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Razones por las que valió la pena esperar 14 años para ver "Los Increíbles 2"

18 de junio de 2018

Bryan Hernandez Torres

El marketing de la nostalgia juega un papel importantísimo en la nueva entrega de Pixar, "Los Increíbles 2".



El cine como industria es bastante complejo, dentro de una producción cinematográfica coexisten una serie de elementos inquisitivamente sofisticados. Todo inicia, como en todas las cosas, de una idea. Esto se basa en un principio fundamental de que para hacer hay que creer. Después de haber concebido la idea se deben buscar los recursos necesarios para llevarla a cabo; y una vez que se tienen estos, llegamos a la etapa de producción. Los factores productivos de la economía deben converger para sí, dentro de sí, y fuera de sí mismos para llevar a cabo el cometido. Tierra, trabajo y capital deben trabajar armoniosamente, deben fluir paralelamente. Esa tierra en la industria cinematográfica podemos determinarla como todos aquellos elementos que permiten realizar la tarea: computadoras sofisticadas, programas informáticos, videocámaras, tecnología para ser precisos. Por su parte, el trabajo en la industria cinematográfica podemos determinarlo como todo aquel hombre que le imprime su esfuerzo a la tierra —en este caso a la tecnología—: programadores, cineastas, diseñadores gráficos, etcétera. Finalmente, el capital en la industria del cine podemos determinarlo entonces como la inversión que se requiere para poder sostener un proyecto en el largo plazo, mientras aún no genera ganancia alguna.





Una vez explicado esto, hablemos ahora de la tan anunciada llegada a la pantalla grande de la última entrega de Disney Pixar, Increíbles 2. La película que le antecede es Increíbles, y fue estrenada hace ya 14 años, en 2004. Ganadora de dos premios de la Academia y dirigida por Brad Bird, es una historia de una familia con superpoderes. ¡Increíble!, ¿no es cierto? La verdad es que no. El anhelo incomprensible del hombre por tener un poder sobrenatural ha existido desde siempre; sin embargo, esta película animada por el estudio de animación más importante del mundo, es algo que se cuece a parte.





Llena de humor y creatividad, aunada al sentimiento de poder diferenciar el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, hace que converjan los valores fundamentales como el trabajo en equipo, el colectivismo sobre el individualismo, la búsqueda implacable por la libertad, la unión familiar, que lo diferente te hace especial y el no avergonzarse de esa misma diferencia. Todo eso transmite intrínsecamente. Así que dado eso, el público, los seguidores fervientes de Pixar, e incluso aquellos niños de entre 6 y 10 años que fueron llevados al cine a regañadientes, esperaban con ansias una segunda entrega. Sin embargo, esta tardó demasiado en llegar; o bien, tardó lo que tenía que tardar y, sin duda alguna, no nos ha decepcionado.


El marketing de la nostalgia juega un rol importante en esto. Pensemos que hace 14 años éramos tan sólo unos niños, y hoy seguro que muchos son mayores de edad, algunos quizá tengan ya una familia. Ese niño que fue llevado a regañadientes al cine ahora lleva a su hijo, y se le hace un enorme hueco en el corazón cuando a su lado ya no ve a su madre, a su padre, a sus hermanos; ahora en cambio ve a su hijo, a su familia, a su pareja, o bien a sí mismo, y se da cuenta de que el tiempo efímero ha pasado encima de él y que, sin embargo, ese mismo tiempo congeló a aquellos personajes de un cinta animada en la inmensidad de lo eterno.





La segunda entrega muestra, sin duda alguna, que el mundo ha cambiado bastante en los últimos 14 años. Fuera de convencionalismos, arraigada en los mismos valores y al mismo tiempo fuera de sí fomentando muchos otros, es una película que vale la pena ver. Veámonos ahora sentados en la sala de un cine cualquiera, al lado nuestro la parafernalia que siempre acompaña al espectador: palomitas, nachos y golosinas; la pantalla está justo frente a nosotros, aún no empieza la cinta ¡Aún siguen transcurriendo esos 14 años! Algunas personas siguen acomodándose en su asiento, ahora los asientos son asignados con anterioridad; pero antes no era así, recordémoslo. De pronto las luces se apagan y sabes que estás a nada de volver 14 años en el tiempo, en ese tiempo efímero. Comienza el protocolo de siempre de Pixar, la ya tan conocida lámpara de escritorio suprimiendo la “i”, y comenzamos a escuchar el soundtrack de la misma, ese sonido de trompetas que huelen a héroe, y así sin más ahora volvemos a tener 10 años.





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Pixar Animation Studios ha llenado al cine de escenas icónicas. Esperemos que la cinta "Coco" se convierta también en un clásico para niños y adultos.



TAGS: Caricaturas Disney cine
REFERENCIAS:

Bryan Hernandez Torres


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