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"The Terror", la serie que te hará no volver a meterte al mar

Cine "The Terror", la serie que te hará no volver a meterte al mar

Ridley Scott —el creador de "Alien"— regresa con una inquietante serie de terror que nos lleva a un mar helado y terrible.



La noción sobre lo que lo que puede aterrorizar tiene un inevitable ingrediente subjetivo que convierte al miedo en una reflexión sensorial, más que en un concepto en sí mismo. Ridley Scott lo sabía, y por ese motivo su Alien (1979) habló de lo terrorífico desde las sombras. Durante todo el metraje, la tripulación se enfrenta a un monstruo que apenas distingue; pero a docenas de penurias e incidentes inesperados que convierten la travesía en una pesadilla claustrofóbica. El terror se convierte entonces en una mirada hacia la incertidumbre, en piezas sueltas del mecanismo de lo cotidiano que pueden construir una colosal amenaza.


De la misma manera que Alien, la serie The Terror —producida también por Ridley Scott, junto a David Kajganich y Soo Hugh— analiza lo escalofriante desde el enigma que se esconde en el misterio de lo cotidiano. Basada en la novela homónima de Dan Simmons, la historia tiene la misma estructura pausada y cada vez más claustrofóbica que la novela; pero añade un elemento inquietante basado en un viaje marítimo que, a primera vista, tiene todas las características de la usual aventura de mar. No obstante, de inmediato el guión deja claro que lo terrorífico está más allá de lo que sea que espere a la tripulación en el confín del mundo conocido. Lo escalofriante empieza a crearse a medida que pequeñas y grandes tragedias imprevisibles ocurren en cubierta. Se hace evidente que el predecible elemento sobrenatural es el menor de todos los problemas a los que el H.M.S. Erebus se enfrentará. Hora con hora, los esforzados marineros deben lidiar con todo tipo de horrores: muerte por congelación, ahogamiento en aguas tan heladas que resultan trampas mortales desde el primer contacto, ataques violentos de animales. La experiencia del miedo se extiende no sólo desde la percepción de lo temible como una conmoción única, sino como una serie de ideas que se relacionan entre sí hasta elaborar un miedo monumental. Como si se tratara de un monstruo indescriptible, los dolores y horrores a los que se enfrenta la tripulación son la puerta abierta hacia algo más inquietante, duro de comprender y extrañamente violento.



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David Kajganich y Soo Hugh se toman el trabajo de contar la historia del fatídico viaje a través del hielo del Atlántico Norte con paciencia y pulso precioso, lo que convierte a los dos primeros capítulos de la serie en un recorrido accidentado y siniestro hacia una oscuridad que apenas se sugiere. Basada en una historia real ocurrida en el año 1845, The Terror construye una visión temible que tiene su origen en pequeñas escenas de la tripulación como testigo confuso. John Franklin —interpretado por Ciarán Hinds— comanda el Erebus, pero su habilidad es cuestionable y desde las primeras secuencias resulta evidente que los trastornos a los que se enfrentará la nave tienen una directa, inmediata y dura relación con su incapacidad para lidiar con una expedición de semejante envergadura. Poco a poco, se hace evidente que Franklin consiguió el cargo gracias a su condición social y el guión hace hincapié en su torpeza con una sutileza casi patética. Franklin crea el caldo de cultivo ideal para el incidente mayor que la serie anuncia con todo tipo de percepciones y subterfugios. El H.M.S. Erebus se encamina a las inevitables consecuencias de la incapacidad de su tripulación para lidiar con lo imponderable.



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Quizás esa incertidumbre yuxtapuesta sobre un evento violento imposible de definir sea la premisa más complicada que The Terror debe manejar. La serie hace un excelente recorrido por las cuestiones no tan obvias respecto a la tensión entre la tripulación, además de las situaciones que se entrelazan desde el exterior para elaborar algo más violento y cruento. Mientras el barco navega por un mar helado —cada vez más peligroso, convertido en un enemigo—, existe un peligro al acecho. Poco a poco, el ambiente enrarecido en el H.M.S. Erebus se convierte en algo mucho más duro de asumir que la amenaza externa. Y entre ambas cosas, el horror que subsiste y se manifiesta termina por convertirse en una premisa persistente que no se define del todo.



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Porque The Terror es una combinación del eco del miedo que apela a la circunstancia humana en medio de un tipo de peligro que es imposible de definir. La creciente guerra interna entre la tripulación, los barcos gemelos de la expedición y el clima cada vez más violento transforman la idea del miedo en una presencia que puede contemplarse desde la concepción de lo invisible, y no sólo desde lo sobrenatural. Las circunstancias que enfrentan a los hombres entre sí tienen un rostro que evade toda explicación; y cuando la tiene, parece ser parte de una deconstrucción de la realidad en la que la naturaleza es el enemigo. Los trozos de hielo atraviesan el mar, en tanto los barcos crujen bajo la intemperie. Toda la serie tiene un aire de sofocante angustia progresiva, muy semejante al Alien de Scott; pero también a The Thing (1982) de Carpenter —con toda su alienante visión de lo terrorífico en espacios aislados o deshumanizados—, e incluso de la concepción del monstruo de Cronenberg.



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Por supuesto, la producción de Scott apuesta alto. La premisa de la expedición peligrosa a un lugar distante e incomprensible —ese ártico canadiense inexplorado en la segunda mitad de la década de 1840—, tiene la misma solidez que la Ciencia Ficción de alto calibre que el director llevó a cabo en los primeros años de su carrera fílmica, y que abandonó por algo más comercial y menos enrevesado en tiempos recientes. Con todo, la influencia de Scott es notoria y resulta reconocible: la cualidad del monstruo es huidiza, misteriosa, se manifiesta en pequeños eslabones de información que se entremezclan entre sí. The Terror no sólo analiza la historia de la pérdida de la humanidad en mitad de una tragedia progresiva, sino que dota a la historia de un aire deprimente, duro de digerir y por momentos directamente insoportable. Es la manifestación de lo desconocido y lo salvaje.


El diseño de producción —dirigido por Jonathan McKinstry— crea un entorno detallado e hiperrealista, basado no sólo en la tecnología digital sino en modelos a escala. La combinación convierte al mundo que rodea a The Terror en una escena brumosa, de luces que tiemblan, en medio de una constante sensación de asedio y miedo inquietante y potente. Con un evidente recurso documental —y sobre todo, una evidencia perpetúa sobre el ser y el hacer del ser humano en mitad de la desgracia—, el monstruo más temible, violento y extravagante es el que se concibe en cualquier mente humana.





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Referencias: