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"Titanes del Pacífico: la insurrección", buenos efectos especiales y una trama que no le hace justicia

23 de marzo de 2018

Octavio Alfaro

En "Titanes del Pacífico: la insurreción" Jake Pentecost (John Boyega) se encuentra en un dilema

Cinco años atrás llegó a las salas de cine Titanes del Pacífico (Guillermo del Toro), una cinta del género mecha que plasma peleas de grandes dimensiones entre los jaeger (robots de gran tamaño controlados por dos pilotos) y los kaiju (bestias gigantescas). Ahora ha llegado la secuela de esta cinta: Titanes del Pacífico: la insurrección (Steven S. DeKnight, 2018), cuyas intenciones por retomar el buen sabor de boca de su antecesora se quedaron cortas.

Ubicada 10 años después de los eventos de la primera entrega, Jake Pentecost (John Boyega) se encuentra en un dilema: el estilo de vida que lleva lo ha orillado a pisar la cárcel en reiteradas ocasiones, pero tiene una salida: convertirse en ranger e instruir a las nuevas generaciones para combatir el posible regreso de los kaiju.



Aunque la decisión tomada no le gusta del todo, su pasado lo persigue junto con el legado de su padre, Stacker Pentecost (Idris Elba), quien dio su vida en la primera película para cerrar la brecha del Pacífico. Más a fuerza que por ganas comienza a adaptarse a las reglas y a su misión, mientras lidia con el típico compañero con quien se lleva mal, Nate Lambert (Scott Eastwood).

Las cosas se ponen tensas cuando los temidos kaiju regresan a sembrar el miedo y causar destrucción, por lo que los pilotos se alistan para combatir la amenaza, pero no solamente de los monstruos sino de jaegers rebeldes, luciendo su arsenal tecnológico de punta y habilidades para las peleas cuerpo a cuerpo.


 

Justo esta parte en la que los efectos especiales son requeridos llegan los momentos más entretenidos de Titanes del Pacífico: la insurrección; en ellos podemos disfrutar de la propia composición de jaegers y kaijus en diversas versiones, además de mayor número de escenas en las que los pilotos controlan al titán, y pequeños hologramas indicadores de lo que hacen. Todo esto sin dejar de mencionar la caótica situación de las locaciones y los daños irreparables sufridos por los embates.

Dejando de lado esto último, la película roza lo ridículo y comienza con el propio protagonista y su actitud arrogante, sin olvidar a los demás personajes carentes de congruencia y personalidad fuerte. Sumado a esto la historia hace de la cinta algo para el olvido; las bases del sustento de la entrega anterior son hechas a un lado para dar paso a exageradas situaciones que tratan de justificar lo sucedido.


 

El villano central, una vez descubierta su identidad, saca una carcajada en el público por lo inverosímil, además de las pocas veces en que se nota la química entre el elenco, cosa que sí se percibía con los intérpretes de la primera entrega.

Titanes del Pacífico: La insurrección defrauda por su mediocre historia y pocos argumentos creíbles para generar una atmósfera inclusiva. Sus personajes no son simpáticos y se contradicen en varios momentos, además de la omisión de muchas cosas establecidas en la cinta anterior. Lo único que la hace entretenida es el aspecto visual, trabajado a detalle para generar escenarios espectaculares y batallas de dimensiones gigantescas. Aun así está muy lejos de convertirse en uno de los mejores filmes de ciencia ficción del siglo.

***

Sin duda la ciencia ficción le ha generado temores a la humanidad por el incierto futuro que depara.

TAGS: Ciencia ficcion crítica cinematográfica cine
REFERENCIAS:

Octavio Alfaro


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