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Ilustraciones de Lamiaa Ameen para recordar la historia de amor que tuvimos y me destrozó

16 de noviembre de 2017

Rodrigo Ayala Cárdenas

Flotaba sin esfuerzo alguno contigo a mi lado. Te convertiste rápidamente en el árbol bajo el cual encontré cobijo, fuerza y compañía con tus caricias, palabras y consejos.

La ciencia tiene la nefasta capacidad de echar a perder las ilusiones.


Muestra de ello, es cuando nos damos cuenta que el amor es un sentimiento con fecha de caducidad: a los cuatro años, aproximadamente, las personas dejan de sentirse terriblemente enamoradas y comienzan a dar a paso a la costumbre, compañía o amistad que sustituye los añejos sentimientos de la pasión absoluta que definían los primeros años de una relación. El amor se puede acabar cuando se cae en la monotonía, cuando el sexo deja de ser intenso o cuando llega una persona desconocida que roba la atención de alguno de los dos.

«
La peor experiencia que puede pasar el ser humano es el desamor, y entre más viejo será peor ese sentimiento, porque cuando se pasa por ese duelo se recuerdan todas las cosas que se han perdido en la vida
»,
indicó Georgina Montemayor de la Facultad de Medicina de la UNAM.


¿Cuántos relatos no hemos escuchado acerca de parejas que después de un romance eufórico cayeron en la más completa de las desgracias? ¿Cuántas veces no hemos sido testigos de una mujer que es engañada por su hombre o viceversa causando una profunda desazón en el que se queda solo y a la deriva de sus emociones? Tenemos una de esas historias contada a través de las ilustraciones de la diseñadora gráfica

Lamiaa Ameen quien da un repaso por la amarga experiencia de la sequía del amor más puro y verdadero:


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El enamoramiento



Sí, volé por encima de los rascacielos en cuanto te vi. Me dejé llevar por la música de mis deseos, por la melodía de tus ojos y la sinfonía de tus sonrisas. Flotaba sin esfuerzo alguno contigo a mi lado. Te convertiste rápidamente en el árbol bajo el cual encontré cobijo, fuerza y compañía con tus caricias, tus palabras y tus consejos. Sí, definitivamente volaba y tú eres el conductor de mis emociones más profundos y mis deseos carnales. 



Siempre me hacías sentir la mujer más ardiente del mundo. El más cotidiano de los objetos me recordaba a ti y le quería hacer el amor. ¡Llámame loca pero así es como me sentía! Nuestra pasión llenaba de música la ciudad entera y los gemidos que emitíamos al hacer el amor se escuchaban por todos lados. El día entero bailaba y bailaba y bailaba ciega de amor. 


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La consolidación



Me llamabas con amor
«
mi ángel
»
cuando despertábamos, cuando dormíamos, cuando hacíamos el amor en esas tardes púrpuras de domingo en que nos quedábamos en casa a ver películas sin que nos importara el mundo exterior. Nuestras danza era interminable, apasionada, éramos la envidia de todos los que nos veían llevar la vida perfecta. Era capaz de dibujar a la perfección cada detalle de ti e imaginar que te transformabas en todo aquello que más amaba: una canción, un animal, una planta. Era mi mundo, todo se reducía a ti. 



¡Ah! Me trepaba en ti y volaba hacia lugares remotos, esos sitios con los que siempre soñábamos mientras dormíamos y que hacíamos realidad al despertar. Eras mi guardián con forma de ave, el hombre que me hacía sentir una mujer realizada y convencida de sí misma. Sentía cómo, todos los días, renacía de ti y para ti, emergiendo de tu interior mientras la ciudad entera observaba la pasión que nadie más ha vuelto a tener en la vida. Me cargabas hasta un infinito donde juntos descubríamos nuevas dimensiones de amor, lenguaje y compañía. Éramos astronautas de un navío galáctico al que nada podía destruir. 


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La decadencia



Comenzaste a comportarte como un depredador al acecho de mis errores; me acorralabas con mentiras, gritos y chantajes. Casi me destrozabas en lugar de armarme con tus caricias y palabras de aliento. Yo intentaba permanecer fuerte e indiferente, pero por dentro me caía en pedazos. Sentí cómo nuestra división comenzaba a hacerse más evidente con cada día que pasaba. Las palabras se fueron espaciando así como nuestros cuerpos. Tú, mi árbol de antaño, tenía las hojas marchitas. Comencé a ser una víctima de mis rencores, una prisionera de mí misma. La mujer de antes, tan segura de sí misma, comenzó a sentirse cada vez más débil, sin un rostro que la definiera.



Así es que comencé a alimentarme de mis propios miedos e inseguridades. A cometer un autocanibalismo en nuestra misma cocina sin que te dieras cuenta (tan ensimismado estabas en tus asuntos). Pasabas a mi lado sin verme, para ti comencé a ser insignificante, un mueble de más de nuestra casa, un objeto tan minúsculo que durante días no existía para ti. tu figura se agrandaba, se hacía más monstruosa conforme el amor se derrumbaba y se iba al carajo. Comenzaste a asquearme a tal grado que terminé vomitando todos los sueños que teníamos, esa galaxia de emociones que antes me habían hecho sentir tan especial. 


-

El limbo



Soy un alma errante, flaca, carente de todo si tú ya no estás presente. No tengo cuerpo, los muebles ni siquiera notan mi presencia. Estoy más muerta que todos ellos. He comenzado a desaparecer ante mis propios ojos. No queda nada en este cuerpo al que antes le hiciste el amor con tanta pasión. ¿Acaso te acordarás que esta mujer aún piensa en ti en la inmensidad de esta cruel ciudad llena de contaminación? Para olvidar este dolor he comenzado a deshacerme de tus pertenencias comenzando por los libros que escribiste y que son un recordatorio de dolor para mí. Cuando tus palabras hayan sido desechadas respiraré tranquila. Quizás en ese momento comience a sentirme un poco más completa. Tal vez un día vuelva a ser yo misma.



Y aunque no lo creas, ruego porque regreses... para que volvamos a reconstruir nuestros sistema solar plagado de sueños, alegrías y un amor infinito más grande que todos los monstruos del Universo.


-


El arte de Lamiaa Ameen revela una capacidad muy alta para crear ambientes de profunda introspección, surrealismo y melancolía. Su arte está claramente basado en las oscuras relaciones entre una mujer y un hombre, la cual propicia todo tipo de emociones: «A veces siento que los hombres socavan a las mujeres, y las hacen sentir más débiles quizás, o menos inteligentes, cuando técnicamente creo que somos emocionalmente más fuertes y más liberadas. Para el público, el hombre lidera la relación, cuando en realidad somos sobre todo nosotras y probablemente ni siquiera se dan cuenta».


Puedes conocer más sobre ella y su arte a través de sus cuenta de
Instagram
.


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Para entender lo que sienten los
corazones rotos
hay que profundizar más allá de sus venas y su sangre para lamer las heridas que hay en su alma. En medio del dolor todavía queda sitio para que un hombre explore todo
lo que le causa placer a las mujeres
y las reconquiste con semen, besos y amor verdadero. 

TAGS: Ilustraciones Diseñadores Diseño gráfico
REFERENCIAS: Cairo Scene

Rodrigo Ayala Cárdenas


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