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Cosas que aprendí cuando me rompieron el corazón en Tinder

16 de marzo de 2018

Cultura Colectiva

Parece que en el mundo digital es más fácil encontrar al indicado, pero recuerda, la vida no puede editarse y la realidad no se perfecciona con un par de filtros. Conoce la historia de Señorita Lechuga.




La siguiente es una historia real, no le pasó a la amiga de una amiga, le ocurrió a Señorita Lechuga.


El amor no es fácil y

sólo padeciendo de amor se sabe cuánto se ama. A nadie le resulta ajeno saber que, ante todo, el amor es un compromiso entre dos personas, pero no significa que la experiencia sea la misma para los dos involucrados. Está el amante y el amado, pero estos dos proceden de regiones distintas. Muchas veces, la persona amada es sólo un estímulo para todo el amor dormido que se ha acumulado desde hace tiempo en el corazón del amante y, de un modo u otro, todos lo sabemos, llegará el inminente, trágico y doloroso final.


El flechazo puede ocurrir en cualquier momento y en los lugares menos esperados: en el transporte, en el café, el la oficina, en el bar... hoy, gracias a la tecnología podemos hacer que ocurra mediante nuestras pantallas. Creamos personajes que, consciente o inconscientemente, moldeamos para atrapar a la presa y gracias a esto el amor se convirtió más en una cacería que en aquel sentimiento puro del que todos nos hablan.


Cualquier situación puede generar que, tentado por la emoción, la presión o la simple curiosidad, descargues una aplicación y comiences a hacer "match": total, ya muchos la han usado y parece que en el vasto mundo digital es más fácil encontrar al indicado, pero recuerda, la vida no puede editarse y la realidad no se perfecciona con un par de filtros... eso fue lo que descubrió Señorita Lechuga cuando decidió abrir su corazón en una aplicación:


Felicidades! ¡Tienes un nuevo match! O una historia de amor sin demasiado amor.

 

Me rehusaba a utilizar una aplicación para tener pareja pero hasta el momento he tenido historias de éxito: la tecnología al servicio del amor. 

 

Los hombres aparecen quizás en su mejor fotografía, sonrientes, musculosos unos, realizando algún deporte otros; algunos que buscan algo “nuevo” se muestran en pareja y comparten el por qué de una nueva búsqueda pese a su foto acompañado, quizá swingers pero ese es otro tema. 

 

Lo mío fue más sencillo, y alentada por un par de amigas  (esas que siempre te ponen al límite o buscan lo mejor para ti) decidí abrir mi cuenta. 

 

¡Bravo! Manos a la obra, a buscar una pareja. ¿Quién me dice que quizá por aquí encuentro al amor?, pensé. Una semana, rápido, a los siete dos hice "match". Él me gustó, yo le gusté, "vamos bien" me dije, como ese coach personal en que te debes convertir tú misma al hacer cosas por primera vez. 

 

El hombre en cuestión y yo organizamos nuestra primer cita: Encontrarnos en un parque lleno de niños y artistas que exponían su trabajo; llegué nerviosa y alegre por hacer algo nuevo en mi vida personal (siempre me han gustado los principios, están llenos de posibilidades). 



 Atento y atleta, no feo pero tampoco guapo, no hubo click. La noche antes me había imaginado que en esas citas uno conoce a la pareja en cuestión y se abalanza a los brazos de ese nuevo amor como si en ellos estuviera todo el futuro.

 

Eso no sucedió. Quizá sólo sucede en las películas. No se me puso la piel chinita, sus fotos de Tinder lo mostraban más musculoso de lo que realmente era. Y es que las fotos te hacen producir ilusiones. No era tan interesante ni tan platicador como lo había imaginado; no es que quisiera casi un galán de cine, quería alguien que fuera realmente como sus fotos, sin maquillajes, ni filtros. Un tipo honesto porque yo sí compartía mis fotos actuales, mis momentos naturales sin poses, ni construcciones artificiales. No hubo acuerdo, lo dejé irse cobijada por la esperanza de otro "match" en Tinder. 


 

 

Con un poco menos de esperanza, con la idea de que esto no llegará a más, llegué al segundo encuentro. Sin expectativas, acompañada de un amigo con el que hice un acuerdo: "Si ves que me toco mucho el cabello, mándame un mensaje y saldré rápido de ahí; querrá decir que no estoy a gusto y que de nueva cuenta el hombre en cuestión no me gustó". Después mi cabeza llena de dudas, pensó en la posibilidad:


 



A una serie de cuestionamientos como estos se enfrenta una al usar Tinder o cualquier aplicación para encontrar el amor. Pero una vez más fui mi propio coach, ayudada también por mi mejor amiga, quien siempre me quita las telarañas mentales, y de nuevo me lancé a la conquista. 

 

El segundo intento sí fue exitoso. La magia de la plática se hizo presente en nuestro primer encuentro. Un joven poco alto, expresivo como ninguno, con unas manos grandes que al hablar me daban ganas de tomarlas. Una vez y luego otra y otra y otra vez más volvimos a vernos. Aquí sí hubo click, lo que no hubo fue el ingrediente del quizá anhelado amor verdadero; pero sí hubo disposición de ambos lados para conocernos, aunque todo mi cuerpo temblara de tristeza cuando todo se acabó. 

 

Tuve la certeza y el aplomo para comenzar de nuevo, con los ingredientes necesarios para iniciar una relación: la disposición de la búsqueda, la apertura al amor, al conocimiento del otro que está fuera de mí, la voluntad de darme como soy sin dejarme llevar por el miedo que me inmoviliza en cuestión de relaciones casi todo el tiempo.

 

 Y aquí estoy a unos días de terminar el 2017, con mi aplicación de Tinder abierta y ¿por qué no? abierta a querer como se quiere siempre a los grandes amores, como al primero y como al último en esta historia de dos. 



***



Ahora ya lo sabes, el amor no es fácil porque

es cosa de dos, así que cuando las cosas no resulten, no culpes a nadie.


Señorita lechuga es un dúo conformado por Yolanda Morales y Andrea Chavarín, juntas cuentan sus historias a través de frases e ilustraciones llenas de fuerza, amor, desamor, valentía y coraje. Aprendieron que para el amor, propio y compartido, se debe ser valiente, así que se repiten una y otra vez el mantra: "Se cae, se levanta, se sacude el polvo y se vuelve a enamorar. Sin resentimientos".


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TAGS: Amor Relaciones de pareja
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