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"The Cloverfield Paradox" o cómo arruinar una saga cinematográfica con una película

8 de febrero de 2018

Aglaia Berlutti

"The Cloverfield Paradox" carece de originalidad y la cuidada economía de recursos que convirtió en objeto de culto a la franquicia.



El terror suele reinventarse de maneras originales. Ejemplo de ello es la franquicia de
Cloverfield
, que siempre ha jugado con enorme acierto con el morbo publicitario. La primera, estrenada en el año 2008, sólo contó con un tráiler que no incluía el título de la película, sino escenas en video de la destrucción de Nueva York por un ente desconocido que jamás llega a mostrarse. La producción de la película había sido un secreto hasta entonces, lo que permitió que la promoción se basara justamente en el enigma no sólo de lo que la película podía ser, sino en sus detalles. Dirigida por Matt Reeves y producida por J.J. Abrams, la película se convirtió en un suceso inmediato: filmada con un presupuesto de 40 millones de dólares,
Cloverfield
recaudó casi el triple en su estreno, lo que aseguró una probable secuela.


10 Cloverfield Lane

fue estrenada en 2016, sin que se mencionara durante su producción que el argumento estuviera vinculado a su predecesora. Filmada también sin revelar detalles de producción y a través de avances inesperados, la película sorprendió por un nuevo giro de la historia original, y por crear una nueva visión sobre el cine monstruoso entretejido con cierta percepción del desastre, el miedo y la tensión. El director Dan Trachtenberg creó además una revisión de la idea original, a la que agregó una tensión emocional que le brindó solidez e independencia narrativa a la inesperada secuela.





El productor J.J. Abrams decidió jugar con los mismos elementos en
The Cloverfield Paradox
, tercera parte de la franquicia cuyo primer y misterioso
spot
publicitario se transmitió durante el Super Bowl. Como el resto de la franquicia, poco se sabía de su producción, salvo algunas imágenes selectas que aparecieron en diferentes medios unas cuantas horas antes del estreno del avance, y la noticia de que Paramount había vendido la película a la plataforma Netflix una semanas atrás. En un movimiento audaz e inesperado, pero sobre todo un riesgo calculado, la cadena de televisión decidió estrenar la película de manera sorpresiva luego de la transmisión del gran evento deportivo. Hubo rumores de que la decisión era un movimiento estudiado por la productora y la cadena para evitar que las recaudaciones de la película pudieran verse afectadas por su complejidad, pero en realidad
The Cloverfield Paradox
no es otra cosa que un extraño experimento de planteamiento y argumento que no termina de sostenerse a la manera de sus predecesoras, y que falla por su guión blando y una puesta en escena pobre y en ocasiones rudimentaria. Al contrario de las anteriores secuelas de la franquicia,
Paradox
carece de originalidad y la cuidada economía de recursos que convirtió en objeto de culto a la franquicia. El desconocido director Julius Onah parece incapaz de sostener la tensión y el misterio sugerido a través de un guión tramposo y con excesivos puntos en blancos para resultar coherente. A pesar de la mirada analítica sobre el material original ,
Paradox
funciona como una precuela no específicamente lineal de la primera entrega.





The Cloverfield Paradox

es, de hecho, la narración sobre los orígenes del fenómeno de la franquicia; pero también el origen de lo que le brindó su sorpresivo éxito. J.J. Abrams de nuevo juega con la escasa información previa sobre el argumento para crear una atmósfera de misterio que intenta brindar a la película un cierto tenor experimental, sin lograrlo. Con un sólido elenco coral —Gugu Mbatha-Raw (
Doctor Who
y
Touch
), David Oyelowo (
Spooks
) y Daniel Brühl (
Captain America: Civil War
y
The Alienist
)— la trama medita sobre el terror, la incertidumbre y la amenaza de un futuro distante, en medio de una conmoción sin nombre e inexplicable que intenta unir universos diferentes y que de alguna u otra forma tratan de brindar coherencia a las dos películas anteriores. Sin embargo, la ambiciosa maniobra argumental no llega nunca a concretarse. La película es incapaz de mantener un ritmo coherente y termina convertida en una serie de piezas sin sentido que no logran coincidir entre sí. El argumento no parece tener demasiado claro la forma en la que desea plantear la historia que cuenta Por un lado, un conflicto global genérico —una crisis energética cuyos orígenes no son explicados lo suficiente— provoca la amenaza de una guerra total; lo que obliga a la búsqueda de una fuente ilimitada de energía que pueda evitar el conflicto. En medio de la caótica situación, un grupo de científicos dedican esfuerzos y trabajo incansable en un intento por llevar a la humanidad una última cuota de esperanza. Pero cuando finalmente sus investigaciones alcanzan un inesperado éxito, un violento caos se desata y transforma la mera posibilidad de salvación en una imposibilidad cruel y tenebrosa.





Pero a pesar de sus buenas intenciones,
Paradox
no logra unir todas las partes del argumento y termina convertida en una colección de elementos dispares y descuidados, que el director Onah no logra unir en un todo coherente. Con algunos momentos intrigantes y escenas brillantes, la película tiene excesivos fallos argumentales como para sostener una historia que por momentos se torna absurda y otros, directamente sin sentido. Con giros narrativos inexplicables, una edición desordenada y, sobre todo, una evidente incapacidad para mantener cierta coherencia visual y argumental,
Paradox
carece de la tensión que sostuvo la estupenda trama mínima de
10 Cloverfield Lane
. Al contrario, esta última entrega asume la perspectiva del absurdo desde un ángulo poco congruente con el resto de la narración; lo que convierte a sus insólitos giros argumentales en poco menos que sorpresas efectivas. Desde la desaparición de un planeta hasta la extraña aparición de un personaje literalmente incrustado dentro del metal, Onah utiliza el ingenioso diseño de producción como un
shock
efectivo que pierde toda solidez al carecer de explicación o, al menos, de una correlación de ideas que puedan mantener el misterio.





Una de los puntos fuertes tanto de
Cloverfield
como de
10 Cloverfield Lane
, fue la sensación evidente de que por extraordinarios que fueran los eventos que ocurrían frente a la cámara o bajo el secreto inexplicable, podían resultar verosímiles gracias a sus personajes y, sobre todo, a esa poderosa visión sobre la normalidad fragmentada y destruída en medio de una situación límite. En
Paradox
ocurre exactamente lo contrario: los personajes avanzan con torpeza en medio de las situaciones desconcertantes, sin que su comportamiento sea realista. La historia se convierte en un sinsentido de reacciones y decisiones confusas. El guión no logra crear ningún conflicto y, de hecho, uno de los puntos más bajos de la película es que el argumento no analiza el conflicto dramático —ni mucho menos el enigma— desde una percepción coherente. Con su predecible juego de espejos en medio de una atractiva puesta en escena, la película se mueve de una escena confusa a la siguiente. Luego de un prometedor prólogo,
Paradox
cae en una tediosa sucesión de pequeños sobresaltos mal montados que atentan directamente contra el flujo narrativo. De la interesante propuesta de los primeros minutos, la película avanza hacia una convencional película de terror espacial, sin otro aliciente que el miedo convertido en un recurso incompleto y paliativo a los frecuentes errores de ritmo y coherencia.


Al parecer —y según rumores de la industria— habrá una cuarta parte de la franquicia
Cloverfield
para el final de año. No obstante, a juzgar por el poco convincente resultado de
The Cloverfield Paradox
es bastante probable que el experimento deba enfrentarse a un precedente decepcionante que condiciona su posible triunfo en crítica y público. Y eso es quizás el mayor misterio al que deba enfrentarse la franquicia en el futuro.





**


La imaginación de los grandes cineastas nos puede llevar a conocer futuros aterradores, pero si eres de los valientes que no se preocupan por el mañana, aquí te compartimos las 7 mejores películas de Ciencia Ficción que puedes ver en Netflix.



TAGS: Ciencia ficcion crítica cinematográfica crítica
REFERENCIAS:

Aglaia Berlutti


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