Switch to English
Arte
Cine
Comida
Entretenimiento
Estilo de vida
Historia
Letras
Moda
Fotografía
Música
Viajes
Catar

CINE

La película de Scorsese que nació de la mente de un hombre drogado en las calles de Los Ángeles

Por: Aglaia Berlutti 27 de septiembre de 2017

Han transcurrido 40 años desde que un taxista inquietante recorriera Nueva York y cambiara el cine —o al menos el pulso entre el cine y la realidad— para siempre. En 1976, Taxi Driver escandalizó y aterrorizó a partes iguales para sentar las bases de un nuevo tipo de creación cinematográfica más cercana al dolor y a la filosofía del miedo urbano que a la idealización del medio. Con guión de Paul Schrader, la impecable cinematografía de Michael Chapman y la explosiva capacidad de Martin Scorsese para analizar el dolor y el desarraigo desde la violencia, la película se convirtió en un hito inmediato y en una descarnada visión de la soledad moderna que aún nos asombra con su durísima propuesta.

La película ha envejecido lo suficientemente bien como para que se haya vuelto un tradición fílmica; además, ha asumido la transformación de Nueva York en casi cuatro décadas y las consecuencias de esa evolución a través de imágenes emblemáticas. La película no sólo reflejó los cambios evidentes de la cultura norteamericana, sino que la transformó en un símbolo de amargura y dolor: Travis Bickle —interpretado por un Robert de Niro en estado de gracia— simboliza el descarnado sufrimiento de una época llena de cicatrices y angustias existencialistas, transformadas en un anuncio de la caída en el desastre. Insomne ​​ex marino traumatizado por Vietnam, vaga por una Nueva York confusa y sombría.

A Martin Scorsese se le ha llamado “el director definitivo de nuestro tiempo”, lo que no lo hace más comprensible o mucho menos accesible. Es —junto a Clint Eastwood— el director más respetado de EEUU, y quizá debido a esa celebridad su larga carrera como director parece confundirse con su visibilidad como personaje del mundo del espectáculo. Nada más lejano a la verdad: Scorsese como director es un autor poliédrico, temperamental y, esencialmente, experimental. Ha sabido construir una nueva perspectiva de su visión en cada oportunidad. Su prolongado trabajo cinematográfico es una interpretación profunda sobre la capacidad del Scorsese artista. El director se replantea su trabajo en múltiples formas, no sólo a través de un lenguaje fílmico estándar, sino a través de esa aspiración del Scorsese director por construir algo novedoso en cada ocasión.

Niño prodigio de la llamada generación del New Hollywood —formada por Coppola, Spielberg y demás pandilla de pioneros de una nueva visión del cine en plenos años 70—, Scorsese es quien sin duda ha sabido construirse una imagen a su medida; una impronta de rebeldía que a diferencia del resto de sus compañeros de generación le ha permitido crecer y madurar. Tal vez por todo lo anterior, Scorsese rechaza cualquier clasicismo en su propuesta: lo suyo es una necesidad casi metódica de destruir para construir. Y es en Taxi Driver donde ese Scorsese joven, recién salido de las calles para tomar la cámara, asume no sólo lo que será reconocido después como su identidad fílmica, sino que muestra el pulso firme y enriquecedor de una visión cinematográfica única.

Se suele decir que la película Taxi Driver nació de la casualidad. Todo comenzó cuando Brian De Palma le presentó a Scorsese a un jovencísimo Paul Schrader, para entonces ya guionista reconocido en ciertos ámbitos del Hollywood independiente. A pesar de su juventud, era todo un personaje por derecho propio: hijo de un estricto hogar calvinista, solía contar que hasta los 17 años no pudo ver una película. Pero cuando finalmente logró hacerlo, se convirtió casi de inmediato en un cinéfilo empedernido y un escritor de y sobre cine que asombró por su perspicacia e inteligencia. No es de extrañar entonces que entre el juvenil Scorsese y el Schrader obsesionado con el cine naciera una amistad derivada de la misma pasión casi eufórica por el cine.

Schrader era un escritor obsesionado con la violencia extrema y el renacimiento desde el dolor. De hecho, el guionista llegó a decir que concibió Taxi Driver luego de derrumbarse en la locura. Por semanas y postrado en un estado maníaco-depresivo tan profundo que dice apenas recordar. El escritor deambuló por Los Ángeles, siempre al borde del desastre, borracho y drogado hasta límites suicidas. Finalmente, llegó al borde mismo de la autodestrucción y fue recluido en un Hospital de la ciudad luego de colapsar en plena calle y agonizar por casi seis horas antes de recibir atención médica. Cuando se recuperó, el guionista cuenta que la historia de Travis Bickle ya estaba escrita en su imaginación. Escribió durante días casi sin comer ni descansar, y desde luego sin volver a beber hasta concluir lo que llamó “una oda al síndrome absoluto de la soledad urbana”. Cuando culminó el guión, Schrader había recuperado la cordura y el control sobre sí mismo.

Conocida la historia, Scorsese no tuvo duda de que sería la película fundacional que marcaría en lo sucesivo su estilo de hacer cine. El largo trayecto hasta su creación incluyó una larga selección de actores para el personaje de Bickle, hasta que el director impuso casi por insistencia al actor Robert De Niro, que acababa de ganar el Oscar al mejor actor de reparto por El Padrino II. El actor aceptó de inmediato. Scorsese cuenta que desde el primer ensayo supo que De Niro no solamente encarnaría mejor que nadie al perturbado taxista neoyorquino, sino que de hecho una parte azarosa y violenta del actor se identificaba plenamente con el personaje. El rodaje estuvo lleno de tensiones y parecía que la historia cobraba vida no sólo ante las cámaras sino detrás de ellas. La filmación se llevó a cabo durante una brutal ola de calor en Nueva York. También se realizaron métodos desconcertantes para complacer la visión artística del director. Por ejemplo, el taxi que conduce Travis fue casi desguazado para obtener algunas impresionantes tomas desde su interior. Además algunas escenas se filmaron en las horas de mayor calor, lo que brindó una atmósfera tensa y agotadora al metraje.

Tanto Scorsese como Schrader insisten en que la película bebe de todo tipo de referentes. Probablemente es cierto, pero resulta evidente que esa soledad descarnada y destructora del hombre al límite de la cordura es deudor inmediato de obras como Memorias del subsuelo, la obra maestra escrita por Fiódor Dostoyevski en 1864, y Falso culpable de Hitchcock en 1956. Cual sea la fuente de inspiración directa, tanto director como guionista crearon una durísima visión sobre la desesperanza, el dolor y la angustia existencial que nos asombra aún a cuatro décadas de su estreno. La obsesión, la furia y la violencia esencial de Travis Brickle parecen simbolizar la visión del director sobre la calle, la angustia del Yo fugitivo y la soledad elaborada a través de ideas muy concretas. La historia avanza haciéndose cada vez más angustiosa, alucinante y demoledora. Es entonces cuando Scorsese insiste, tenaz e inevitable, en mostrarnos el mundo de Travis Bickle con limpia crudeza. Con un ritmo y montaje considerados casi perfectos, el personaje deambula ya no sólo en la Nueva York inhóspita, agresiva, llena de peligros, sino en los recovecos de su propia mente, en su lenta caída a los infiernos.

**

Si te gustó esta película, te invitamos a que conozcas las cosas que quizá no sabías de Taxi Driver. Además observa las fotografías tomabas en el detrás de cámaras durante la filmación de este clásico del cine.


Recomendados: Enlaces promovidos por MGID: