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29 ilustraciones de momentos íntimos que no son sexo

9 de mayo de 2018

Alonso Martínez

Los momentos en los que haces que el mundo se vea como si fuera una película son en los que yo sé que realmente te amo y que no hay nadie más que tú.




¿Cómo era posible? Mirarte por primera vez y no querer más que tomarte de la mano y acompañarte a donde sea que fueras. Dejarme llevar, incómodo por la humedad de mis manos, hacia los caminos que nunca recorrí y que se convertirían en un nuevo hogar para mí. Deseé que el mundo desapareciera y nuestros caminos se cruzaran por casualidad para comenzar con un «Hola» y ver hacia dónde nos llevaba. Fue como verte en una película. Como si el personaje perfecto se materializara frente a mis ojos y fuera mi momento de entrar en el guión.




Lo que sucedió después fue una explosión. Todo sucedió como si fuera escrito por alguna de las novelistas románticas que, sin importar la época, le imprimen todos los clichés de la literatura a sus obras. La paleta de colores cambió y el rojo de tus mejillas comenzó a combinar con todo lo que te rodeaba. Platicamos, las palabras bailaron en el aire y entraron a nuestros oídos para atar nuestras cabezas y unirnos hasta que llegara el primer beso, el primero en una serie que después sería compilado en una escena de montaje tocando al ritmo de alguna de las canciones que me pusiste cuando fuimos a tu casa.





El cuento de hadas perfecto se hizo una realidad. Yo no merecía eso o al menos no todo eso. Fue tan perfecto que tenía miedo de que acabara en un instante y me diera cuenta de que todo era sólo una fantasía, porque así me enseñaron mis contemporáneos: «No creas en el amor, todo es complicado, terminarás destruido y con el corazón roto», pero eventualmente perdí el miedo. Llegué a la conclusión de que no éramos como los demás, que las pláticas sobre sexo y peleas no encajaban con nuestra historia y que quizá nosotros fuimos escritos para un público infantil, pero eso era lo más perfecto.




No necesité nada más que estar junto a ti. Incluso cuando se nos acabaron las palabras y dejamos de conversar sin parar, los pequeños gestos que compartíamos mientras dibujabas y yo escribía eran gritos que expresaban el amor y el placer de estar uno frente al otro. Si pudieran ponernos un apodo, hubiera sido, los Manic pixie dream kids, porque no éramos más que los personajes perfectos, hermosos y peculiares en un cuento que cada vez se hacía mejor. Cuando llorabas, te abrazaba. Cuando estabas feliz, hacía lo posible para empatar tu estado de ánimo. Si un cometa cayera sobre nosotros en ese momento, no me hubiera faltado nada.




Y es que no necesitamos nunca de nada más. Viajamos juntos, pasamos las tardes recostados e incluso cuando queríamos estar solos, podíamos estar uno al lado del otro sin hacer ruido y eso era suficiente. Cuando las dudas comenzaron a nacer, teníamos tanto miedo que no pudimos evitar decirnos lo que sucedía, sólo para terminar abrazándonos, asegurándonos de que nada nos iba a separar y que la elección que habíamos hecho era perfecta.



Bastaba verte sonreír para hacer desaparecer al resto y sentir en el pecho una presión que me recordaba que jamás iba a desperdiciar el tiempo contigo, que juntos intentaríamos mil cosas y guardaríamos esos recuerdos para cuando tuviéramos esta edad y rememoraríamos con amor los antiguos días, cuando éramos jóvenes. Hoy te miro igual, como si tuviéramos 25 de nuevo y te probaras la ropa frente a mí para saber si me gustaba o cantaras algunas de las canciones con las que me ayudabas a dormir cuando no podía.



Nunca pudimos tener hijos, pero no me siento mal por ello. Me siento afortunado de que todas las mañanas que te veo siento lo mismo que me hizo vibrar el primer día que te vi; no cualquiera puede hacer eso. ¿Cómo lo logramos? Quizá fue suerte, el momento, el destino, el esfuerzo, pero simplemente sucedió. Claro, no siempre fue perfecto, sin embargo, nada era tan fuerte como para alejarnos. Después de todo, éramos todo lo que teníamos y aún lo somos.



Qué bueno que fuiste tú, María. Que si hubiese sido algo más, nada de esto sería un recuerdo y la vida perfecta sería desconocida para mí. No te doy gracias a ti, sino a mis pies, que me forzaron a pararme frente a ti sin saber lo que pasaría después de ese «Hola». Nunca lo imaginé. No era de capaz en pensar de que la fantasía que tanto nos mostraban los artistas era real. Pero lo fue y no lo cambiaría por nada.


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Las ilustraciones de este texto le pertenecen a

퍼엉(Puuung), una ilustradora de Corea. Si quieres ver más de su obra, visita su
Grafolio.


TAGS: Amor de tu vida Ilustraciones Relaciones de pareja
REFERENCIAS:

Alonso Martínez


Editor de Cine

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