12 ilustraciones de Alfonso Casas para entender cómo vive el amor un hombre

Sábado, 10 de febrero de 2018 14:07

|Rodrigo Ayala Cárdenas

«Por suerte, no todo lo que dibujo habla de mí. No habría corazón que soportara tanto drama».





Jamás fui criado con la idea de que llorar fuera cosa de niñas....


Si durante mis juegos infantiles me pegaba y me dolía mucho, lloraba. Si algo me parecía injusto, expresaba mi pesar llorando como cualquier otro niño pequeño. Si por causalidad me topaba con una película cuyo final me llenara de angustia, lloraba. Sin embargo, no lo hacía de manera lastimera o patética: sólo utilizaba las lágrimas adecuadas sin afán de causarle pena o lástima a otros.


Crecí, maduré (supongo) y dejé de llorar durante varios años. Nada me conmovía; me volví un témpano de hielo. Ver a otros y otras llorar me provocaba risa y desprecio. Así fue hasta que llegaste a mi vida y me enseñaste el significado de llorar por amor. Lloraba de felicidad cuando todo nos iba bien y lloraba de angustia cuando me decías que dudabas acerca de tu amor hacia mí.



En efecto, fuiste magia y tu truco final fue desaparecer. Te fuiste en sus brazos, en su carro último modelo, en sus promesas que fueron más creíbles que las mías, te fuiste como parte de su afán de humillarme y mostrarse como el ganador de tu corazón. No sólo fui humillado por él, sino también por ti cuando me dijiste que era tan buena persona que querías que quedáramos como amigos.



Me diste tardes de besos espaciales, noches de sexo alucinante y palabras de efecto tranquilizante. En resumidas cuentas, me hiciste creer que el amor a tu lado existía y mis lágrimas cayeron como océanos desbordados cuando me di cuenta de la mentira de tus promesas. Fuiste el líquido que llenaba mi corazón de falsas expectativas y me impedía ver que más arriba había un universo por descubrir.



Tras varias tardes de llorar y sentirme melancólico por tu maldito truco de magia, cierto día encontré una ilustración de un ser diminuto caminando entre gente gigantesca. El simpático hombrecito de barba roja y andar seguro tenía un mensaje muy claro para mí justo cuando más lo necesitaba…



La ilustración estaba firmada por Alfonso Casas, artista español que se ha vuelto muy famoso en redes sociales gracias a su personaje Dani, un tipo que como yo y otros hombres (como tú) viven un viaje de aprendizaje por las desgracias del amor. Su estilo se ha vuelto totalmente reconocible y altamente apreciado por miles de lectores que acuden a los relatos de Dani para hallar una respuesta al misterio de las relaciones personales.



Casas suele usar no más de dos o tres colores (negro, blanco y rojo principalmente) en sus ilustraciones que dan la impresión de estar inconclusas, como si fueran apenas bocetos de una idea primaria. Esto es parte de un estilo que se basa en lo visual pero también en el mensaje escrito que termina siendo la parte fuerte de su discurso. El artista afirma en una entrevista concedida al diario El País:


«Lo increíble de un tema tan manido como el amor es que siempre hay un punto de vista nuevo, siempre hay una cara del prisma que no habías contemplado. Se ha escrito mucho sobre él, y siempre hay una nueva perspectiva. Y, a la vez, todos hemos pasado por lo mismo, y todo está inventado. Creo que ahí radica su grandeza».



No siento especial devoción por mí ni por otras personas, aun cuando reconozco el talento de mujeres y hombres que hacen cosas sorprendentes con sus manos y su mente. Alfonso Casas se ganó mi respeto y admiración con su discurso claro, pero también poético, y con su capacidad de abrir su alma para que otros encontráramos el alivio ante los estragos de un amor no correspondido (del tipo de los que arrancan tu corazón y lo dejan muriendo lentamente en las manos del otro).



Aprendí, gracias al estilo de Casas, sobre la simpleza y la complejidad propias del amor. Su estilo en viñetas es directo, sincero y concordante con las múltiples maneras en que se vive una relación; sin embargo, su mensaje es tan profundo como los sentimientos de una pareja. «Aunque como ilustrador trabajo con diferentes estilos, empecé con este mundo de las libretas porque cuando trabajaba por cuenta ajena tenía más ideas que tiempo para llevarlas acabo. Es entonces cuando surgió este estilo, mucho más directo (que no sencillo), con una frase y un dibujo que se complementaban y le daban más fuerza a la idea».



Este joven que pasó de trabajar para otros a dedicarse en exclusiva a sus creaciones freelance y hacer libros con sus ilustraciones en plena era virtual, tiene la gran virtud de crear un lenguaje universal con el que mujeres y hombres se identifican de inmediato: «Por suerte, no todo lo que dibujo habla de mí. No habría corazón que soportara tanto drama. Mi trabajo habla de lo que me pasa a mí, a mis amigos, a ti o a cualquier persona que lea esta entrevista. Muchas veces nos sentimos incomprendidos cuando hablamos de amor, y en realidad todos acabamos pasando por lo mismo».



Alfonso Casas usa como material principal para su arte rotuladores sobre hojas o cartulinas. Esto le es suficiente para completar un discurso sensitivo, que incluso se amolda a público de todas las edades. Esa capacidad de conexión en definitiva me hizo caer en la cuenta de que no era el único diablo que se había sentido engañado y devorado por las mentiras de otra persona. Una vez que revisas sus creaciones, una sonrisa conspiratoria se dibuja en tu rostro y te dan ganas de agradecer a este tipo su capacidad de resumir en pocas líneas todos los tragos semiamargos del amor. Incluso te hacer ver que las lágrimas pueden ser un antídoto sabroso para sentir la vida recorriendo tus venas.



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Epílogo


A veces, el amor y su "evolución"se podría resumir de esta manera:



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A pesar de esta negra crónica no puedo decir que el amor verdadero no exista. Afirmar algo de manera tan absoluta sería una estupidez mi parte. Por ello te invito a que veas estas ilustraciones que te harán suspirar al darte cuenta de las verdades del amor auténtico. y todos los detalles cotidianos que lo rodean.


Rodrigo Ayala Cárdenas

Rodrigo Ayala Cárdenas


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