Poderosas razones por las que ver cine de culto es bueno para tu mente

Martes, 19 de diciembre de 2017 17:23

|Alonso Martínez

A diferencia del cine comercial, el de culto gana reconocimiento lentamente por diferentes personas; eso te lleva a nuevos mundos e ideas que desconoces.


A las personas se les olvida que el cine es una expresión artística.


Más allá de ser un trabajo de entretenimiento, es un esfuerzo artístico que mezcla música, fotografía, escultura y la danza y pintura en un sentido metafórico. El potencial que tiene cada producto es infinito. No importa si estamos viendo Mentiroso mentiroso de Jim Carrey o The Tree of Life de Terrance Malick, como obras fílmicas, podemos aprender algo de ellas. Pero, claro, las lecciones que nos daría la obra de Malick son más ricas e importantes que las ofrecidas por gran parte de las comedias hollywoodenses que se producen cada año.



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Las películas de culto ganan ese nombre, porque, por una razón u otra, lentamente van ganando seguimiento de miles o millones de personas alrededor del mundo que aprenden algo de ellas. Ya sea por su trama, su composición o las ideas que presenta, se convierten en favoritas e incluso en algunas de las más importantes de la historia. Aunque al ser lanzadas parecen no ganar una fuerte base de fanáticos (ya que no cumplen con los paradigmas del cine mainstream) eventualmente sus cualidades son señaladas y se hacen ejemplos fantásticos de cómo el cine puede llegar a ser una gran obra de arte.


Por eso mirar este tipo de cine, en películas como Eraserhead de David Lynch, Clerks de Kevin Smith, o la ya representativa Donnie Darko de Richard Kelly, es bueno como cinéfilos y como espectadores de un trabajo artístico. Nos ayudan a tener otras perspectivas de cómo puede hacerse una película y sobre la vida en general. Mientras que una obra común nos muestra lados familiares y chistes absurdos que nos alejan de la realidad para relajarnos. Algunas grandes cintas de culto nos enseñan sobre filosofía, moralidad, nos hacen cuestionarnos sobre situaciones éticas, nos llevan a distintas partes del mundo; y en general nos revelan las posibilidades que tienen todos los tipos de arte.



Sin embargo, esto no pasa de forma automática. Requiere que, como espectadores, despertemos nuestra curiosidad y exploremos realmente lo que estamos viendo.


Tomemos como ejemplo Akira, y cómo fue ganando un título de culto en Estados Unidos. Los espectadores amantes del cine no la vieron sólo como una obra de ciencia ficción, sino como un ejemplo a seguir que otorgó elementos nunca antes vistos para la audiencia norteamericana. Su influencia terminó teniendo efecto en los creadores de ciencia ficción, que demostraron que había aún más posibilidades para sus historias de las que creían. Asimismo, la forma animada de entretenimiento ya no parecía hecha para niños y ofrecía una experiencia cinematográfica, prácticamente, a prueba de errores. Esto despertó la curiosidad de algunos y comenzó una fuerte exploración de las creaciones anime, lo cual llevó a algunos a analizar su historia en Japón, descubriendo más obras y expandiendo así su perspectiva.



Lo mismo sucedió con Blade Runner, la cual tardó años en convertirse en la cinta importante que es actualmente; la cinta creó un efecto tan grande en los espectadores que estos no pudieron evitar crear ensayos sobre la película, analizando diálogos, interacciones y el significado detrás de todo. La temática de clones humanos y lo que en verdad nos hace personas, fue un tema genuinamente filosófico que despertaba la mente de quien la viera. Al presentar la temática de una forma sutil, motiva a la audiencia a cuestionar su entorno y a leer más sobre las ideas presentadas. El cine de culto estimula el pensamiento y puede cambiarlo.



Asimismo, además de mostrarnos qué tan bueno es algo, nos puede enseñar qué tan malo puede llegar a ser el cine.


The Room es una película de culto a pesar de ser el peor filme que se ha creado. Los primeros espectadores estaban tan asombrados de lo horrible que era, que les fue inevitable correr a contarle a otras personas para que todos pudiesen apreciar el pedazo de basura ilógica que llegó a proyectarse en algunos cines. El filme está tan mal escrito, dirigido, actuado, producido y diseñado que, inevitablemente, le invita a las personas a observar cómo puede ser el resultado si una historia vergonzosa estuviese creada sin noción alguna de las bases artísticas del cine. No es sólo una comedia, es una lección de todo lo que no hay que hacer cuando creamos algo y la importancia de todos los elementos que necesita una obra para concretarse y tener validez.



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Esas son poderosas razones por las que todos deben ver películas de culto, pero más allá de eso, se trata de despertar nuestra curiosidad por el arte cinematográfico en cualquiera de sus géneros. Podemos aprender tanto de cine mainstream como el indie; todas las obras nos pueden enseñar algo, pero al menos con las películas de culto sabemos que existe un grupo de fanáticos fieles que se han sentido inspirados por esas obras y que, sin duda, nos pueden cambiar la vida.


Alonso Martínez

Alonso Martínez


Editor de Cine
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