De la guajolota a la guacamaya: nadie come pan como los mexicanos

De la guajolota a la guacamaya: nadie come pan como los mexicanos


Te retamos, nombra una pareja más icónica que un pan dulce y café o chocolate. Es imposible ¿verdad?, excepto tal vez por las medias noches y una salchicha, el pan blanco y la mantequilla o los bollos con ajonjolí y carne de hamburguesa. Como sea que te lo comas, el pan siempre ha sido una piedra angular de la alimentación de todos los mexicanos. Y es fácil saber por qué.


El pan contiene fibra dietética que ayuda a la digestión, equilibra los niveles de azúcar en la sangre, nutre la microfibra intestinal y te hace sentir lleno por más tiempo evitando que comas munchies y que tu estómago parezca hinchado. También tiene carbohidratos que, en cantidades balanceadas, son sumamente necesarios para tu cuerpo pues son los que lo llenan de energía, aseguran el bueno funcionamiento cerebral y evitan que te pongas irritable. Tal vez por eso los mexicanos somos internacionalmente conocidos como buena onda, después de todo, consumimos 30 kilos de pan por cabeza al año. Y ¿cómo no hacerlo? Con tantas cosas tan deliciosas que podemos hacer con pan, no resulta sorprendente que, estemos donde estemos, siempre podamos encontrar un platillo icónico con pan.


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Guacamayas en Guanajuato


A principios de la década de los cincuenta en León, Guanajuato, un hombre llamado Don Deme vendía chicharrón, uno de sus clientes disfrutaba de meter el producto en un pan y atiborrarlo de pico de gallo. Se enchilaba tanto que se veía obligado a pasárselo con tequila, volviéndose tan parlanchín que lo llamaban guacamaya. De ahí, cuando la gente visitaba el puesto de Don Deme, empezó a pedir una “guacamaya”, bolillos partidos a la mitad rellenos de chicharrón con bastante pico de gallo. Más y más lugares empezaron a ofrecer estas Guacamayas hasta volverse una botana tradicional en Guanajuato.



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Hot Dogs en Sinaloa


Usualmente se rastrea el origen del hot dog o perro caliente según los doblajes de los años ochenta, hasta Nueva York donde los carritos vendiendo salchichas alemanas dentro de panes se volvieron populares en 1870. Pero podríamos argumentar que en realidad, no nacieron sino hasta que los primeros buques comerciales empezaron a llegar a Baja California, Sonora y Sinaloa. Los comerciantes estadounidenses trajeron su bocadillo y los cocineros mexicanos hicieron el resto. A la sencilla salchicha la rodearon de tocino, le agregaron crema, le pusieron, obviamente, chile, mostaza, cebolla y jitomate, transformando la simple creación de Estados Unidos en una delicia nacional.



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Birote en Guadalajara


Este pan fue traído a nosotros desde Francia por la corte de Maximiliano de Habsburgo. Antes de enojarte con este personaje tan poco popular de la historia, recuerda lo deliciosos que son los lonches, los hermanos más deliciosos de las tortas, que no podríamos tener sin el birote traído por los amigos de Max. Tal vez a primera vista te parezca que no hay diferencia entre bolillo y birote, pero antes de que te ganes el chanclazo de alguna abuelita tapatía, fíjate en la textura, un birote es suave y blanco por dentro, pero crujiente y dorado por fuera para así absorber mejor el jugo de las deliciosas tortas ahogadas. Mientras tanto, el bolillo es más pequeño y suave y blanco por dentro y por fuera.



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Hamburguesas de arrachera en Monterrey


Sí, quizá podemos quejarnos del acento de la gente de Monterrey (si eres de Monterrey, no es cierto, nunca hacemos nada de eso), pero nunca nos vamos a quejar de sus cortes de carne, en particular de la arrachera. La arrachera llegó a México gracias a Don Inés, un carnicero que, al perder a sus padres, aprendió el oficio de su hermano y durante un viaje por Estados Unidos descubrió que allá alimentaban diferente al ganado y aprovechaban otras secciones de la carne. Así aprendió y perfeccionó la técnica de lo que llamó "Arrachera" y todos le estamos muy agradecidos de poder meter este corte entre dos bollos, ponerle lechuga, jitomate, mayonesa, mostaza y catsup.



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Pan “barra” en Yucatán


Este pan fue traído por los españoles directamente durante la conquista, aunque por alguna razón se le llama también francés. Este suave pan blanco se prepara usualmente en horno de leña, aunque a veces se usa horno de gas, el sabor sí varía, con una hoja de palma de huano o de coco que permite saber cuando el pan ya está listo y además le da un sabor especial. Usualmente se le agrega mantequilla y azúcar o se puede partir a la mitad y rellenarlo de cochinita, escabeche o relleno negro.



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Cemitas en Puebla


Las cemitas son conocidas en toda América Latina con variaciones dulces y saladas, pero la mayoría de las versiones afirman que la de Puebla es la original. Fue una combinación de dos panes diferentes que se preparaban durante la colonia, uno con corteza dura y otro suave y hueco; ambos estaban hechos para durar mucho tiempo sin descomponerse y así llevarse en largos viajes en el mar. En Puebla se mezclaron ambos tipos de pan y se les agregó el ajonjolí que ahora caracteriza a las cemitas. Aquí empezaron a rellenarlo con las sobras de la comida que hubieran disponibles, así que ahora pueden disfrutarse prácticamente con cualquier cosa.



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Guajolotas y tortas de chilaquiles en CDMX


Podrán vilificar la práctica, burlarse con cientos de memes y calificarlo de retroceso cultural, pero, la verdad es que no se conoce el verdadero placer hasta no partir un bolillo sencillo a la mitad para rellenarlo de lo menos esperado como un tamal o chilaquiles. Recordemos que el pan blanco aporta nutrientes necesarios para nuestro cuerpo así que en realidad simplemente estamos asegurándonos de tener un desayuno completo. Mucha gente en la ciudad se enfrenta a retos físicos constantes, corriendo para alcanzar al camión, subiendo escaleras interminables en el metro y pasando por innumerables sustos, así que llenarse de energía por la mañana es esencial.



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Sandwiches en todas partes


Desde un viaje largo en carretera, el recreo o un día de mucho trabajo en la oficina, cualquier momento es bueno para comerse un sándwich. Inventado en 1762 en Francia, cuando John Montagu, conde de la región inglesa de Sandwich, pasó veinticuatro horas seguidas sentado ante una mesa de juego y pedía un pedazo de carne entre dos rebanadas de pan para mantenerse alerta, bien alimentado y continuar con el juego. Casi 300 años después, el sándwich sigue siendo el snack por excelencia en México y en todo el mundo.



Rellenos, solos, calientes, fríos, crujientes o suavecitos ¿tú cómo prefieres el pan?






Referencias: