías del desarrollo del cine como transfiguración: 


La antropología del cine


Esta categoría puede responder de manera directa o indirecta a su contexto, la primera haciendo alusión al devenir de sucesos históricos y la segunda atendiendo a una naturaleza conceptual, elaborando así en sus dos instancias una consciencia de lo ocurrido. Se conoce como cine político, categoría que hasta el siglo pasado se condensaba en tres espacios, el cine ruso, el cine alemán y el cine estadounidense, bajo el nombre de tres ciudades Moscú, Berlín y Hollywood, de tres sueños, de revolución, de memoria y de libertad. Este tipo de cine procura, a través de la gran pantalla, violentar la memoria o sacudir la consciencia; confirmar la presencia de lo real como trauma. Además, evoca de manera tangible la relación entre representación y el objeto; cinco directores materializan esta idea de manera idónea: Jean-Marie Straub y Danièle Huillet con “Kommunisten” (2014), Charles Chaplin con “The Great Dictator” (1940), Roberto Rossellini con “Germania, anno zero” y David Griffith “The Birth of a Nation” (1915). 


Straub-Huillet, matrimonio compuesto por Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, son los responsables de llevar a la gran pantalla la obra del novelista francés André Malraux Kommunisten”, bajo ese mismo título. Esta obra retrata hechos inéditos en la historia del cine.


“On n’a jamais vu ça. Hitler en pyjama, Mussolini en chemise de nuit et Chamberlain en tenue d’bain…” [Nunca vimos eso. Hitler en Pijama, Mussolini en camisón y Chamberlain en ropa de baño]. 


Película que se establece como una utopía comunista, es una manera política de irrumpir con el presente. Siguiendo la idea expuesta al comienzo, Straub-Hulliet expresa que siempre hay “un olvido en la memoria con el que el artista, el cineasta, debe saber contar”, proponiendo así una profunda reflexión sobre la historia, la identidad y las fronteras europeas. En esta obra ambos cineastas buscan reflexionar sobre las lecciones de la historia, avanzando en un análisis marxista del capitalismo y la lucha de clases, buscando generar una revolución de la conciencia política, especialmente entre los trabajadores y campesinos; los colonizados y los explotados. Es una crítica a la forma contemporánea del imperialismo y el militarismo de la época. 



Charles Chaplin, escritor y director de The Great Dictator, llevó con esta obra a la gran pantalla en primera instancia una parodia hacia el nazismo alemán encabezado por Adolf Hitler, en los primeros compases de la Segunda Guerra Mundial, estableciéndose como una obra reveladora. Chaplin tuvo la intención de profundizar en los derechos humanos del hombre sencillo, hecho que se puede apreciar en su antológico discurso final, utilizando la metáfora como recurso invaluable para la denotación de la crítica, recordándonos al mejor estilo de Chaplin que lo tragicómico, lo grotesco y lo paródico están al servicio de uno de los episodios más terribles de la historia de la humanidad. The Great Dictator es una resistencia expresiva al contexto dominante de su momento, el hecho de que haya sido rodada mientras acontecían los hechos le da un plus que paradójicamente no es característico del cine, en esta obra el cine alcanza lo real, más allá de que no exista un registro tácito histórico de lo ocurrido. 


Por otro lado, posterior a este hecho en la misma línea tenemos a Roberto Rossellini con Germania, anno zero, película que retrata la Alemania de la postguerra, explorando los efectos colaterales del nazismo dentro de la sociedad, no es más que el pasado reclamando su derecho como resistencia al olvido. A modo de prólogo, Rossellini nos muestra la destrucción de la ciudad a través de unas imágenes de carácter documental que nos van aproximando al núcleo de Berlín, nos enseña aquello que no logramos sepultar ni demoler: los vestigios de una ciudad. El director nos acabará por exponer el parlamento alemán devastado, el lugar de la representación hecho ruina, el espacio por excelencia donde los ciudadanos podían reflejarse políticamente, mostrando así un mundo que acababa de perder la racionalidad antropomórfica de sus coordenadas. 


David Griffith, director estadounidense creador de la gran obra maestra The Birth of a Nation, se estableció como una especie de rompimiento de la técnica tradicional cinematográfica, ofreciendo grandes avances a la ejecución y establecimiento de las ideas a través del cine mudo. Siendo además una película histórica que esboza de manera extraordinaria lo abominable de las guerras con sus efectos colaterales, además de denotar lo trágico de la naturaleza de la esclavitud como condición humana y como hecho histórico; el tema central de la película es la libertad sociopolítica.



Podemos aseverar que el cine político tiene la capacidad de impregnar al individuo de otras realidades, de ubicarlo en contextos a los que, aunque no haya presenciado de manera real, puede trasladarse. El individuo tiene esa capacidad de transfigurarse a través de lo percibido, como sujeto social; es por ello que Kommunisten, The Great Dictator, Germania, anno zero y The Birth of a Nation tienen en común su pertinencia en lo político y su contexto, que transciende el horizonte de la temporalidad y de la ubicación geográfica, con una notable capacidad para reflejar lo real desde enfoques completamente distintos.


Estas obras contribuyeron y siguen contribuyendo a la identificación social y emocional del individuo, buscando así la reconstrucción histórica. Fueron obras que formaron parte de la batalla de estilo que engendra proposiciones políticas, haciendo visibles y audibles a mundos olvidados o en peligro de serlo. En la misma línea, nos encontramos con el mismo fenómeno asumido de manera disímil, de la mano del cine conceptual; ya no es el cine como muestra de una realidad histórica totalizadora, sino el mismo como un entramado meramente conceptual, revelando así una conclusión mucho más íntima, siguiendo un proceso de orden simbólico más que histórico.


Stanley Kubrick con “A Clockwork Orange” (1985), Lars Von Trier “Nymphomaniac” (2013) y Peter Weir “The Truman Show” (1998), aplican el método demostrativo para cuestionar o normalizar una práctica social predominante. 


Stanley Kubrick, “A Clockwork Orange”, basado en el texto que lleva el mismo título de Anthony Burgess, es una obra que explora temáticas desde la subyugación psicológica a través de prácticas psiquiátricas, hasta el rol del Estado como regularizador de la conducta. Muestra una enriquecedora discusión sobre conceptos como “norma”, “regla” y “ley”, acompañado por el peligroso debilitamiento de los vínculos sociales. Si bien es cierto que la conducta de Alexander el protagonista deja mucho que desear dentro de los cánones del comportamiento social, no es menos cierto que la actuación del Estado sistemáticamente opresor ha fallado, justamente por esa naturaleza aniquiladora del individuo dentro de la sociedad. En mayor o menor medida esta es una obra que muestra a los preceptos del constructo social en contra de la individualización subjetiva.



Lars Von Trier “Nymphomaniac”, el director danés nos lleva a lo más básico y a su vez profundo de la sexualidad humana de la mano de la obsesión de una mujer ninfomaníaca y su interacción con su entorno social. Es preciso señalar que el pensamiento de la sexualidad a través de la obra adquiere numerosas y complejas significaciones difíciles de clasificar, las cuales se conforman como una especie de muro entre la conducta esperada por la sociedad y la conducta individual del sujeto. Es importante recalcar que acoplarse a lo esperado por la sociedad, presupone la renuncia de la libertad por parte de la protagonista, producto de la intención de normalización social. Es por ello que Von Trier en este film aborda ciertos paradigmas que van encaminados a redefinir ciertas construcciones sociales, que se imponen como “bueno” o “malo” ante un comportamiento que deviene de la máxima expresión de la individualización. 


“The Truman Show”, es una película que en primera instancia parece darle vida con una variación moderna al mito de las cavernas. Trata de la vida de Truman, la cual está siendo filmada desde los comienzos de su existencia como ser humano, las 24 horas, los 7 días de la semana para el resto de la humanidad, sin que este esté al tanto, debido a la creación de un mundo dentro de otro mundo, una ciudad llamada Seahaven, que en primera instancia da la impresión de ser una isla. Todo este entramado no le permite a Truman distinguir entre lo real y lo ilusorio, aceptando lo que percibe tal cual como se lo presenta, hasta que las imperfecciones de ese mundo, controlado por un famoso productor de cine van generando dudas en el protagonista y termina descubriendo la verdad. Esta película pone al descubierto el sistema como falacia de la realización del individuo, la vida como simulación del constructo social. Lo expresa Marlon al comienzo de la cinta cuando afirma que “nada de lo que se ve es falso, sólo está controlado”, bajo esta modalidad funciona el mundo de las apariencias en este film. 


Estas tres obras incluyen una variable más a la formula inicial del cine antropológico, el instinto como representación imaginaria por su capacidad de recrear y llevar al espectador a fronteras desconocidas de su pensamiento. En preciso señalar que tanto la violencia física que nos muestra A Clockwork Orange, como la violencia estructurada presente en Nymphomaniac, contribuyen a la transfiguración del individuo, justamente por desarrollarse de una forma personalizada, en ambos casos, el conflicto se desarrolla como ‘sociedad contra el individuo’, generando una tensión entre la mirada del espectador, la gran pantalla y su sistema. Al igual que The Truman Show, son metáforas satíricas de los abusos de la sociedad como ente regente y regulador de la conducta, una proyección de la angustia ante el cambio brusco. 



La esencia del cine


Esta categoría no corresponde a un espacio geográfico per sé, ni a un hilo histórico, sino que posibilita puntos de encuentro con la filosofía, generando experiencias y relaciones sensibles con escenarios diversos, basados en el “conocimiento sobre sí mismo”, así como el “ocuparse de uno mismo”. Accesan a la verdad subjetiva bajo un estado confesional, íntimo, donde la acentuación lírica y fotográfica poseen una gran relevancia. No se trata de la interacción del individuo con la sociedad, ni con los preceptos que la acompañan, sino más bien una especie de contraposición del individuo con su alter-ego, permitiendo así romper con los modelos tradicionales del pensamiento hegemónico. Cuatro obras fundamentales para materializar esta categoría son: “Memento” de Christopher Nolan (2000), Andréi Tarkovski, “Stalker” (1979), Ingmar Bergman con “Det sjunde inseglet” (1957) y por último Zack Snyder con “Watchmen” (2009).


Christopher Nolan en “Memento” modela los principios de la neurociencia como la diferenciación de la realidad y las ilusiones, y el cómo éstas son percibidas. En este caso hace alusión a la vida de Leonard Shelby, un ex-investigador de una compañía de seguros que trata de encontrar al asesino y violador de su mujer, impedido en principio por una amnesia anterógrada que le impide crear nuevos recuerdos, por lo que para acordarse de su venganza y de las pistas que encuentra sobre el asesino debe dejarse notas a sí mismo que le recuerden lo que ha descubierto. Este fenómeno genera una especie de atemporalidad entre la percepción y los sentidos, que ocasiona una disonancia de identidad personal, lo cual nos hace preguntarnos si es posible que un individuo posea identidad al no poseer memoria.


“Todos necesitamos recuerdos para saber quiénes somos. Yo no soy distinto”.


Al final de la película Nolan nos muestra como el protagonista era el culpable del asesinato de su esposa de manera accidental, hecho que se negaba así mismo cada día, y su única decisión consciente era la de mentirse a sí mismo para poder continuar. 

“Stalker”, de Andréi Tarkovski, es una obra donde la psicología, la filosofía y la poesía se dan sorprendentemente la mano para componer un circundante film donde la imagen, el sonido y la palabra nos llevan a los más enigmáticos lugares de la psique y de la condición humana. La base argumental de la película gira en torno a la zona en la que los habitantes hablan de la caída de un meteorito o de que la misma fue habitada por una civilización extraterrestre que posteriormente se fue. En la película dicha zona está cerrada y fuertemente protegida por los militares dado que algunos hombres que entraron en ella jamás volvieron, cabe destacar que en el centro del espacio físico restringido se encuentra una habitación que tiene la facultad de realizar los deseos más recónditos del ser humano. Por dicho motivo dos hombres, un escritor y un profesor, se embarcan en un viaje hacia la zona acompañados por un stalker. Los tres personaje poseen una personalidad bastante marcada, fundamentada en: la pérdida de la inspiración, el escepticismo y la rebeldía (escritor), la desdicha, la frialdad y el silencio (profesor) y una especie de híbrido entre los dos primeros que sería el stalker



‘La zona’ se puede vislumbrar como la vida, en la que la humanidad sucumbe o aguanta; donde la resistencia depende de su visión de la misma como realidad modificable, basándose en la capacidad de distinguir lo sustancial de lo accidental. Es un lugar donde la desesperación tiene una oportunidad, la oportunidad de perderse, y así encontrar el camino hacia uno mismo. 


“Det sjunde inseglet” de Ingmar Bergman es una obra que afronta algunos de los temas que determinaron el primer período del director como el sentido de la vida, la muerte o el silencio de Dios. En primera instancia presenta el retorno del caballero cruzado Antonius Block a su país, una Suecia devastada por la peste negra, en el camino le aparece repentinamente la muerte que le indica que viene a buscarlo, por lo cual Block le propone jugar una partida de ajedrez en la cual si vence él la muerte le permitirá seguir con vida, mientras que si pierde él la muerte podrá proceder a llevárselo con ella, bajo la premisa de que la muerte realmente no tiene nada que perder. Después de este episodio el protagonista entra en una especie de crisis existencial en la cual comienza a cuestionarse lo vivido, basado en el horror de la nada empieza a sentir la necesidad de tener garantías sobre la continuidad de un más allá, de la existencia de un Dios.


En el transcurso de la película el protagonista se ve inmerso en distintas situaciones y diálogos que lo llevan a la aceptación de la muerte como un hecho impostergable, comprendiendo cuán importante es el aprovechar el presente.


Zack Snyder lleva a la gran pantalla “Watchmen”, novela gráfica de Alan Moore y David Gibbons publicada en 1986, la cual se desarrolla en un mundo alterno donde existen los superhéroes, en este mundo alterno, Estados Unidos ganó la Guerra de Vietnam y la Guerra Fría sufre escaladas mayores paulatinamente. Esta obra en principio versa sobre la responsabilidad, la ética y el control de los superhéroes, tomando como premisa fundamental la pregunta: ¿Quién vigila a los vigilantes? 

Es preciso señalar que estos se conjugan como superhéroes atípicos, lo que en términos de la cultura pop se conocerían como la generación de los antihéroes, mostrando su lado más perverso y ruin, por este motivo terminan siendo anulados por el sistema como forma de control; por ejemplo, Ozymandías se transforma en un magnate filántropo y el Comediante sirve como agente de Estados Unidos.



En este apartado nos concentraremos en la visión que posee Dr. Manhattan, metahumano inmerso en un mundo paralelo realista, un agente externo a la humanidad, lo que significa una pérdida de contacto con la misma. Su relación con los preceptos humanos es de carácter ambiguo, un ejemplo de ello es su visión sobre el tiempo: “No existe el futuro. No existe el pasado. ¿No lo ves? El tiempo es simultáneo. Una joya de estructura intrincada que los seres humanos insisten en contemplar solo desde un lado cada vez, cuando el diseño total resulta visible en cada cara”. El Dr. Manhattan en términos filosóficos encarnaría la expresión nietzscheana del “más allá el bien y del mal”, denotando su indiferencia por la vida ante la conservación del planeta tierra, decepcionado de la naturaleza humana como forma de realización.


Estas tres obras definidas anteriormente, añaden aún más a la formula inicial, invitan al espectador a fragmentarse, quedando así pedazos más o menos conectados, como parte de una voluntad consciente.

Bajo esta premisa el individuo necesita comprender y sentir todo aquello que lo interpela desde el fondo de su ser y desde la totalidad de la realidad; desde luego hace falta que algo suceda, que una experiencia venga a romper el tono monocorde que puede adquirir con facilidad la existencia, para que el sujeto muestre su temple.

Es preciso resaltar que el cine también puede promover la conmoción enseñándonos a ver de otro modo lo que antes veíamos sin mirar, conceptos, realidades, ejercicios y sensaciones que ignorábamos por completo. En una existencia sin conmoción, el cine se reduce a mercancía, objeto de consumo y entretenimiento, donde no pasa nada, donde nada merece ser contado. 


Todo esto es lo que nos permite aseverar que el cine no es solamente para divertirnos si se analiza como un todo, no es un mero recreo tomado en medio de la seriedad de la existencia; por el contrario se ofrece como uno de los pocos modos de decir lo que se escapa al concepto, al pensamiento reductivo y facilista.


Lo que se expresa a través del cine no lo podemos decir de otra manera, no hay principio de sustitución. Dos efectos son provocados por el cine: detiene, en una suerte de permanencia temporal, la radicalidad de una experiencia; y eleva lo ya sedimentado y mecánico al nivel de una novedad.


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