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Ilustraciones del amor, la soledad y las fantasías de una mujer cósmica

Diseño Ilustraciones del amor, la soledad y las fantasías de una mujer cósmica

Ileana Rivera retrata un lado honesto con el que es imposible no relacionarse. Las fantasías de su trabajo recuerdan a las noches de soledad y a los momentos más puros de la vida.



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«Es una exploración. Está hecha del espacio exterior. Y sus labios son como el borde de la galaxia. Y su beso el color de una constelación cayendo en su lugar». La voz de Alex Turner de los Arctic Monkeys describe con inocente sensualidad una figura imaginaria de un pequeño romance travieso que se origina en el Universo. Pocas personas pueden crear una imagen así de sencilla pero dulcemente compleja. En pocas palabras nos lleva al espacio, nos sugiere que el amor es real y aún podemos jugar a creer en él.


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De esa forma funcionan las ilustraciones de Ileana Rivera: retratos simples de una imaginación surrealista que se asemeja demasiado a las fantasías que podemos tener recostados en la cama o escuchando un álbum melancólico que nos haga separarnos del cuerpo y llevándonos hacia otro lugar —así sea uno lleno de estrellas y de deseo—, uno en el que nos observamos y deconstruimos lo que somos hasta descubrir qué es lo que nos hace ser nosotros o lo que queremos del Universo.


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«Una exploración». El trabajo de la joven mexicana absorbe influencias de las creaciones occidentales, creando retratos minimalistas cuya carga se encuentra en la sutileza de las expresiones y en cada una de las líneas que conforma a sus personajes, que a su vez son reflejos de su personalidad; autobiografías que retratan su pensar en aquellas noches de cama mirando hacia el techo en las que el recuerdo del amor o de sus complicaciones personales llenan su mente sólo para deslizarse por su mano, escapando en los dibujos.


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Sus obras son el claro ejemplo del propósito del arte. No crear buscando una respuesta, sino simplemente expulsar lo que vive dentro de nosotros, en fantasías, en frases sobre el espacio exterior, amores perdidos en la luna o aquello que hace que nuestros brazos se sientan débiles y deseen abrazar a alguien a quien añoramos. Es aquello que nace cuando nada logra el llanto y sólo el movimiento de la mano o de la boca nos permiten purgarlo, dejarlo afuera; como si se materializara en la realidad.


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Quizá por eso a veces algunos nos hacemos adictos al aislamiento y a sentir melancolía. Es como si aquél sentimiento de dolor se convirtiera en placer y fuera inevitable sentirse abrumado por ello, para después crear algo o tener un sentido más romántico de las cosas. Aceptamos la soledad, buscamos el amor dentro de nosotros y viajamos hacia las estrellas para regresar con una y mostrarla al mundo, orgullosos de nuestro descubrimiento.


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Si existe algo que conecte a las ilustraciones, es la emotividad con la que se expresa la ilustradora. Sin necesidad de insertar una palabra (o incluyendo menos de siete) crea una emoción única, una melodía que se transporta a través del ser y nos hace buscar el desamparo, pues es en ese espacio en el que realmente podemos ser libres y honestos; no existe un escenario dónde actuar y no queda más que despedazarnos para recordar lo que somos o definirlo en ese momento.


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Aunque sencillas y breves, las imágenes también parecen salidas de un cuento de hadas, pero uno situado en la realidad, como si la fantasía del País de las Maravillas se viera profanado por nuestro mundo y los pequeños detalles como las flores, raíces y estrellas son aquello que nos aferra a mantener la ilusión de la fantasía. Belleza, incomodidad, rareza, creatividad y brillantez mezcladas en un par de manos. Esa sería la forma de definir su creación.


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Las obras de Ileana Rivera resaltan porque no buscan parecerse a algo en específico o lograr una brillantez excepcional, como lo pretenden algunos artistas. Son honestas, sencillas y se atienen a los principios básicos de la creación: cerrar los ojos, dejar fluir las emociones, temblar y dejarse llevar. Sus trazos son inconscientes y van tomando forma así como una melodía avanza nota tras nota. Es como si un cohete espacial la llevara a otro mundo, la trajera de vuelta con una historia en una hoja de papel, lista para mostrarnos su ser.


Mira más de su trabajo en su Instagram.



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