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"Pequeña gran vida", la ironía de hacerse pequeño para salvar la Tierra y perderlo todo en el intento

23 de enero de 2018

Octavio Alfaro

"Pequeña gran vida", dirigida por Alexaner Payne, es una sátira de corte social que mezcla elementos de ciencia ficción, drama y comedia

Uno de los problemas a mediano plazo para la humanidad entera y su estancia en la Tierra es la sobrepoblación. La cantidad de habitantes en el planeta comienza a ser exorbitante; por ende los recursos naturales se acaban conforme transcurren los años y los nacimientos prosperan. Los alimentos no alcanzan para saciar el apetito de todos y por supuesto la economía no favorece de forma equitativa. En este contexto de referencia, Alexander Payne nos muestra un futuro utópico con su cinta Downsizing, traducida al castellano como Pequeña gran vida, en la cual la ciencia ha avanzado hasta el grado de encontrar la forma de encoger personas hasta los 12 centímetros de alto. Los valientes que se someten a este proceso, tienen todo para ganar y poco para perder: además de ayudar a cuidar a la madre naturaleza, el dinero les alcanza sustancialmente para vivir como millonarios en ese formato con cantidades mínimas en comparación con la vida de tamaño real. Sumado a esto se albergan en comunidades establecidas, donde la paz reina al no tener que lidiar con problemas cotidianos como la delincuencia, el tráfico, etc. Por supuesto la economía y las preocupaciones disminuyen considerablemente. En ese sentido, Pequeña gran vida es una sátira de corte social que mezcla elementos de ciencia ficción, drama y comedia.



Paul (Matt Damon) y Audrey Safranek (Kristen Wiig) constituyen un matrimonio que atraviesa una etapa turbulenta llena de presiones, estrés y rutina, por lo que deciden someterse al proceso irreversible para empequeñecer. Sin embargo, Audrey no está segura de lo que hace y de último minuto deja plantado a su esposo, quien ya es de 12 cm. En este punto la verdadera aventura para Paul comienza, un reinicio para su vida social, pues primero tiene que sobreponerse a la drástica decisión de su mujer y hacerse a la idea de estar sumergido en la soledad dentro de un terreno nunca antes explorado por él.



En medio de un proceso curioso y novedoso, en Pequeña gran vida  las carcajadas de simpatía son inevitables cuando se descubre cómo los individuos se vuelven más chicos. Sin importar la raza, color o procedencia, la metodología médica es la misma para todos, con estrictos estándares de higiene y exploración para evitar consecuencias mortales.

Una vez terminado el método, la avidez por conocer cómo se adaptan los recién llegados a las poblaciones a pequeña escala se hace presente: desde saber cómo se transportan, los recuerdos materiales que llevan a su nueva vida y el rol de varios vecinos. Hasta aquí todo marcha con la dosis adecuada de misterio, descubrimiento e interés. Lo malo viene después.

De pronto la historia comienza a caer en zonas comunes. La plausible originalidad del inicio tropieza con una trama simplista, limitada a mostrar los diferentes estilos de vida de la sociedad. El humor decae notablemente hasta la aparición de Ngoc Lan Tran (Hong Chau), un personaje irónico, mandón y humanitario, en el cual recae el resto de la cinta por su forma de ser.



Si no fuera por ella, los bostezos sin duda serían los protagonistas en las salas de cine, con planteamientos lejos de tener solidez. Sin embargo, es grato encontrar conceptos no explorados comúnmente en los largometrajes actuales, pero a veces querer proponer más de lo debido es el problema. Alexander Payne y su Pequeña gran vida estuvieron cerca de producir un posible clásico del cine, pero para su desgracia, el intento se quedó corto. Tal vez esta sea de las películas que utilizaron el método para hacer una cinta taquillera.

***

El arte cinematográfico requiere de la atención de 
la fotografía
 porque nació a partir de ella. Si una sola imagen –como suele decirse– expresa más que mil palabras, imaginemos las posibilidades de hacerlo a 60 por minuto, o las nuevas opciones que ofrece el cine digital. Todo lo que importa está dentro de ese cuadro y si puede llevarse al límite para darle a la audiencia una genuina obra de arte, ¿por qué preocuparnos sólo por 
la historia
?

TAGS: Taste of cinema crítica cinematográfica
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Octavio Alfaro


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