"El síndrome de Berlín" o cómo se vive el infierno de estar secuestrada por un demente solitario

Jueves, 21 de junio de 2018 16:24

|Diego Pacheco Illescas
sindrome de berlin

"El síndrome de Berlín" es un retrato cinematográfico de la psicosis, narrado desde la víctima

El síndrome de Estocolmo ha sido ya explorado en varias películas —La Bella y la Bestia, por ejemplo, nos muestra la versión infantil de un cuento que nos ha mostrado una versión de este tipo de historia desde el siglo XVIII. Se ha podido retratar de manera violenta, como una patología de ambos personajes en una relación bilateral, hasta un tierno desenlace en el que la abducción ha sido un simple colateral. Como sea que se retrate, las aristas de la historia trazan una pirámide: comenzamos con dos protagonistas (generalmente él secuestra a ella) y terminamos en la cúspide de un vínculo entre ambos.

Pero ¿qué pasa si invertimos la pirámide? ¿Cómo se vería retratada la historia de una relación que termina en dos antagonistas?  Definitivamente da coqueteos a una historia de un matrimonio disfuncional, uno de esos matrimonios que denotan la insalubridad mental hasta en el decorado de la habitación. Antes de adentrarse en la interpretación de la cinta, aviso al lector que esta postura del matrimonio es evidentemente pesimista y caricaturizada al extremo de una disfunción patológica, la cual sí existe pero no significa que se trate de un denominador común en todos los matrimonios existentes. He ahí uno de los ejes de El síndrome de Berlín (Cate Shortland, 2017).


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El síndrome de Berlín juega con esta vuelta a la tuerca. Comenzamos con una chica perdida, desde la introducción del personaje protagonista se presenta a la audiencia el color de la melancolía: viaja por Europa con una mochila impráctica que denota a los “viajeros solitarios” en tierras desconocidas. Clare Havel (Teresa Palmer, Hacksaw Ridge), por medio de las primeras secuencias, busca algo de manera torpe, es casi atropellada en varias secuencias y su acercamiento con los compañeros del hostal es tímido: ella sólo ve, al margen. Ése es su papel, la fotógrafa, la periodista con su ojo —lente— tomando cierta distancia del mundo. Al igual que comienza el thriller La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954), el ojo detectivesco que toma la distancia antes de enmarañarse como el protagonista.


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La ventana indiscreta 


Este es el primer síntoma de empatía que podemos ver de la protagonista de El síndrome de Berlín al encontrar a su psicópata: Andi Verner (Max Rilmelt, Sense 8), otro enajenado social que muestra su psicopatía en la relación de sus padres y un mundo que creó detrás del las cuatro paredes de su apartamento.

Como matrimonio insalubre, ella decide entrar a lo que resulta ser un cuarto de pánico, no hay ninguna imposición de parte de él.  Enmarañada en claustrofobia, Clare encuentra su sala surreal de Luis Buñuel al entrar de manera voluntaria y no encontrar la salida mediante absurdos, hasta que el grillete se lo impone un enfermo mental cuya concepción de la soledad es un infierno kafkiano. La única liberación es compartiendo su soledad... Ya había conocido a una extranjera perdida.



La vertiginosa soledad que se retrata en la cinta, desde un principio —color azul melancólico— explora los rincones de la demencia: comenzamos en un cuarto silente que representa un ruido interno. El otro extremo sería la enajenación obligatoria de Clare por no hablar el idioma (su único acercamiento es un profesor de inglés que compone en sinónimo la soledad y el aislamiento absoluto). El síndrome de Berlín es un retrato de la necesidad humana antes de que se muestre la demencia: la necesidad de un hogar antes de que se vea como una prisión; la necesidad de afecto que después se convierte en codependencia. Estos son los juegos de las ambigüedades en las relaciones humanas que convierten lo tierno en enfermizo. Dicha arista, diría, es el mayor valor de la cinta: comenzamos en la inocencia y terminamos en la perversión.

***

Sin duda se trata de una cinta difícil de recomendar, en momentos se juega con el silente suspenso y se desarrolla con algunos juegos sádicos. Sin embargo se trata de una propuesta original: basada en la novela de Melanie Joosten, El síndrome de Berlín está apoyada en un argumento dentro el terreno de un psicópata y una víctima. Una historia a la que se podría argumentar que ya hemos visto múltiples veces, no obstante se está viendo desde una estructura quebrajada. Si lo tuyo es la televisión, te recomendamos estas 10 series de terror que no querrás ver a solas.

Diego Pacheco Illescas

Diego Pacheco Illescas


colaborador
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