18 ilustraciones de cómo caí en la trampa de tu amor

Sábado, 16 de diciembre de 2017 13:19

|Diego Cera

Aunque muchos nos neguemos a verlo, es un a prisión de la que muy pocos quieren escapar; de hecho, es esa trampa en la que todos deberíamos caer por lo menos una vez en la vida.



¿Será que el cuento de la Caperucita no es otra cosa más que otra forma de retratar al amor? Autores como el chileno Triunfo Arciniegas apuestan porque sí, en su libro Caperucita roja y otras historias perversas, el escritor hace una revisión del cuento de los hermanos Grimm hasta llegar al punto en el que comienza una narración donde ella toma el papel de una niña perversa y el lobo pasa a perder los estribos a causa del amor que siente hacia aquélla que, en la versión original, pretendía ser su presa.





El relato de Arciniegas nos hace pensar en las múltiples posibilidades en las que se puede presentar el amor; una de ellas —quizá la más común—, la de presa-cazador, se ha convertido en la forma de amar más frecuente que ha cruzado frente a nuestros ojos en los últimos años y no, esta vez no nos referimos a un asunto de millennials, sino a un fenómeno que lleva décadas normalizándose sin que nos demos cuenta de ello.





Tal vez no nos hemos dado cuenta de ello, porque como cualquier manifestación amorosa, esta forma de estar con alguien se presenta de distintos modos dependiendo de cada pareja. Sin embargo, es un hecho que al menos una de las dos partes asume un papel de sumisión involuntaria; aquél que Octavio Paz llamó servidumbre voluntaria.





A pesar de que la literatura, e incluso la música, lo han explicado por todos los medios posibles, todavía hace falta que alguien nos dé una breve pista de lo que significa ser presa del amor de una manera más gráfica. Evidentemente, no es lo mismo escuchar un par de frases cursis que ver a los ojos a alguien que, en menos de un parpadeo, profesa amor infinito a su pareja. Si bien muchos son los que han intentado captar esa imagen, la española Sandra Cumplido lo ha logrado a través de sus trazos.





Por increíble que parezca, sus imágenes, más allá de construcciones complejas, se basan en líneas oscuras y colores que marcan el contorno de rostros melancólicos pero enamorados; los cuales, a pesar de sus semblante, no denotan tristeza sino esa esperanza propia de quien desea que esa sensación nunca termine y se prolongue el mayor tiempo posible. Después de todo, si amar es una especie de encierro, ¿quién no querría permanecer cautivo al menos una vez en su vida?





El arco de Cupido es el arma con la que alguien ha de cazarnos, el pecho y sus costillas son la jaula en la que quizá permaneceremos cautivos para siempre y los colores tenues que pueden emular acuarelas o trazos aleatorios con crayones son algo más que una declaración de amor. Cumplido los utiliza para firmar un acta definitiva en la que aceptamos, sin vuelta atrás, permanecer gustosos al lado de quien ha tomado posesión de nuestro ser; claro, siempre con la esperanza de que algún día nosotros también decidamos encerrarlo dentro de nuestro ser.





Con sus trazos, esta ilustradora ha hecho lo que, hasta ahora, sólo habíamos visto en algunas canciones. Mostrar al amor, violento por naturaleza, como uno de los sentimientos más nobles que puedan invadir nuestras mentes sin que represente para ésta una especie de peligro o herida futura. 


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Diego Cera

Diego Cera


Articulista Senior
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