INICIO NOTICIAS VIDEO SERIES INFOGRAFÍAS ARTE FOTO CINE HISTORIA LETRAS MÚSICA DISEÑO ESTILO DE VIDA MODA VIAJES CIENCIA Y TECNOLOGÍA COMIDA

Todos los derechos reservados 2017
© Cultura Colectiva

David Lynch, el director que te hará creer que vivimos dentro de un sueño

26 de octubre de 2017

Otto Ludewig

¿Quién nos dice que la realidad no es el producto de nuestro sueño? ¿Quién es el verdadero soñador?



“Somos como el soñador que sueña y vive dentro del sueño” es una frase dicha por el comisionado Gordon Cole, personaje de la serie Twin Peaks que es interpretado por el director de la misma, David Lynch. Cole recuerda la frase de “otro sueño de Monica Bellucci”, cuando esta celebridad italiana se la comenta sentados en un café parisino. En este punto, Lynch nos declara la esencia de su obra más ambiciosa y del resto de su carrera como autor —desde los primeros cortometraje, pasando por toda su filmografía y desembocando en un ícono de la televisión como lo es su extraña y singular serie. El director plantea el carácter de su universo: el sueño de la realidad y la realidad del sueño.





David Lynch —nacido en Estados Unidos en 1946— es uno de los mayores ejemplos de autores que logran enlazar cuidadosamente los conceptos que mueven toda su obra. A veces con recursos convencionales y otras con un cine más experimental, Lynch aprovecha cada trama, personaje y recurso audiovisual para sumergir a la audiencia en una fascinación por el subconsciente, eso que ocurre debajo de cada individuo. No es un autor típico, pues él mismo llega a distorsionar su trabajo para darle la forma precisa que desea compartir. Es un autor cruel, que hace sufrir a sus protagonistas y reta al espectador a vivir estas experiencias duras. Es también un autor que engancha, que logra envolvernos por completo y no nos suelta ni después de que termina la función. Las imágenes y las historias se quedan contigo, las llevas en tu cotidianidad, en ese mundo real que Lynch mezcla con lo irreal a través de la experiencia onírica.





Su trabajo no es especialmente complejo, pues tiene referentes que se remontan a 1929, con obras como Un perro andaluz de Luis Buñuel. De esta obra nace la idea de entrelazar mundos inconexos y generar un espacio en el que el espectador no puede utilizar la lógica para deducir el significado de la historia, sino que tiene que sentirla y digerirla, dejar que se asiente en sí misma para sacar provecho. El universo de estos autores no está simplificado ni se deja ver por completo; las imágenes por sí solas no significan nada para el espectador, hay que hacer un trabajo de emoción y conciencia. Lynch aprovecha todo lo que tiene a su alcance para retorcer la psique y transformar su obra; desde lo más dramático hasta lo cómico, lo policiaco, lo terrorífico y un sinfín de géneros más que desfiguran la normalidad del filme y, consecuentemente, la realidad que se proyecta.





Con el final de su aclamada Twin Peaks —cuya tercera temporada se estrenó en mayo de este año— se aprecian con más detalle los colores con los que Lynch retrata al mundo, juega con la expectativa y la dicha de su público fiel en todas las maneras imaginables. El creador se resigna a mostrar a su protagonista por 15 episodios, llena las escenas de pistas falsas con segmentos ajenos a la trama principal, y cuando por fin se acerca al final su narrativa del bien contra el mal desemboca en un nuevo misterio. No hay un gran enfrentamiento, no hay una respuesta absoluta, no hay un drama resuelto; sólo un enigma más.





Pero decir que el final es inútil o pretencioso es caer en el camino fácil, en lo superfluo. Lynch nunca nos hace creer que la respuesta esperada es la correcta, porque de hecho nunca lo es; sólo basta jugar un poco con nuestra idílica realidad para mostrarnos lo mucho que ignoramos sobre el mundo y nosotros mismos. Nos refleja lo frágil que es nuestra burbuja de la moral, la hipocresía del día a día, el absurdo de nuestra búsqueda de un mundo ideal, la oscuridad que subyace bajo la luz.





Lynch es la caja azul, el Club Silencio y el restaurante Winkie’s en Mulholland Drive; es la hermosa cerca blanca y la oreja cercenada en Blue Velvet; es el padre pavoroso de su hijo deforme y las vivencias en un entorno oscuro como el de Eraserhead; son los primeros planos deformes de los rostros en Inland Empire, es esa eterna carretera en Lost Highway; y finalmente es el bar Bang Bang, es la Logia Negra, es Dale Cooper siendo Douglas Jones, es la excéntrica parte 8, son las bandas invitadas al final de cada episodio, es la música de Angelo Badalamenti, es el hotel The Great Northern, es el RR Cafe con sus famosos pasteles de cereza y es Laura Palmer en Twin Peaks.





Definitivamente, Lynch se ha ganado su lugar como director de renombre crítico y comercial, y es claro por qué se ha establecido dentro de la cultura popular con términos como “lynchian” o “lynched” para describir su singular estilo. Sus producciones se transforman de simples episodios o largometrajes a experiencias que develan la realidad tal como lo hacen nuestros sueños, y en esta develación cualquier cuestionamiento es válido. Somos como el soñador que sueña y vive dentro del sueño ¿Quién nos dice que la realidad no es el producto de nuestro sueño? ¿Quién es el único soñador?


**


La imaginación de los grandes cineastas nos puede llevar a conocer futuros aterradores, pero si eres de los valientes que no se preocupan por el mañana, aquí te compartimos las 7 mejores películas de Ciencia Ficción que puedes ver en Netflix.



TAGS: Recomendaciones Series de tv David lynch
REFERENCIAS:

Otto Ludewig


Colaborador

  COMENTARIOS

  MÁS DE CULTURA COLECTIVA

Actores que tuvieron que ir a terapia despues de acabar la filmación de tus películas favoritas Por qué creían que la sangre de la menstruación era venenosa en la Edad Media La razón por la que Friendly Fires escapó unas horas del Corona Capital 2008 Cómo descubrí que mi abuelo fue un nazi How To Choose The Right Partner, According To Psychology Robbie, indie y amor: 38 fotos de cómo se vivió el Corona Capital 2018

  TE RECOMENDAMOS