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CINE

El fantasma de la mujer que atormentó con su recuerdo al nuevo amor de un hombre



“Anoche soñé que volvía a Manderley”. Con esta enigmática frase la protagonista sin nombre
—interpretada por la encantadora Jane Fontaine— da inicio a una de las películas que componen la magistral filmografía de Alfred Hitchcock: “Rebecca” (o como se le conoció en el mundo de habla hispana, “Rebeca, una mujer inolvidable”). Manderley es el nombre de la mansión que habita la protagonista junto a su nuevo esposo, el aristócrata inglés Maximilian De Winter. Aunque todo parece marchar de maravilla para ella, pronto se dará cuenta de que el recuerdo de Rebecca, la esposa recién fallecida de Maximilian, la atormentará por siempre.






“Rebecca” (1940) es una cinta basada en la novela homónima escrita por Daphne Du Maurier (1938). Este es el primer filme que dirige Hitchcock en Hollywood. El productor David Selznick —quien en ese tiempo gozaba de gran fama tras el éxito de “Lo que el viento se llevó”— había invitado al director inglés para realizar diez películas en Estados Unidos; sin embargo, por diferencias entre ambos sólo se concibieron cuatro de ellas. Afortunadamente para nosotros, estas disputas no afectaron en lo más mínimo la calidad de “Rebecca”. Ganadora de dos premios Óscar a “Mejor Película” y “Mejor Fotografía”, estuvo nominada también a otros nueve premios, incluyendo “Mejor Dirección”; pero, como es sabido, Hitchcock nunca fue acreedor a este premio.

A pesar de que Hitchcock siempre menospreció esta producción incluso llegó a decir que era la obra que menos llevaba su sello “Rebecca” es sin lugar a dudas una película enigmática, fascinante y, por supuesto, llena de misterio y detalles que magnifican el suspenso. Por ejemplo, nunca se pronuncia el nombre de la protagonista y, en cambio, el nombre de Rebecca se menciona en numerosas ocasiones a pesar de que jamás aparecer en escena.





Se rumora que durante el rodaje de la película, Fontaine recibió un mal trato por gran parte de la producción y los miembros del elenco; incluyendo Laurence  Olivier, quien interpretaba el papel de Maximiliam. Existen sospechas de que este mal trato se debía a que Olivier había sugerido a su pareja de aquel momento para que interpretara el papel de la protagonista; sin embargo, había sido ignorado y esto pudo ser el inicio de la animosidad contra Fontaine. Lo cierto es que años después Hitchcock le confesó a la actriz que él mismo había dado la indicación a sus colaboradores de no dirigirle la palabra a Fontaine, esto con el fin de hacerla sentir menospreciada y observada, lo cual se vería reflejado en el desarrollo de su personaje. El director mismo había sido partícipe de esta conspiración, ya que en numerosas ocasiones se le escuchó gritarle a la actriz cuestionando sus habilidades. Aunque pueda parecer cruel, al ver la película el espectador puede apreciar el velo de sufrimiento que reflejaba la actriz  y, quizás, Hitchcock acertó en su estrategia.

Al igual que otras cintas del director británico, este filme comienza con la clásica toma de travelling (acarreo) hacia la mansión De Winter. La fotografía en conjunto con la voz de Fontaine pronunciando esa enigmática frase nos llenan de nostalgia y entendemos el tormento de la protagonista sin siquiera conocer su historia. La melancólica escena de la llegada a la mansión es sólo el inicio del sufrimiento que vivirá la protagonista a lo largo de la historia. Su estancia está llena de suplicios y humillaciones, generalmente provocados por el ama de llaves, la Señora Danvers —interpretada por Judith Anderson—, quien le recuerda todo el tiempo lo lejos que está de ser como Rebecca. La Señora Danvers juzga la inteligencia y la clase de la joven, diciéndole que nunca estará a la altura de alguien como el Señor De Winter. Todas estas humillaciones serán la clave para que nuestra protagonista reúna la fortaleza para terminar de una vez por todas con el recuerdo de Rebecca.





Conforme avanza el filme, el misterio de la muerte de Rebecca se va desenvolviendo con la maestría y el cuidado característico de El Padre del Suspenso, Hitchcock —además de que, como era su costumbre, el director hace una aparición sorpresa en la película—. “Rebecca” es, sin duda, un maravilloso juego de mentiras y verdades a medias que nos mantendrá al filo del asiento esperando la conclusión que revele el misterio.


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Alfred Hitchcock es un maestro para crear suspenso e intriga en sus películas, utiliza elementos recurrentes que hacen que inmediatamente sepamos que estamos viendo una película de Hitchcock. Si quieres saber más sobre la vida de este director, te recomendamos leer los 10 datos curiosos de la vida de El Padre del Suspenso.

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