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"Shape of Water", la película que nos muestra que nos habitan demonios

December 13, 2017

Aglaia Berlutti

La nueva película de Guillermo del Toro crea parábolas intencionales sobre el fanatismo, la paranoia colectiva, el temor al otro y la naturaleza de los prejuicios.



David Roas suele decir que “el monstruo encarna la transgresión, el desorden. Su existencia subvierte los límites que determinan lo que resulta aceptable desde un punto de vista físico, biológico e incluso moral”. Para el escritor, la cualidad monstruosa es una visión de la capacidad del hombre para comprenderse a sí mismo, su moralidad y la existencia misma de la razón; por lo cual, el escritor concluye que siempre implica “su inevitable relación con el miedo. Porque una de las esenciales funciones del monstruo es encarnar nuestro miedo a la muerte (y a los seres que transgreden el tabú de la muerte, como ocurre con el vampiro, el fantasma, el zombi y otros revenants), a lo desconocido, al depredador, a lo materialmente espantoso… Pero, al mismo tiempo, el monstruo nos pone en contacto con el lado oscuro del ser humano al reflejar nuestros deseos más ocultos”. Una comprensión que evade y hace mucho más amplios los límites de la realidad, tal y como la conocemos.

 

Para el director Guillermo del Toro, la cualidad del monstruo es justamente esa noción de la realidad entre lo fantástico y lo bello; una construcción cultural alegórica que muestra lo mejor y lo peor del hombre, el reflejo del monstruo interior que le habita. Conocido por su capacidad para humanizar todo tipo de criaturas en apariencia aterradoras y míticas, Del Toro analiza las relaciones del bien y el mal, lo espiritual y lo sensible, desde un ángulo novedoso que sostiene una comprensión sobre la naturaleza humana. Desde El laberinto del Fauno (2006) hasta sus reinvenciones del universo creado por Mike Mignola para Hellboy, el director ha sabido encontrar un equilibrio entre la expresión formal del asombro y algo algo mucho más turbio. En Shape of Water (2017), el maestro de los monstruos no sólo humaniza a la bestia, sino que contrapone los códigos, cánones y roles para crear una visión múltiple y extravagante sobre lo humano, lo monstruoso y lo emocional. El resultado es una pieza de una profunda belleza argumental y visual –que evade lugares comunes sobre la aproximación a lo temible y lo inquietante– en la que se crea toda una expresión sobre la capacidad del amor .

 




Por supuesto, Shape of Water es la suma de sus puntos más altos y algunas concesiones inevitables al estilo del director. No obstante, Del Toro plasma en cada escena de la película su peculiar comprensión sobre lo monstruoso elaborada a través de ideas metafóricas perfectamente orquestadas con la atmósfera onírica. Desde la narración de Richard Jenkins que sirve de prólogo, el argumento elabora con cuidado un mapa de ruta hacia la convicción de Del Toro de la dualidad del hombre. Pero ante todo Shape of Water es una historia de amor articulada y construída desde cierta ironía exquisita, que Del Toro construye con enorme cuidado y proverbial elegancia visual. Usando el lenguaje de la fantasía con unos toques inteligentes de Ciencia Ficción, Del Toro modula una historia de enorme contenido emocional. Shape of Water pasa con enorme facilidad de la delicadeza visual a una enrevesada reflexión sobre lo que nos hace humanos.

 




La primera escena de Shape of Water marca su ritmo y también, su exquisita ternura argumental. La secuencia es toda una declaración de intenciones, la cámara observa el prodigio de sobrecogedora belleza con paciencia, y cuando el personaje Elisa Esposito (Sally Hawkins) despierta, la mirada de Del Toro hace énfasis en los minúsculos detalles que expresan una profunda emoción y evaden una explicación sencilla. Porque en la rutina de Elisa hay un cierto fatalismo doloroso que sostiene el discurso levemente cruel y amargo de la película, oculto bajo una percepción extravagante sobre la identidad. Elisa es muda y también se encuentra atrapada en un trauma evidente que petrificó su vida emocional. Está atrapada en un dolor antiguo e inquietante que las cicatrices visibles de su cuello expresan como un horror inexpresable. Al otro lado de su historia, el personaje de Doug Jones —un monstruo inquietante de aspecto humanoide también mudo y cuyo origen se explica con lentitud e inteligencia a lo largo de la trama— parece reflejar la soledad y el violento desarraigo de Elisa. Juntos crean un arco argumental que se sostiene sobre la exquisita expresividad de ella y la imponente dulzura de él, envueltos en un halo de ternura extraordinaria que brinda a la película un inusual tono dramático pero perverso. Entre Elisa y el monstruo hay un secreto, un lenguaje privado; y a través de ese sencillo vínculo, la historia avanza con una firmeza que evade los clichés del género fantástico y transforma la historia de amor en un alegato sobre la diferencia y el dolor.




 

Ambientada en la década de los 60, Shape of Water crea parábolas intencionales sobre el fanatismo, la paranoia colectiva, el temor al otro y la naturaleza de los prejuicios. Con el mismo tono crítico de obras semejantes —la influencia de la saga de X Men de los autores Stan Lee y Jack Kirby es indudable—, Shape of Water analiza la exclusión, el miedo y la discriminación con una inteligente elegancia que se agradece. No sólo utiliza la figura del monstruo como metáfora directa, también a sus magníficos personajes secundarios para crear un ambiente creíble de segregación y rechazo. La adorable Octavia Spencer reflexiona sobre la cualidad del sufrimiento del marginado: su personaje es la glorificación sincera del horror del racismo, contado entre líneas, escondido en cuentos de hadas. Por otro lado, el Richard Strickland de Michael Shannon insiste en un sentido enloquecido y desalmado de la normalidad. Entre todos, el miedo y la abrumadora noción de la discriminación se convierte en un duelo silencioso, nunca evidente, y quizás el aspecto más poderoso del guión.

 




Lo que sorprende de Shape of Water es su combinación de códigos visuales con nociones de Ciencia Ficción pura y dura. Ambos extremos se completan entre sí y crean algo de magnífica belleza. El amor de Del Toro por los clásicos cinematográficos y la literatura gótica es más evidente que nunca en esta pequeña joya de silencios pausados. Para el director, todos los referentes parecen mezclarse en una idea clara sobre el amor, la redención y el poder de los sentimientos. Además, Del Toro asume la labor de crear una correlación evidente entre los orígenes del monstruo cinematográfico —que muestra en el evidente parecido y paralelismo con la película El monstruo de la laguna negra (Jack Arnold, 1954)— y sus inquietudes personales, para crear una percepción sobre el verdadero monstruo que se concibe desde lo moral y lo ético. “La criatura” no es peligrosa ni tampoco agresiva, a diferencia de sus captores, cuya violencia se muestra descarnada y temible. De hecho, la violencia se muestra bajo un lustre profundamente moderno, normalizada bajo lo cotidiano y construida bajo una determinada justificación abstracta y peligrosa. El personaje de Michael Shannon es un espejo del poder perverso.




 

Del Toro crea un cuento de hadas moderno y lo lleva a extremos de asombrosa ternura, y complejidad. El romance entre la dama muda y el monstruo se observa desde la perspectiva de lo verídico y desde cierta decadencia triste que evade cualquier explicación simplista. De la misma manera que los dioses que cambian de forma, los sapos de la cultura popular que besan princesas y las criaturas misteriosas que despiertan el amor en delicadas princesas, los personajes de Del Toro están llenos de inocencia y buena voluntad. Pero la película rebasa cualquier mirada tradicional; lo más asombroso en la historia de Del Toro no es su atípico romance, sino el poder con el que la historia sustenta una fábula de amplias miras que medita con paciencia y buen pulso sobre temas universales. En Shape of Water el amor está en todas partes, se crea a sí mismo, se sostiene como un perfecto mecanismo, supera la amarga conciencia sobre la mezquindad humana, que la película muestra como el verdadero enemigo a vencer.





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Shape of Water pinta para ser una de las favoritas en la temporada de premios a lo mejor del cine. No podemos negar que los premios Oscar nos llenan de ganas de hacer un maratón de las películas nominadas y sentir que formamos parte del jurado. Si estás listo para convertirte en un experto, te compartimos este artículo sobre las películas más premiadas que puedes ver en Netflix. Además, no te pierdas las 50 mejores películas según el Festival de Cannes.



TAGS: Ciencia ficcion Oscar crítica cinematográfica
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Aglaia Berlutti


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