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DISENO

Ilustraciones de todo lo que hacen las parejas

El ilustrador Myung Min Ho plasma lo dulce y noble que son las parejas que durarán para siempre.

Cuando mi abuelo vivía, nunca soltó la mano de la abuela. Hasta su último día bailaron el danzón que tanto les gustaba, caminaron por el parque a las 6 pm contemplando la puesta de sol, entraron a la iglesia a mirar las figuras y se dieron un beso de buenas noches. Una mañana él ya no la saludó, no se movió, ni respiró. Se fue para siempre.

La abuela, como todas las mujeres abandonadas, lloró por meses. Le gritó a la almohada y durmió abrazada a su fotografía. Guardó su perfume, le escribió notas y usó su pañuelo, pero sabía que por más que pataleara en el suelo, él nunca iba a volver. El amor de su vida se había ido para siempre y ella se empeñaba en irse con él. No obstante, una tarde entendió que sólo si se quedaba aquí podría ver crecer a sus nietos, consentir a sus hijos; pero sobre todo recordar lo que en vida el abuelo le dio: amor incondicional. Así que con mucho dolor aún y las agallas puestas sobre su falda salió a caminar a las 6 pm para ver el atardecer como solía hacerlo con él.

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Al día siguiente se preparó para salir. Mientras tomaba su bolso y las llaves, se quitó el delantal para dejarlo en el sofá, donde se sentaba el abuelo, y recordó cuando él se hacía cargo de los deberes del hogar mientras ella salía a respirar el aire fresco para despejar su mente de los niños, de las labores diarias y del cansancio de la casa. Él la despedía con un beso y un guiño que la deshacían por dentro.

Mientras caminaba con una lágrima colgando del ojo, se detuvo frente a una banca en la que se tomó unos minutos para descansar. En ese lugar sus manos se entrelazaban mientras veían pasar a las personas. No necesitaban nada más que un abrazo y saberse cerca. Podía haber una guerra en ese mismo momento y ella sabía que estaba segura en los brazos del abuelo. Nunca la soltaría.

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Ahí permaneció unas oras esperando una señal, lo que fuera... nunca llegó. Pero el abuelo era indescifrable en impredecible. Cuando parecía que él subiría, en realidad bajaba; cuando quería decir “sí”, terminaba por negar la situación y cuando ella creyó que le aburría, él la besó y le hizo saber que era la mujer más interesante que había conocido. Sacándole la sonrisa más genuina y bella que pudo esbozar.

Con esa misma sonrisa regresó a casa para dormir y resignarse a una noche más sin él, hasta que vio a un vendedor de rosas. A él le encantaban, de hecho el rosal que adornaba su hogar estaba muriendo desde que él se había ido. Pero ella le llevaba una muy frondosa flor que se veía tan viva como el amor que le tenía, justo como aquella rosa que él le dio cuando su amor se hizo realidad.

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Las flores siempre fueron su afición y las mantenía vivas por ella, por la abuela, porque le recordaba que debía tenerlas en un buen estado como su relación. Cómo olvidar todas esas macetas afuera de su casa adorando el paso con flores de todo tipo y miles de colores, hoy ya no están ahí, ni siquiera se asoma la mitad, pero las pocas que viven son una forma de representar las memorias.

Entonces, ya en casa, mirando la rosa bebió una taza de café en la que sólo podía percibir el aroma a amor, el mismo que emanaba él por las mañanas mientras platicaban sobre el día. Luego permanecían en silencio un minuto, dos o hasta tres horas sin ningún problema. El silencio también se disfrutaba a su lado.

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Y así se quedó mirando a la nada mientras una serie de recuerdos le invadía la cabeza y el corazón. Con el sabor de los besos en la comisura de los labios, los abrazos rodeando su cuerpo y el olor de su piel antes de dormir. La abuela tenía todo tan presente que parecía que podía verse así, joven, enredada en un abrazo interminable en medio de la banca del parque y con las mejillas sonrojadas por ser el primer gran amor de ambos.

Ese mismo sonrojo que invadió sus rostros en el primer encuentro entre caricias, los torsos desnudos y besos picantes que no fueron más que el fruto de un amor infinito que ni la muerte puede romper. A veces no necesitaban acciones, bastaba con una mirada al despertar o al dormir para saber que todo estaba bien.

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Las comidas eran la mejor parte del día, en especial con su salsa especial, misma que es tan necesaria en los alimentos como la presencia del abuelo en la casa.

Por lo general, antes de ir a dormir, bailaban una pieza de danzón o de cumbia. Combinaban sus cuerpos con tal destreza que parecía que el arte no estaba en las melodías, sino en sus cuerpos al compás de las notas. El arte estaba presente en su amor, no importaba si era una canción, un beso o un guisado.

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Se recostó y como pasaba desde que él partió, no pudo dormir, sólo conseguía llorar y sollozar por horas, hasta que llegaba la luz del día y debía levantarse. Pero ¿cómo no sentirse mal si el abuelo estaba presente hasta en el más mínimo detalle del hogar?

Se levantó a mirar fotografías y a derramar lágrimas que caían sobre cada imagen. Así se quedó dormida.

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En la mañana siguiente se despertó con la intención de desahogarse por completo y con el sentimiento atorado en la garganta le escribió una carta tan larga como lo duradero de su amor. En ella le decía todo lo que sentía desde que la había abandonado y cómo es que estaba aprendiendo muy lento a vivir sin él. Como es que la vida le ponía las pruebas cada vez más difíciles enfrente y la forma en que ella, desde lo más profundo de su corazón, trataba de superarlas... Algún día le daría esa carta.

Algún día volverán a encontrarse, él le dirá que la ama y ella le dará un beso que no se terminará jamás. Entonces caminarán juntos por la calle, se tomarán de las manos y volverán a ver la puesta del sol con todo y aves en el cielo, alejados del mundo, con el corazón latiendo a toda velocidad sabiendo que estarán así eternamente.

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El abuelo se fue, la abuela no puede dejar de llorar, pero sabe en el fondo de su corazón que algún día se van a encontrar y hallarán nuevamente consuelo en sus corazones. Se verán nuevamente a los ojos y se besarán sin temor a nada. Mientras tanto, las parejas eternas se quedan en el aire, demostrando que el amor nunca se termina, al contrario, simplemente se muda o se mantiene algo lejos. Pero prevalece por sobre todas las cosas, así como el de mis abuelos.

Si quieres ver más ilustraciones de amor, consulta la cuenta de Instagram del diseñador Myung Min Ho.

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No hay nada como vivir los mejores momentos junto a la persona que amas, incluyendo los ratos incómodos y los momentos que jamás dejarán de molestar a las mujeres.

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