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La vida de traiciones y desamor de Mia Farrow, una de las musas más importantes de Hollywood

17 de enero de 2018

Alejandrina Sánchez Viñas

Sus relaciones con Frank Sinatra, André Previn y Woody Allen causaron un impacto significativo en su vida personal y como actriz

La cultura de la Antigua Grecia ha legado conceptos que han trascendido a la modernidad más acutal. Uno de ellos es sin duda el de las musas, aquellos seres divinos que dotaban de inspiración a un artista para la creación de una obra. Con el paso del tiempo, la ideología inició a cobrar un sentido diferente, mayormente aterrizado a la realidad: comenzaron a ser representadas por mujeres de carne y hueso, de gran intelecto, que significaron para grandes artistas su razón de producir. Entre las musas modernas, y ante los constantes cambios que han sufrido cada época para su transformación, hay que hablar de Mia Farrow, una musa que supo inspirar a talentos como Frank Sinatra, André Previn y Woody Allen. Para ellos las cosas no serían las misma si ella no hubiera aparecido en sus vidas.



María de Lourdes Villiers Farrow nació el 9 de febrero de 1945 en Los Ángeles, California. De pequeña la poliomielitis la hizo una niña introvertida. A pesar de recuperarse físicamente con muy pocas secuelas, emocionalmente le llevaría un poco más de tiempo. Un suceso que marca a la familia Farrow es la muerte de su hijo mayor, siendo un parteaguas en la vida de la futura actriz, quien decide internarse en una escuela de monjas, deseo que desde pequeña se formaba. Viajó a Gran Bretaña para cumplir su cometido e ingresar a una orden religiosa. Sin embargo, dos años después, a petición de su madre, regresa.

Farrow descubrió su pasión por los escenarios a los 17 años, cuando ingresa a la escuela católica Marymount de Los Ángeles, explorando sus dotes artísticos y el trabajo interpretativo.

Al morir su padre, hace su debut, descubriendo ante propios y extraños el nuevo talento que nacía. En muy poco tiempo había logrado filmar cinco películas y convertirse en la favorita de muchos norteamericanos. Es en esta época, cuando conoce al crooner Frank Sinatra, 30 años mayor que ella. Desde su primer encuentro simpatizaron muy fácilmente y en muy poco tiempo habían decido comprometerse.

En julio de 1966, siendo una de las parejas más famosas de Hollywood, lo que determinó la ruptura de este matrimonio sería, sin duda, el medio artístico en el que estaban inmersos y el foco de críticas al que se exponían. Por un lado Farrow seguía firmando contratos para películas, y su vida estaba convertida en sets de grabación y horarios de rodaje, mientras que Sinatra quería una esposa que lo esperara en casa, por lo cual la relación finalizó con un divorcio, a pesar del dolor que había causado el perder a su esposo, la actriz se refugió en su trabajo.



En una fiesta del rodaje de la cinta La semilla de diablo (Roman Polanski, 1968) conoció a André Previn. Aunque la atracción y química se pudo dar desde el primer encuentro, fue año y medio después que el destino los volvió a cruzar. A Dory, la entonces esposa de Previn, le pareció que la cercanía de Farrow no era tan casual, por lo que tomó la decisión de separarse. La notificación del divorcio llegó junto con la noticia de que Farrow estaba embazada: las sospechas de Dory fueron comprobadas. Entonces Farrow y Previn deciden formalizar y contraer matrimonio. En esta nueva etapa se dedicó a su familia e hijos, aplazando sus apariciones en el cine: Se concentró en vivir una vida alejada de la fama, rechazando todas las ofertas que le llegaban.

Aunque Farrow había tomado la decisión de alejarse de los rodajes, El gran Gatsby (Jack Clayton, 1974) la devolvió directamente a los reflectores. Ella misma se proponía interpretar a Daysi. A pesar de lo destacable de su interpretación, la película no obtuvo el éxito esperado. Ante esto, la actriz prefirió regresar al cuidado de sus gemelos. En la espera de su tercer hijo, comenzó su interés por las adopciones internacionales.



Justo después de terminar la Guerra de Vietnam, Farrow leía sobre las noticias que mostraban decenas de millares de niños que habían quedado sin hogar, por lo que contactó a una organización para adoptar dos niñas vietnamitas.

Por otro lado, su matrimonio comenzó a tener complicaciones. Era bien sabido por ella que su esposo mantenía otras relaciones. Sin embargo, prefirió no hacer caso y dedicarse al cuidado y atención de sus hijos. Poco después de tener a su tercer hijo natural, adoptó a una niña coreana y, a pesar de que las leyes de Estados Unidos establecían que sólo se permitía adoptar a dos niños internacionales por matrimonio, ella luchó por que dicho estatuto se anulara, con lo que logró que la ley tomara otro rumbo.

Sumando seis hijos, el matrimonio Previn Farrow finalizó.



La necesidad por mantener a su familia lleva a la actriz a regresar a las filmaciones. En 1980, durante una cena, conoce a Woody Allen: “Era encantador, brillante y muy inteligente. Y fue bienvenido en mi vida”. La amistad de la pareja, ante la atracción mutua, desembocó en una relación inmediata. Al poco tiempo de iniciar un romance, comenzaron a trabajar juntos, Allen pensaría como única protagonista a Farrow para realizar sus guiones. Consolidando su relación, tanto personal como profesional, decidieron tener un hijo y adoptar otro para complementar la familia. Sin duda, parte de las entregas de Woody Allen se debía a guiones que buscaban solucionar sus conflictos interiores y en los cuales se pudo apreciar un desarrollo personal gracias a la llegada de la actriz a su vida. El proceso creativo se vio completamente renovado, sin convertirse en indispensables el uno del otro, ambos querían lograr el desarrollo profesional. Doce años juntos y trece películas fueron el logro alcanzado en pareja.

El matrimonio llegó a su fin, tras un escándalo por el romance de Allen con Soo Yin, hija adoptiva de Farrow, y el supuesto abuso por parte del guionista a su propia hija Dylan. Allen negó rotundamente la acusación. Un médico de la Clínica Yale New Haven analizó la declaración de Dylan y determinó que la niña presentaba inconsistencias en la declaración, por lo cual los cargos fueron retirados, aunque Farrow ganó la custodia de sus hijos, tiempo después el fiscal del Estado de Connecticut reveló que existía lo necesario para procesar a Allen. A pesar de ello se evitó que Dylan regresara al escándalo y se dio el caso por cerrado.



En su trayectoria como actriz destacan más de 40 películas, por las que ganó importantes reconocimientos, como un Globo de Oro y el Premio a Mejor Actriz en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Con tres grandes amores en su vida, que la colocan como una mujer temperamental y una musa moderna, sus hijos siempre han sido el centro de atención, y en la actualidad se ha convertido en embajadora de la Unicef, por la cual se ha involucrado en el activismo. 


***

El arte cinematográfico requiere de la atención de la fotografía porque nació a partir de ella. Si una sola imagen –como suele decirse– expresa más que mil palabras, imaginemos las posibilidades de hacerlo a 60 por minuto, o las nuevas opciones que ofrece el cine digital. Todo lo que importa está dentro de ese cuadro y si puede llevarse al límite para darle a la audiencia una genuina obra de arte, ¿por qué preocuparnos sólo por la historia?

TAGS: Clasicos del cine Mujeres con estilo Mujeres
REFERENCIAS:

Alejandrina Sánchez Viñas


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