Algunas anotaciones sobre el corazón de México: el Centro Histórico

Lunes, 27 de enero de 2014 10:40

|Ana Maria Herrera

Después de casi 700 años de historia, México es una de las concentraciones humanas más grandes e importantes del planeta. El relato de la urbe es entonces complejo; a pesar de todos los conflictos característicos de un país como el nuestro, es importante ser conscientes de los numerosos lugares con una arquitectura que merece ser tomada en cuenta. El arquitecto mexicano Ricardo Legorreta Vilchis (1931-2011), actor principal en el diseño del rostro actual de la ciudad de México, opina detalladamente sobre varios puntos de la misma, como el Zócalo Capitalino, a través del libro Tras los pasos de Ricardo Legorreta, escrito por Ana Terán en 2012.

El hecho de que cada uno se enfrente diariamente a múltiples dificultades es prueba de que nuestra ciudad nos ha hecho capaces de sobrepasar cualquier reto de manera creativa y tenaz al encontrar siempre una solución. El arquitecto Legorreta fue autor de varias edificaciones características de nuestra ciudad que vale la pena apreciar.

Según Ricardo Legorreta, el Centro Histórico sigue siendo el corazón de México a pesar de que ya no representa el núcleo único tras la explosión desmedida de la ciudad durante el siglo XX. En efecto, un territorio como el nuestro no puede tener sólo un centro. En todo caso, el Centro Histórico mantiene todavía ciertos aspectos constantes de lo que en años pasados fue. Es una joya patrimonial que refleja la riqueza y complejidad de la historia que da muestra hasta el día de hoy nuestras raíces.

centro historico
La Plaza de la Constitución puede ser vista como la interpretación mexicana de la plaza española. No obstante, las dimensiones de la Plaza de la Constitución (195 x 240 metros) son más similares a las explanadas de Tenochtitlán. El suelo de la Plaza, colocado en 1950, es de concreto negro, diseñado para acoger actos públicos masivos. Es impresionante saber que el concreto del Centro Histórico ha permanecido igual durante más de seis décadas. 

plaza de la constitucion

La Catedral Metropolitana fue construida en más de dos siglos. Entre los elementos de su fachada destacan las dos torres geminadas, al igual que la belleza del Sagrario churrigueresco que la elevan a la categoría más alta de la arquitectura novohispana en el continente. Las balaustradas y esculturas de Tolsá que se encuentran en la parte central de la fachada, al igual que las rejas de hierro, verifican este hecho. 

catedral metropolitana

El Palacio Nacional, situado al costado oriente del Zócalo, simboliza el poder que resguarda tras sus puertas. En su origen, la fachada barroca de dos pisos se limitaba al uso de piedra caliza y, cuando se añadió la tercera planta, a principios del siglo XX, el tezontle que cubría la fachada del último piso del edificio pasó a cubrir el segundo piso de éste. En vez de dañar el edificio, la adición de una tercera planta acentuó la importancia que los palacios y casas coloniales conceden al patio trasero. Además de preservar la fachada y el patio trasero, también conservó las escaleras de la Emperatriz, después ornada por los murales de Diego Rivera que se prolongan por el corredor del segundo piso del Patio Central.

palacio nacional


El Antiguo Palacio del Ayuntamiento no es auténticamente colonial, fue de hecho reconstruido en el siglo XVIII sobre lo que quedaba del antiguo edificio. Aunque remodelado en el siglo XX, el edificio conserva la tradición de patios traseros y de escaleras amplias y similares a las del Palacio Nacional. Al ver su fachada, destacan dos torreones, que a diferencia del acento central del Palacio Nacional, a eje con balcón presidencial y el asta bandera de la plaza, obedecen a la necesidad de rematar la esquina del Zócalo. Se considera acertado que el edificio haya sido conservado y que el techo-jardín haya sido abierto al público, ya que certifica que pertenece a todos.

Antiguo Palacio del Ayuntamiento
Por último, para conocer el Centro hay que andar a pie, recorrer las calles con el talón, meterse a un buen café, comprar un libro en las librerías de viejo, calmar la sed con pulque, visitar los museos y caminar, caminar hasta no sentir las extremidades, para entonces, decir que vivimos la arquitectura desde dentro y rodeando los edificios a pies descalzos. 

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