La película que muestra que la religión puede destruir a toda una sociedad

El discípulo de Kirill Serebrennikov es una de las mejores cintas de los últimos años y hace un juicio inteligente sobre la religión, mostrando sus riesgos y sus excesos.





Un mártir es aquél que muere por una creencia, generalmente religiosa. Una vez que muere, es alzado sobre el resto de las personas y es visto como alguien que pudo sufrir en nombre de algo más grande que sí mismo. Jesucristo fue el primero de los mártires, siendo crucificado por predicar una palabra distinta a la acostumbrada, pero ¿y si hubiese estado equivocado? Es decir, ¿qué tal que un cristiano cualquiera hubiese llegado con sus ideas a un mundo moderno, tratando de dar enseñanzas que en realidad son antiguas y que podrían ser vistas como violentas? ¿Seguiría siendo visto como un mártir? ¿O sería un loco?


Esa es una de las cuestiones que surgen al ver "El discípulo" de Kirill Serebrennikov, una excelente cinta que tiene poco de haber llegado a territorio nacional, dejando un impacto fuerte en aquellos que la ven.



La cinta sigue a un joven adolescente que se siente incómodo en su escuela, pero no por una razón predecible, sino porque está obsesionado con el cristianismo, y en especial, la palabra de la Biblia. Aferrado a sus creencias, intenta convencer a su escuela de cambiar las reglas e implementar las ideas de la religión, provocando que ese círculo de la sociedad regrese a una especie de Edad Media, donde se sigue sólo la palabra de Dios y se ignora la ciencia, aunque esté basada en hechos, más que en creencias.



Filmada de forma magnífica, implementando plano secuencias que son imperceptibles por la tensión que se vive en la pantalla, la cinta muestra cierta pureza dentro de la sociedad y el personaje principal con una fotografía que explota la belleza humana, y revela el deseo del personaje por querer purificar todo a su alrededor. Pero justo en sus momentos de crueldad, la cinta cambia de tono, revelando la locura detrás de sus creencias, y la tensión que crea entre todos aquellos que pone en juicio.


Aunque la mayoría de las referencias bíblicas aparecen de forma explícita, gran parte del trabajo llega en los simbolismos dentro del diseño de producción y del guión mismo. El personaje principal tiene como nombre Veniamin, que podría ser Benjamín en español, cuyo significado es "hijo de la diestra" (es decir, que tiene fuerza y virtud) y en la Biblia es el hijo más pequeño de Jacobo y Raquel. Con sólo el nombre suponemos que el chico es genuinamente un profeta y que su visión de la religión nace de un lugar puro, pero confundido.



El punto más amplio que tiene la cinta, y que encaja a la perfección con la situación social actual, es que a pesar del avance tecnológico, del papel que se supone que tiene la ciencia dentro de nuestra sociedad, "el discípulo" tiene la habilidad de convencer a todos a su alrededor. Y aunque la voz de la razón (su profesora de Biología) trata de ridiculizarlo y de mostrar que está equivocado –incluso usando sus mismos discursos en su contra– fracasa de forma terrible, enfrentándose a un grupo más susceptible a las ideas de Benjamín, lo cual es un reflejo de lo que sucede en la actualidad, no sólo en Estados Unidos, sino alrededor del mundo.



El posible mensaje central de El discípulo, es que, aunque tengamos la historia y la ciencia, si no las escuchamos o si las olvidamos, en cualquier momento un personaje similar a Benjamín puede implementar un nuevo orden de pensamiento, el cual es mucho más sencillo seguir, especialmente cuando nos encontramos en una sociedad liberal de izquierda, y los peligros que conlleva. Similar a un retrato bíblico, la cinta no tiene miedo de mostrar al personaje como un genuino mártir, dispuesto a morir por defender a Dios, pero nos muestra que esa pasión –aunque inspiradora– puede tener resultados trágicos.


El punto más alto de la cinta llega cuando el predicador se ve enfrentado a su propia hipocresía, es decir, cuando sus mismos textos van contra su ideología y muestran la inconsistencia de la Biblia, revelando que sólo es un adolescente aferrado a un ideal y que quizá no busca la divinidad, sino el poder sobre una sociedad que cree es lujuriosa y que debería desaparecer.


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El discípulo es una gran cinta no sólo por su temática, sino por la forma en que está presentada. Similar a un thiller psicológico, nos lleva de la mano por un camino de locura, pero no de un individuo, sino de un grupo social que cae a manos de un fanático religioso ignorante que quiere desechar los hechos científicos y crear una utopía. Para algunos sería un mártir, pero para el resto un lunático, sin embargo, ese individuo podría controlarnos en un abrir y cerrar de ojos.


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