10 tesoros del Museo Franz Mayer

Martes, 19 de mayo de 2015 7:51

|Museo Franz Mayer

Por:  Andrés Paniagua

Si como habitantes temporales o permanentes de un espacio nos detenemos a meditar sobre el espacio mismo, lo más probable es que apenas alcancemos a rescatar pequeños destellos en medio de la totalidad. La memoria, afirmaba Doris Lessing, no es fija, se desliza quizá de la misma manera en que lo hacen aquellos detalles que hacen a un lugar memorable. En honor a eso: aquí una lista de las piezas (detalles) esenciales en un recorrido por el Franz Mayer.

1. Santiago a caballo

La figura de Santiago como objeto de culto católico tiene origen en la Alta Edad Media; sin embargo, es durante el periodo de la reconquista de la Península ibérica que es tomado como estandarte de la cristiandad. Según la leyenda, él descendió del cielo montando un caballo blanco, empuñando espada y escudo para socorrer a los cristianos en la lucha por expulsar a los árabes de España. A partir de este relato, el epíteto de Matamoros acompañaría al apóstol y santo.

Resulta curioso notar que durante la conquista de América, Santiago, figuró constantemente en varias narraciones bélicas, valiéndole el apodo de Mataindios.

La escultura está compuesta por dos partes: el jinete, cuya decoración resulta sumamente minuciosa —destacando, especialmente, el detalle del cabello y la barba, así como los elementos florales en toda la armadura—; el caballo el cual, en términos de ornamentación, resulta mucho más sencillo. 

2. Biombo con la Conquista de México y vista de la Ciudad de México

 Esta pieza es de aquellas de las cuales no hace falta hacer comentarios. Salvo los estrictamente necesarios:

Conquista de Mexico: “A. Entrada d Cortes y recibimiento d Mocthesa. B. Los Bergantines q hisieron los Españoles. C. Casa y balcon dond dieron la pedrada a Moctheza. D. Cue q estaba en la plaza d Mexco dond oi esta Palacio. E. Cue q estaba en S.tiago Tlatiluco dond Est. Oi la Ygla. F. Palacio de Mocthza u casas q son oi del Marques. G. Tesoro de Mocthza dond pegaron fuego los inos. H. Quando se salio Cortes côn sus soldados en la Noche Triste. I. Calzada de Guadalupes por donde entraron los Españoles y los indios de Tlaxcala en su fabor.”

Por cierto, el Hospital de San Juan de Dios —hoy museo Franz Mayer— aparece retratado en el biombo (vista de la Ciudad de México, cuarta hoja de izquierda a derecha).

3. Modelo anatómico de mujer gestante


Sabemos que el cuerpo, los cuerpos, son mutables. No solo se transforman en términos biológicos, sino en términos culturales, históricos, políticos, estéticos, etc. Esta pieza permite, precisamente, notar lo anterior: empezando por las imprecisiones anatómicas y terminando en el entendimiento de lo humano como “cuerpo”, la creación de artefactos de este tipo responde a la necesidad médica de conocer el organismo. Si bien la prohibición eclesiástica sobre la disección de cadáveres había sido superada hacia el siglo XVII, la controversia acerca del tema llevó a desarrollar otros métodos para estudiar la anatomía humana, entre ellos los modelos a escala.

La pieza albergada en el Franz Mayer está fabricada en marfil y, gracias a clavijas, posee movilidad en los brazos, detalle característico de las piezas fabricadas en Alemania, Francia e Italia durante el siglo XVIII.

4. Retrato de india cacique

 En la Nueva España resultaba común realizar retratos de las jóvenes que ingresaban a conventos. Generalmente, suelen ser más conocidas las pinturas en las que se representan a las protagonistas ataviadas con hábitos religiosos y adornadas con flores, joyas, etc. Este, sin embargo, ilustra a Sebastiana Ynes Josepha de San Agustin (futura monja) vestida a la moda de la época; hecho interesante ya que nos permite aproximarnos al gusto del momento y, específicamente, apreciar un vestido mestizo compuesto por un huipil indígena con accesorios occidentales y orientales (perlas, seda china).


5. Jarrón

Ya con anterioridad he comentado acerca de la importancia de la mercancía oriental en Occidente. Aún hoy resulta sencillo entender —o incluso sentir— la fascinación por lo exótico, lo diferente, lo ajeno. Es por eso que quizá, el tema con el que está decorado este jarrón resulte terriblemente familiar para nosotros occidentales: ramas, botones florecientes y pétalos de cerezo se extienden sobre un fondo azul que busca reproducir el deshielo al inicio de la primavera.

6. Ropero

La necesidad racionalista de esquematizar el pensamiento, y por lo tanto la vida, llevó a la introducción de objetos tales como los roperos.  Y es que antes de la aparición de este tipo de objetos se acostumbraba a guardar las pertenencias en cofres y baúles, lo cual no permitía optimizar el espacio ni regular los objetos de manera eficaz.

Como pieza, este ropero es una pieza sumamente interesante: la madera embutida que recubre las hojas da las puertas, el perfil mixtilíneo en la parte superior del mueble, logran hacer una pieza dinámica y ricamente decorada.

 7. Coco Chocolatero

 

La ampliamente difundida costumbre de beber chocolate potencializó la fabricación de utensilios específicos para dicha actividad. Las nueces de coco —las cuales funcionan como cuenco— solían ser decoradas con todo tipo de motivos esgrafiados, además se les añadían labores de plata, lo que les permitía funcionar como taza.

La montura de este coco se encuentra decorada con anillos dispuestos en disminución hacia la parte alta; el pie conecta con el anillo superior adornado con elementos florales. Las asas que permiten tomarlo para beber se configuran, también, a partir de motivos vegetales.

8. Capa pluvial 

 

El uso de este tipo de textiles se remonta al siglo X: como objeto práctico, su función era la de proteger al sacerdote de la intemperie, además de ser ornamento durante la ceremonia.  Por otro lado, como objeto que forma parte de un ritual, solía utilizarse para pedir lluvia y propiciar la cosecha.

La capa aquí ilustrada presenta un diseño primitivo: grandes flores azules, tallos ondulantes sobre un fondo de plata; el capillo —pequeño gorro que tras perder su función práctica se transformó en una suerte de escudo— cuelga sobre la espalda sujetado por broches de plata lleva en el centro un sol bordado en “oro llano”.

9. Urna eucarística

¿Por dónde empezar? Bastará mirar la pieza para notar el detalle con el que ha sido labrada y decorada. El motivo central foliáceo se extiende simétricamente, a través de cada uno de los lados, culminando en flores explayadas.

Como remate aparece la figura del arcángel Miguel matando al dragón. 

10. Garrafa tipo “Irish decanter”

 Esta bella pieza de cristal posee decoración grabada a rueda y dorada a fuego figurando una guirnalda floral prendida a otra cenefa también floral. Sobre los espacios libres aparecen pequeños ramitos y estrellas. De los materiales más antiguos, y que están más vigentes que nunca, el cristal y el vidrio tienen cualidades concretas que los ha hecho permanecer a través de los años: "Primero, en sus valores prácticos, de cierre que aísla del exterior y permite a la vez el paso de la luz. Después, en sus valores estético-simbólicos, en cuanto que puede ser también soporte iconográfico, aunque de signo muy especial, que, a diferencia de cualquier otro, se valoriza por <<el paso de la luz a su través>>, lo que conduce hacia otros significados simbólicos fundamentados por su luz y color y en el aspecto preciosista de <<brillante joya>> que ofrece"[1].

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Referencia

[1] María Isabel Álvaro Zamora. “La vidriera”, en Gonzalo M. Borrás Guali et al., Introducción general al arte. Arquitectura, escultura, pintura, artes decorativas, (Madrid: Istmo, 1996), 344.

 

REFERENCIAS:
Museo Franz Mayer

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