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Razones por las que "Black Panther" va a cambiar por completo las películas de superhéroes

13 de febrero de 2018

Aglaia Berlutti

"Black Panther" rompe el esquema de la película trivial y apuesta a algo más fuerte, significativo y relevante.



Wakanda es un país legendario, un misterio. Además, es una expresión de fe que la película de Ryan Coogler,
Black Panther
, celebra como un símbolo de pertenencia, identidad y como la construcción de la memoria colectiva que convierte a las planicies coloridas de Wakanda en otro personaje. Cuando el cine de superhéroes parecía haber llegado a su punto más bajo y el cuestionamiento sobre su existencia —y permanencia— se volvía más urgente y complicado,
Black Panther
llega para demostrar que hay una presunción sobre la permanencia de los mitos y de los viejos estereotipos más allá de su valor comercial. Precedida por la curiosidad y la expectativa, la película es una equilibrada e inteligente combinación de conceptos, desde la maravilla técnica y el estilo; pero también una exploración sobre la consonancia de la individualidad, el pensamiento colectivo como una ciudadana alegoría social. Casi por accidente, Marvel encontró una manera de transmitir un mensaje inteligente, profundo y condensado en la metáfora de la pertenencia a través de una historia sencilla, pero tan firme que remonta la percepción del mero superhéroe al uso y transforma a la pantera negra en una nueva experiencia conceptual.





Toda la película gira alrededor del misterio, el poder como cualidad y la concepción novedosa del tributo a la etnia y a la raza, en un tono de admirable respeto e inteligencia que hace del guión una mirada consecuente al hecho del poder de la herencia histórica y cultural como parte de consciencia colectiva. Wakanda, con todo su aire de edén futurista —escondida y oculta bajo las mismas premisas y la misma noción del enigma del legendario Dorado latinoamericano— es una tierra que explora las posibilidades de la cultura de África desde una percepción poderosa y desconocida para la pantalla grande. Wakanda brilla en lujos, tecnología y belleza. Las naves espaciales de construcción doméstica surcan el cielo y tienen la forma de máscaras tribales, mientras edificios y calles de una belleza deslumbrante sostienen a una cultura que ha prosperado en el silencio, muy lejos del colonialismo, las agresiones externas y la violencia. Coogler crea a Wakanda como el centro de una serie de preguntas existencialistas y bien planteadas sobre el orgullo de raza; pero además lo dota de una sensibilidad pacifista que asombra por su buen hacer y contundencia.





En esta tierra contradictoria y desconcertante, reina el príncipe T’Challa —interpretado por un regio y contenido Chadwick Boseman—, que no sólo es el hijo del rey asesinado, sino también el líder político y espiritual del país; una combinación que de inmediato transforma a su alter ego, el mítico Black Panther en un protector místico de un legado asombroso. Durante la mayor parte de la película, juega con el símbolo y la percepción de lo poderoso para crear algo totalmente nuevo. Cerca de la percepción del T’Challa del cómic —creado en 1966 por Stan Lee y Jack Kirby—, su versión cinematográfica debe luchar por el reconocimiento de su pueblo, un enemigo poderoso; pero también otorgar poder a este superhéroe que tiene por misión luchar contra de los enemigos que asumen la existencia del vibranium —el misterioso metal que hace de Wakanda un paraíso de poder y de tecnología— como un motivo para la conquista y la guerra. En medio de todo, T’Challa es además un hombre instruido, culto y de poderosa espiritualidad que dota al personaje de una dimensión desconocida para la figura habitual del superhéroe.


Ryan Coogler —conocido por revitalizar la saga
Rocky
con la extraordinaria
Creed
— toma los elementos más fuertes de la versión en papel de Black Panther y los transforma en una alegoría y una celebración de la herencia cultural de una manera muy íntima y fluída.
Black Panther
es una película con guiños hacia lo africano, con sus cielos extraordinarios, azules y púrpuras; sus llanuras verdes interminables y el colorido extraordinario salpicado de símbolos étnicos de diferentes tribus. Todo gracias a una labor de investigación que brinda un valor agregado a la puesta en escena. Pero más allá de eso,
Black Panther
rompe el esquema de la película trivial y apuesta a algo más fuerte, significativo y relevante. Es quizá la película más política de la factoría Marvel. El guión escrito por Coogler y Joe Robert Cole crea toda una nueva noción sobre el poder, sus implicaciones y sus responsabilidades. La película se aleja rápidamente de los clichés, y luego de unos primeros minutos en la que la acción parece transcurrir en muchos lugares a la vez, se centra en un tono íntimo e inteligente que convierte a la historia en algo por completo distinto en la casa productora. Pronto Coogler muestra Wakanda en todo su esplendor, y también al verdadero corazón de la película: la sociedad mística, poderosa y justa que se esconde detrás de las extraordinarias caídas de agua y campos interminables de apariencia inocente.





Lo étnico y lo cultural asociado a la raza son quizá los rasgos más importante en la trama de
Black Panther
, pero sin permitirse la concesión de lo ético y lo valioso de la idea simplificada en términos maniqueos. Se cuestiona directamente sobre la importancia de la identidad, el legado del pasado y su pertinencia en el futuro. La película deslumbra por su capacidad de incorporar elementos visuales y conceptuales tribales, y por llevar la propuesta visual a una dimensión nueva sobre el etnicismo y la valoración de la cultura africana. No hay un discurso sobre la raza a partir de la violencia, sino sobre la belleza. En
Black Panther
la raza es poder, y lo sustenta sobre una serie de metáforas profundas de la asimilación de la jerarquía y el liderazgo. La película es poderosa, inteligente y bien planteada, hasta lograr crear toda una estructura que sostiene un pensamiento político que convierte la representatividad en un objetivo intelectual, y no en una imposición de la corrección política.





Incluso el villano, Erik Killmonger —encarnado por un poderoso Michael B. Jordan—, evita la noción absoluta y juega con todo tipo de elementos, para convertirlo quizás en la némesis más sólida de cualquier película de Marvel.
Black Panther
parece evitar jugar con los extremos y concentrarse en los grises, en medio de una batalla de intereses que sostiene al guión y le brinda un aire trágico. El camino del héroe regresa en todo su poder evocador, y después lo convierte en algo más turbio y duro. Ambos personajes chocan, se complementan, parecen crear una visión del bien y el mal metafórica de enorme poder discursivo. Pero no todo se refiere a la visión de la masculinidad como discurso persistente, pues Coogler crea un ejército de mujeres poderosas para Wakanda que incluso resultan más intrigantes y fuertes que el pueblo de amazonas imaginado recientemente por Patty Jenkins en
Wonder Woman
. Las mujeres en Wakanda tienen un papel particularmente importante, y ofrecen a T’Challa todo tipo de conocimientos, apoyo y fuerza. Desde la guerrera de élite interpretada por Danai Gurira que comanda un ejército de mujeres extraordinarias y hábiles, hasta su hermana —la vivaz Letitia Wright—, científica y personaje de enorme importancia por derecho propio, T’Challa se encuentra rodeado de poderosas mujeres. Angela Bassett encarna a su madre, en un papel que parece creado para demostrar el poder de la actriz y su capacidad para interpretar mujeres de enorme presencia física y espiritual. Mientras que Lupita Nyong’o crea una contraparte fresca, madura y firme.





Resulta casi risible que el primer acercamiento que tenemos de Wakanda sea la descripción condescendiente del personaje de Andy Serkis. Jamás conquistada, convertida en símbolo y centro neural de la propuesta de Coogler para
Black Panther
, Wakanda es quizás el punto más fuerte del guión y la película. Lejos de los estragos históricos del colonialismo y el poscolonialismo, el mítico país es una forma nueva de concebir a África, lo étnico y el poder cultural de enorme consistencia. Imaginativa, vivaz y, sobre todo, enormemente alegórica,
Black Panther
es un acercamiento poderoso a un tipo de identidad hermoso y lleno de posibilidades. Los personajes plantean el dilema de la etnia como sentido de la individualidad, son gobernantes de un reino, líderes espirituales y políticos, inventores y creadores de tecnología avanzada. Atrás queda el dolor negro, el sufrimiento negro y la pobreza negra. Se trata de una promesa con una mirada renovada sobre el poder de la cultura como legado inmediato y de profunda importancia cultural.






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TAGS: crítica cinematográfica cine comics
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Aglaia Berlutti


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