Razones por las que WiFi Ralph nunca superará a la película original
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Razones por las que WiFi Ralph nunca superará a la película original

Avatar of Aglaia Berlutti

Por: Aglaia Berlutti

29 de noviembre, 2018

Cine Razones por las que WiFi Ralph nunca superará a la película original
Avatar of Aglaia Berlutti

Por: Aglaia Berlutti

29 de noviembre, 2018

Ralph y Vanellope regresan, y esta vez la misión es sobrevivir a la jungla de internet. ¿Pero por qué la secuela no nos deja completamente satisfechos?



Para bien o para mal, la nostalgia parece ser un elemento inevitable en varias producciones televisivas y cinematográficas que apelan directamente a los buenos recuerdos y referencias del espectador. Desde Ready Player One de Steven Spielberg hasta Stranger Things de los hermanos Duffer, en los últimos años quedó demostrado que la noción sobre el pasado idealizado era una forma estructural de construir una nueva forma de símbolos pop. Y también, por supuesto, de sacar provecho de ellos.


Ralph, el Demoledor del director Rich Moore llegó al cine mucho antes de que toda esta nueva ola sobre el recuerdo se convirtiera en tendencia. Aún restaban cuatro años para que los hermanos Duffer crearan toda una revolución con su pandilla de niños enfrentados a lo sobrenatural, por lo que Moore se encontró con la complicada labor de superar el escepticismo de productores e incluso del público. Pero aún así, Ralph, con su vuelta de tuerca sobre el mundo de los juegos de arcade de la década de los 80, pero sobre todo su entretenida mirada sobre la cultura pop, logró no sólo una historia fresca sino cautivar al público con enorme facilidad. Se trató de una combinación acertada entre la noción del juego como reflejo de su época; pero también como una versión de la realidad convertida en una sencilla propuesta emocional. 


Razones por las que WiFi Ralph nunca superará a la película original 1


¿Podría este ficticio Ralph vencer su naturaleza destructiva y encontrar algo más valioso en medio de los limitadas fronteras de su universo? Ralph, con sus movimientos desmañados y su insuperable optimismo, tenía algo del buen perdedor al que ya Hollywood otorga un lugar especial dentro de los argumentos infantiles. Y no obstante, Ralph resultó ser también una reflexión original sobre el subproducto pop como vehículo para contar historias. De pronto, Disney encontró lo que su aliada Pixar conocía hace más de 20 años: hay una línea invisible e interesante entre los buenos personajes y el contexto que les rodea. Y fue Ralph, acompañado de la encantadora Vanellope, quien demostró que la nostalgia tenía su peso para las nuevas audiencias. Lo demás, por supuesto, es historia.


WiFi Ralph de la mano de los directores Rich Moore y Phil Johnston se enfrenta no sólo al hecho de que la fórmula que convirtió la película original en un éxito de taquilla ha sido explotada hasta la saciedad, sino a esa noción sobre lo novedoso que convirtió a la predecesora en un suceso de taquilla, y que su secuela parece haber perdido. Esta vez, Ralph tendrá que enfrentarse a un mundo que avanza muy rápido y al mismo hecho de justificar su existencia. Tal vez por ese motivo la película se enfrenta de inmediato a su primera gran disyuntiva: ¿puede esta antigua generación de videojuegos sobrevivir a la avalancha de Internet? Moore y Johnston no lo ignoran y lo plantean desde las primeras escenas. No obstante, a pesar que el guión hace una breve reflexión sobre los peligros de lo obsoleto y el olvido en una sociedad obsesionada con lo novedoso, la película olvida pronto una propuesta tan sugerente para concentrarse en sus dos protagonistas. De nuevo Ralph (John C. Reilly) y Vanellope (Sarah Silverman) deberán salvar el viejo mundo de los juegos de arcade, esta vez atravesando la ciénaga peligrosa e infinita de Internet. 


Razones por las que WiFi Ralph nunca superará a la película original 2


Cargada de referencias pop, pero sobre todo muy consciente de su valor como vehículo para comprender sus implicaciones, la película avanza con buen pie, aunque no con la suficiente soltura para crear un nuevo escenario de batalla para el dúo protagonista. A diferencia de la primera entrega, la cinta no tiene demasiado interés en detenerse en las motivaciones o la evolución de sus personajes. Ralph ya no parece consternado o se cuestiona sobre el motivo de su existencia —aunque tiene motivos para hacerlo—; Vanellope parece haber perdido parte de su encanto en favor de una fervorosa y en ocasiones irritante personalidad. Entre una amplia selección de marcas, películas, videos, la mezcla resulta entretenida durante la primera hora de la película, pero luego se hace incluso tediosa cuando la algarabía pirotécnica de referencias y personajes saturan cada escena. Disney no desaprovecha la oportunidad, y en mitad de todo tipo de situaciones demuestra el poder de la autopromoción descarada. Una y a otra vez, Ralph parece ser una mera excusa para celebrar la marca, y sobre todo para explotar la vertiginosa línea de rostros conocidos que pueblan la película a toda velocidad.


Por supuesto, el tono de la película también ha cambiado: Ralph lleva su identidad virtual como una carga y disfruta de su propio mundo, en el que además comparte espacio y universo con otros tantos personajes del mundo de los videojuegos. Pero la idílica felicidad se trastoca de inmediato, y es quizás esa vuelta de hoja brusca y casi inevitable lo que hace que la película tenga un ritmo no del todo regular. Ralph continúa siendo el protector de Vanellope y, como en la anterior película, los directores dedican sus buenos minutos a reflexionar sobre la relación especial entre ambos. No obstante, no se trata de un acercamiento emocional ni tampoco conmovedor; el guión tiene excesivas prisas por dejar en claro los puntos necesarios y avanza en tropel por esa gran jungla de internet superpoblada de estímulos. Lo retro de nuevo está allí, es casi inevitable, pero resulta un añadido incómodo y casi impostado, en medio de la reluciente travesía entre todo tipo de países ultrafuturistas que dibujan el mundo de internet.



Quizás ese es el mayor logro de la película: dotar a internet de una geografía propia que se alarga de manera infinita, y que además elabora una mirada consciente sobre sus capacidades, sus lugares iluminados y oscuros. Sin embargo, lo hace con excesiva buena intención para que resulte algo más que una novedad no demasiado relevante. Las marcas reales son tratadas con excesivo respeto y las ficticias se mofan con tímidos intentos de ironía que no siempre resultan creíbles. Con sus pequeñas bromas sobre viejos juegos, películas y, sobre todo, los grandes gigantes de internet, WiFI Ralph parece en exceso respetuosa en los momentos en que no debería serlo.


No es la primera vez que Disney explora universos interiores. Ya lo hizo a través de Pixar con Inside Out y se trató de una aventura que pecó de explicativa, pero que venció la noción experimental a fuerza de un guión conmovedor. Pero en esta ocasión el resultado es por completo distinto. Mientras la película de Pete Docter y John Rutherford analizaba las relaciones entre espacios desconocidos de la mente humana y el exterior, WiFi Ralph se limita a lo obvio y sus personajes deambulan de un lado a otro con cierta sensación pesimista. Aunque sin duda hay grandes momentos —el encuentro de Vanellope con el resto de las Princesas Disney es antológico—, la película no tiene demasiado interés en analizar los grandes temas que toca casi por accidente. La identidad, el desarraigo, las fronteras de un mundo inexplorado, la caída en el desastre en medio de una colección de nuevas posibilidades, son pequeñas elucubraciones sin importancia que el guión olvida demasiado pronto. La conexión con ese submundo variopinto y vasto termina por ser insustancial, cuando no directamente sin sentido. Al final, Raph parece deambular en medio de un desierto simbólico que no comprende demasiado.


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Pixar Animation Studios ha llenado al cine de escenas icónicas, como la cinta "Coco", que se convirtió también en un clásico para niños y adultos.



Referencias: