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El anime que demostró que los deportes y la animación son la mejor mezcla

5 de septiembre de 2018

Cultura Colectiva

Entre los mejores animes de tiempos recientes, destaca uno que se atrevió a mezclar el deporte y la animación clásica japonesa con un toque de frescura y drama.



Aunque podría parecer que los animes y los deportes no se mezclan bien, existe uno que demostró lo contrario. Pero como muchos animes, la historia comienza en papel y tinta. Slam Dunk es el manga responsable de la popularidad del basketball en Japón. Antes de que existiera, el basketball era conocido por muy pocos y no tenía una gran audiencia. Por lo tanto, el atractivo de Slam Dunk nunca fue su temática deportiva; logró envolver al público gracias a su excelente habilidad para contar historias y la claridad dramática con la que lo hacía.


En el anime que hicieron unos años después para la televisión, seguimos a Hanamichi, un estudiante de preparatoria con grandes habilidades físicas y cero conocimiento e interés por el basketball. Un día conoce a Haruko, una muchacha a la que le encanta el basketball y quien, al ver su potencial, lo convence de unirse al equipo de la escuela. Su fuerza y rapidez lo hacen destacar en la cancha, pero no lo ayudan a encestar, para eso debe ser paciente y entrenar su técnica todos los días. Si quiere volverse una estrella e impresionar a Haruko, debe entregar todo de sí al practicar los movimientos básicos, aunque sean aburridos.





Conforme progresa su entrenamiento y comienza a jugar en partidos, su arrogancia se vuelve frustrante, porque es muy obvio que no puede cumplir con su altanería injustificada, y que su boca le queda grande. Pero tiempo después, cuando se vuelve competente, uno puede regodearse de sus victorias en la cancha. Su vanidad se convierte en algo que podemos disfrutar junto con él porque, sí, la modestia es buena, pero disfrutar de las recompensas de tu esfuerzo sin inhibiciones lo es aún más

.

Es en ese tipo de momentos donde Slam Dunk encuentra el conflicto y drama que otras series no pueden. Crean tensión con acciones sencillas que avanzan la trama de manera gradual. Es decir, hacen que lo pequeño se sienta épico. Por ejemplo, cuando

hacen de aprender un tiro simple como el layup, una experiencia dramática, pues de este tiro dependen las posibilidades de Hanamichi de tener una manera de anotar. Para él, ese tiro representa la diferencia entre ser un jugador rápido y fuerte, y ser uno que puede poner puntos en el tablero. Sin embargo, se rehúsa a aprenderlo porque no lo ve como una forma impresionante de anotar como lo es el slam dunk.





También utilizan esos momentos para ser una serie con mucha empatía, la cual extiende tanto al equipo que seguimos, como a sus rivales. Al humanizarlos, podemos verlos jugar no contra gigantes invencibles, sino con un equipo de personas que también

han trabajado duro para ser competentes, y que se van a sacrificar sin dudarlo en miras de anotar otro punto, no porque quieran hacer perder a nuestros protagonistas, más bien porque respetan su propio deseo de llegar a la victoria. Esto es parte de lo que hace a Slam Dunk única, pues explora la manera en que el espíritu humano puede alcanzar cosas increíbles si se lleva al límite. Muchas veces, al estar ambos equipos al mismo nivel, deja de ser una lucha por ver quién es más alto o más veloz, y se reduce a una batalla de voluntades. Los dos equipos dentro de la cancha deben desearlo con todo su ser, sin ningún jugador excluido. Si alguno duda o piensa que su involucramiento no es necesario para ganar, todo termina.





Podemos ver ese enfoque en el mismo Hanamichi, una de sus mejores cualidades es su disposición para seguir aprendiendo y mejorando. Al no tener ningún conocimiento técnico lo único que puede hacer es entregarse totalmente al entrenamiento. A veces,

desearlo más que todos los demás es suficiente para cambiar el rumbo de un partido, incluso si no es suficiente para ganarlo. Esa es la mayor fortaleza de Slam Dunk, lo contagiosa que es la pasión de sus personajes por el basketball. Una de las imágenes más memorables de la serie es la de un antiguo jugador de baloncesto tirado en el suelo y con lágrimas en los ojos, admitiendo

que lo único que quiere es volver a jugar. El enojo que cargaba consigo a todos lados era producto de estar lejos de lo que amaba y no haber sabido lidiar con ello. También existe el desarrollo de esa pasión en Hanamichi, que comienza totalmente de cero y por

motivos algo bobos, pero somos testigos de cómo su relación con el basketball crece con cada partido y entrenamiento.





De pronto, ya no juega para impresionar a Haruko, o a cualquier otra persona. Juega porque es imposible estar lejos de lo que ama. Si algo nos enseña Slam Dunk y Hanamichi es lo valioso que es sentir ese amor por algo, pero además que ese amor no es inherente, debe de trabajase, poco a poco, cada día y cada entrenamiento. Todos podemos llegar a sentirlo.


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El texto anterior fue escrito por Emiliano Castillo.


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Sin importar qué tan adentrado estés en el anime, seguramente amarás alguno de estos trabajos. Las series, además de ser entretenidas, son prueba de que la animación japonesa no es como se percibía hace unos cuantos años y que, a pesar de que su aspecto sea extraño y muy ajeno para el ojo occidental, las historias nos hacen conectar como ningún otro formato.


TAGS: Caricaturas Anime crowdsourcing
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