Una mujer que disfruta ser la tentación del demonio. Satanás dijo que se la comería esa noche y, en efecto, tuvieron sexo.



Esta era la premisa del sexy fumetti. Si no sabes exactamente qué es esto y por qué hace alusión al sexo, a lo erótico y a los monstruos, es porque no has visto Drácula.



Christopher Lee era el monstruo ideal: violento, malvado, sanguinario y tétrico, pero también era sexy, atractivo y seductor. Cuando Terence Fisher se dispuso a dirigir el filme basado en la novela de Bram Stoker, eligió a Lee para que el personaje fuese mucho más aceptado por la crítica, fanáticos y puristas del cine. Eran los cincuenta y la liberación no se vislumbraba. Sin embargo, luego de que el Conde Drácula de Lee se abriera la camisa y mostrara el pecho sin ningún problema frente a una aterrada mujer a la que pretendía morder para transformar en vampiro como él, se abrió la puerta para que todo aquel que tuviera deseos sexuales reprimidos los dejara salir.




Para lograrlo no bastó con películas como las de Fisher, sino que nació el sexy fumetti, corriente de ilustración que se enfocó en cómics para adultos cuyo tema central era la violencia, la agresividad, el erotismo y las prácticas sadomasoquistas. Es mucho más explícito de lo que te imaginas y si no lo crees, puedes hojear El libro vaquero para darte cuenta de que las ilustraciones ahí presentadas encajan perfecto en aquella corriente.




Sin embargo, hubo alguien que además de ser precursor de esta corriente, introdujo los elementos propios del horror cinematográfico y claro, abrió más la brecha del erotismo. Su nombre era Alessandro Biffignandi, quien con cientos de ideas en la cabeza plasmó en cuentos, novelas y pósters escenas explícitas de lo más bello de una mujer y de un demonio, así como de lo más demoníaco y vil de ambos seres.




Si ves al menos una de sus ilustraciones entenderás que una mujer es capaz de entregarse al demonio por el simple hecho de encontrar placer en aquello que es prohibido, ya que desde siempre se ha mostrado a la mujer y su sexualidad en forma de cuerpos desnudos, piernas largas, labios rojos y uñas largas; no obstante, los hombres que les proveen de sexo y diversión son seres igualmente atractivos y llenos de testosterona, como en el Libro vaquero, pero en los dibujos de Biffignandi predominaban los monstruos, tales como los vampiros, las momias, los zombies y el propio Satanás.




¿Cómo no habría de poner a Lucifer y sus secuaces como dadores de placer si la tarea principal de estos seres demoniacos es hacer que el mundo caiga ante la tentación y el pecado? Es por ello que las mujeres libres y seguras de sí disfrutan de ello. Les divierte ser la tentación, el motivo para pecar y la causa de diversos crímenes por simple deseo. Por ello, estas mujeres en éxtasis son la representación de aquella nueva era del erotismo, mismo que estaba representado por la liberación femenina y la libertad de creencias, por lo que ver a una mujer siendo besada por el demonio era un combo capaz de protestar contra lo establecido de manera más profunda y directa.




De este modo, las ilustraciones correspondientes al período sexy fumetti se volvieron parte de la vida diaria de los adultos cuya fascinación por el horror, la ilustración y el erotismo se desbordaba en cada uno de los cómics que se presentaban. Además, tomando un poco del expresionismo alemán que gracias a sus juegos de sombras, la combinación del claroscuro y la puesta en escena de personajes fuera de lo común, artistas de la talla de Biffignandi crearon su propio modelo artístico que sirvió para deshacerse de algunos tabúes.




Es por ello que las ilustraciones aquí mostradas son el claro ejemplo de que las vanguardias y corrientes siguen influyendo en el arte posterior y claro, en las formas de expresión que permiten —en su mayoría— exponer las ideas que se contraponen a lo establecido. Así que Alessandro Biffignandi no es más que un expositor del erotismo que reinó la mente de la sociedad de los 70 y 80 pero que, por censura y (falsos) valores, se encontraba oculta. Él falleció en 2017; sin embargo, hasta el día de su muerte siguió pintando y recreando escenas sexuales y llenas de deseo que más que ser una provocación, se convirtieron en fetiches y material sensual que hasta la fecha continúa siendo inspiración para los fanáticos de los demonios, el erotismo y el goce.